Cuando los ingresos de quienes producen y de quienes consumen alimentos se deterioran, también cambia el destino de esa producción. El informe del IEF-CTA planteó que el menor consumo interno liberó excedentes que pueden orientarse hacia las exportaciones, incluso en sectores donde la producción no aumentó.
La consecuencia es un campo cuya riqueza se distribuye de otra manera. Los trabajadores que generan buena parte del valor agregado agropecuario pueden comprar menos carne, leche, pollo, huevos, frutas y verduras mientras, en distintos rubros, las exportaciones y la facturación externa crecen. Según el informe, actualmente "el campo produce lo mismo o más que antes, pero con salarios más bajos, que representan una parte mucho menor del precio de venta de los alimentos. Mientras que el empobrecimiento de las y los trabajadores urbanos, que dejan de comprar esa producción aquí, libera excedentes exportables de materia prima”, señalaron.
En definitiva, la paradoja de la Argentina libertaria queda expuesta en una escena tan cotidiana como difícil de explicar: quienes trabajan para llenar las góndolas y las carnicerías del país tienen cada vez menos posibilidades para llenarlas en su mesa familiar.






























