Bullrich no cierra ninguna puerta, ventana o rendija electoral

Actualidad - Nacional21/08/2026

Si hay algo que está claro, es que Patricia Bullrich no cierra ninguna puerta. Pese a que en su entorno ya la bajaron hace tiempo de la contienda en la Ciudad de Buenos Aires, y para cargos nacionales solo le quedaría la vicepresidenta, la senadora no descartó nada. “Quiero jugar para que el país no vaya para atrás”, fue la frase que abrió interrogantes. Polisémica, Bullrich no adelantó nada, pero no bloqueó ninguna posibilidad. En Ciudad, quizás se esté uniendo a la estrategia de Karina Milei de sacar en recorridas a los ministros que podrían ser candidatos a enfrentar a Jorge Macri, si es que no hay un acuerdo. En términos del peronismo de los setenta (que Bullrich conoció bien), es pegar para después negociar. La jefa del bloque de LLA en el Senado también llamó la atención por un tuit que modificó y que, en su primera versión, parecía estar criticando las políticas económicas. En la Rosada se lo atribuyen a una mala redacción y no mucho más.

Bullrich coqueteó con la Ciudad en algún momento de este año, pero luego pareció dar un paso al costado. En su entorno, indican que ya no le interesan los asuntos municipales (se candidateó a jefa de Gobierno hace más de 20 años), sino los nacionales. Y que incluso se anota para candidata a presidenta, pero en 2031, después de un supuesto segundo mandato de Milei.

Pero todo eso no le impide a Bullrich jugar un poco al misterio. Cuando habla de “jugar”, ¿a qué se refiere? ¿A que una candidatura en la Ciudad, al final, no está cien por ciento descartada? ¿A qué podría ir como compañera de fórmula de Milei? O (la más improbable), ¿que se va a presentar a la cabeza de alguna lista legislativa, aunque el mandato no se le venza?

Bullrich juega al misterio. Deja abiertas todas esas opciones, y no se cierra ninguna a sí misma. Incluso hay quienes la ven como un Plan B (de Bullrich) si Milei sigue cayendo en las encuestas, pero de eso no hablará.

Por su parte, Bullrich señaló que a esta altura de su trayectoria no tiene “un lugar que prefiera especialmente” y recordó que ya ocupó cargos legislativos y ejecutivos, además de haber encabezado ministerios considerados “complejos”. Dijo que imagina las áreas en las que debería intervenir un gobierno porteño: habló de educación, habló de comercio. Pero que ella cree que si el objetivo es llegar a un acuerdo con el PRO, el candidato seguramente sea alguien del partido amarillo (es decir, Jorge Macri).

Sorprendió cuando dijo que tendría una charla con Cristina Fernández de Kirchner. Pero dijo que no tomaría un café con Máximo Kirchner porque lo considera “el guardián de una ideología fracasada”. También dijo que Juliana Di Tullio es la opositora con la que más se divierte.

Bullrich también llamó la atención con una intervención que hizo en X. “Lo que necesitamos es más velocidad en los resultados para que el cambio se sienta en la vida cotidiana”, afirmó en la última versión de su posteo.

Pero hubo una anterior. En ella, exigía que ese cambio también “llegue a las familias. Que llegue a las empresas. Que llegue a cada argentino”. Esas palabras, que podían herir susceptibilidades en la Rosada, fueron rápidamente cambiadas por otras, menos problemáticas. Nadie entendió si fue una crítica directa al equipo económico o simplemente un problema de mala redacción. Quienes la conocen, se inclinan por lo segundo.

En algunos medios amigables, buscaron evitar una controversia. Señalaron que no se diferencia de lo que viene haciendo Bullrich, que defiende al Gobierno en un marco general, y hace señalamientos cuando ve algo que puede dañar la marcha del oficialismo. El más notorio de los últimos tiempos fue su postura ante el Adornigate. Pero criticar la economía es criticar a Javier Milei, por lo que el tuit fue rápidamente enmendado.

Quienes quieran leer ahí una conspiración en la línea del Plan B, es cosa suya.

Por Werner Pertot / P12

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