En una conferencia de prensa en la Casa Rosada, molesto por la pregunta de un periodista sobre discrepancias del oficialismo con la jerarquía católica, el canciller Pablo Quirno dijo que “no hay diferencia fundamental entre Gobierno e Iglesia. Milei es el presidente argentino que más defendió públicamente el derecho a la vida, y que a nivel mundial habla de defender los valores fundamentales de la sociedad occidental judeocristiana”. Allí estaban presentes también el arzobispo Marcelo Colombo, presidente del episcopado, el arzobispo porteño, Jorge García Cuerva, y el nuncio apostólico (embajador del Vaticano), el arzobispo norteamericano Michael Wallace Banach. Este último, haciendo gala de su rol diplomático, tomó la palabra para agradecer al Gobierno por toda la colaboración prestada para la visita de León XIV al país.
La visita del papa Robert Prevost ya está produciendo efectos significativos en el escenario político y cultural de la Argentina. Por diferentes motivos, nadie se quiere quedar afuera del acontecimiento. Y si bien todos los involucrados hablan de gestos “de unidad” y de la necesidad del diálogo, fue García Cuerva quien deslizó que el solo anuncio y el proceso de preparación de la visita de León ya había producido un primer “milagro”: que “todos nos sentemos en la misma mesa; el gobierno nacional, los gobiernos provinciales y las autoridades del episcopado”.
Tuvo razón el arzobispo de Buenos Aires. Hasta ahora habría sido difícil imaginar un diálogo cara a cara de Karina Milei con el arzobispo Colombo, a quien Javier Milei nunca recibió desde que asumió la presidencia. Sin embargo, ese hecho existió y todas las informaciones coinciden en señalar que hubo cordialidad, espíritu de colaboración y hasta coincidencias en gran mayoría de los temas. Aunque también hay que decirlo, los diálogos estuvieron circunscriptos a los preparativos de la visita papal, la logística y las agendas. No en todo hubo coincidencias, pero se acercaron las posiciones hasta llegar a acuerdos.
En la mesa grande de la preparación, además de Karina –que condujo políticamente hasta aquí todo el proceso–, estuvieron también sentados representantes de los gobiernos de Córdoba, de la provincia de Buenos Aires y de la Ciudad. Lo que no logró la política, parece haberlo logrado el papa. Muchos se preguntan si, una vez que León siga camino a Lima, habrá posibilidades de continuar estos intercambios con otra agenda.
Y agregó que “nos estamos sentando en una misma mesa el Gobierno nacional y la Iglesia, debemos dejarnos interpelar por el discurso del Papa”. Pero a renglón seguido reconoció que “es verdad que hay muchas diferencias y no está mal reconocerlas. Creo que en ese sentido nos tiene que dar mucha paz el saber que hay temas en los que no coincidimos”. Siguiendo con el estilo que lo ha caracterizado en sus intervenciones públicas más críticas, el arzobispo porteño dijo que “el gravísimo error sería claramente ponerlo (al papa) de un lado o del otro lado de la grieta, empezar a achicar el mensaje con una mirada partidista y pensar que lo que dice se lo está diciendo al de al lado. Nos lo está diciendo a todos”, remató.
Es evidente que, tanto de parte de los obispos como del gobierno, existe la firme decisión de que la visita papal transcurra en la mayor armonía. Desde el oficialismo, quien más claridad tiene sobre el tema es la propia Karina Milei, quien percibió con claridad que, frente al enorme acontecimiento multitudinario que ocurrirá en las calles del país, sumado a la coyuntura poco favorable para el oficialismo, los libertarios no se pueden permitir errores que le terminen causando un daño al gobierno.
Por otra parte, también existe una incógnita acerca de los negocios que el gobierno puede llegar a hacer con la visita papal. Una de las colaboradoras más cercanas de Karina, Mara Gorini, está a cargo de varios aspectos de la organización de los eventos masivos. Ella quedó envuelta en la polémica y las denuncias de corrupción del exjefe de Gabinete, Manuel Adorni, porque la productora de su marido, Foggia Group, tenía negocios cruzados con MasBe, la consultora de Bettina Angeletti, esposa de Adorni.
En este caso, hay dudas sobre quién será el que se quede con la adjudicación de la transmisión oficial de la visita. Si bien desde la Iglesia respondieron a este diario que eso estará a cargo de la “transmisión oficial de Presidencia”, con la supervisión del Vaticano, dentro del esquema oficial, una productora llamada Recordvisión tiene una licitación adjudicada. Esa empresa es, a la vez, una de las socias de Media Hub, la productora vinculada al periodista Marcelo Grandío y al propio Adorni.
Los ojos del mundo estarán puestos en Argentina en esos días, y el gobierno no se puede permitir que la prensa internacional transmita una versión muy disonante con relación al “éxito” que Milei pregona en sus frecuentes salidas al exterior.
Para la Iglesia y para los obispos en particular, la visita pontificia es una ocasión para recibir un enorme respaldo, también en los reclamos de mayor justicia social que le reclaman al mileísmo, basados en la doctrina social de la Iglesia. Confían en que serán respaldados por León en cada una de las once intervenciones que el papa hará en los tres días que estará en el país.
El cardenal Rossi lo dijo, reafirmando que León, con su estilo y a su modo, viene a ratificar el legado de Francisco. “León ha pisado el barro de Latinoamérica, entonces él no habla desde un escritorio de allá lejos, sino que sabe de lo nuestro”. Y caracterizó al papa diciendo que “León es un hombre manso, que inspira paz. No es esa especie de Krakatoa, de volcán, que era el papa Francisco que nos hizo tanto bien. León es un perfil más manso, y creo que quizás los argentinos necesitamos mansedumbre”.
Rossi es un obispo claramente comprometido con la defensa de los derechos humanos, cercano a las demandas de los pobres y vulnerables. También conoce a León y sabe que, sobre un estilo diferente al que tuvo Bergoglio, sin embargo, su prédica no se va a apartar del legado del argentino que, en su momento, fue calificado por Milei como “el representante del maligno en la tierra”.
El discurso de Prevost en favor de la condena a la guerra, en favor de la paz, la dignidad humana y sus advertencias sobre el riesgo de la IA está lejos de coincidir con los dichos de Milei. Basta cotejar sus declaraciones con las del papa sobre estos temas.
Teniendo a la vista el programa definitivo de la visita papal, no habría que perder de vista que el primer encuentro formal de Robert Prevost en el país será con Milei en Casa Rosada. La agenda destina treinta minutos para ese diálogo. No se volverían a ver salvo que –algo improbable– el presidente decida mezclarse con la multitud en el Monumento a los Españoles, en Córdoba o en Luján.
El encuentro en el bautizado Edificio Libertad estará abierto a los políticos de todos los partidos y corrientes, sin restricciones. Allí estará también la vicepresidenta Victoria Villarruel, mal que le pese a los libertarios. Todavía hay preguntas de si para esa ocasión serán invitados también los expresidentes. Y, en ese caso, ¿qué pasará con Cristina?
Respecto de las palabras del Papa en cada acto, habrá interpretaciones diversas y el gobierno –como hace tantas veces– podrá no darse por aludido. Pero no podrá hacer lo mismo con los gestos de León: hacia las personas con discapacidad, con los privados de la libertad, con los trabajadores o con los pobres o excluidos de cualquier forma.
Serán tres días plagados de gestos y simbolismos no solo religiosos, sino sociales, políticos y culturales. En medio de movilizaciones multitudinarias poco vistas antes y en un tiempo en que toda manifestación masiva popular será seguramente pacífica, pero al mismo tiempo difícil de predecir y controlar. Y a esto teme tanto el gobierno como a los dichos y los gestos de León XIV.



























