


Ganar menos y pagar más: cómo el modelo de Milei recarga el peso sobre salarios y consumo
Actualidad - Nacional15/08/2026

La promesa de bajar impuestos del gobierno de Javier Milei no alcanza a todos por igual. Un informe privado dejó en evidencia que la política implementada hasta ahora por la gestión libertaria agravó la estructura regresiva de la Argentina: una familia de bajos ingresos soporta una carga tributaria proporcionalmente mayor que otra que gana más del doble. Al respecto, el 50% más pobre destina más de un tercio de sus ingresos al pago de impuestos, mientras que el 10% más rico tributa apenas un cuarto de sus recursos. De este modo, la presión sobre gran parte de la sociedad ya es la segunda más alta de América Latina.


Lejos de tratarse de medidas aisladas, las rebajas en Bienes Personales, la reducción de retenciones, los beneficios fiscales para grandes inversiones y los sucesivos blanqueos forman parte de una misma orientación económica: aliviar la carga sobre patrimonios elevados, exportadores y grandes empresas mientras el ajuste se sostiene sobre salarios, jubilaciones, obra pública, provincias y consumo. El resultado es un esquema donde un hogar de menores ingresos soporta una carga equivalente a la mitad de su ingreso total y, de ese modo, paga 1,5 puntos más de impuestos que aquellos que tienen ingresos significativamente mayores.
Los que menos ganan soportan mayor carga
En Argentina, ganar menos no garantiza pagar menos impuestos. La estructura tributaria actual hace que los hogares de ingresos medios y bajos soporten una carga muy elevada sobre sus ingresos, en un escenario donde la política tributaria de la gestión de Javier Milei avanza en una reconfiguración del sistema para recortar lo que pagan los sectores de mayor capacidad contributiva. En contraposición, el peso recae más sobre el consumo y el trabajo.
En ese sentido, un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) calculó que, en lo que va de 2026, la carga tributaria formal equivale a alrededor del 50,0% del ingreso de una familia asalariada. A su vez, el dato más significativo aparece al comparar distintos hogares entre sí: el que menos gana soporta una carga tributaria mayor que los de mayores recursos.
En concreto, el documento planteó varios escenarios que incluyen a cuatro familias tipo -de cuatro integrantes- con un único trabajador asalariado formal. Los ingresos brutos mensuales considerados van desde $2.058.400 en el primer caso hasta $9.428.000 en el último. Es decir, el hogar del nivel más alto tiene un ingreso bruto 4,6 veces superior al del nivel más bajo. Sin embargo, esa diferencia no se traslada proporcionalmente a la carga tributaria: el primer caso, que es el de menores ingresos, queda por encima de todos los demás: paga 1,5 puntos más de impuestos que hogares que tienen ingresos significativamente mayores.
De hecho, la comparación es todavía más significativa porque el hogar de menores ingresos no paga Impuesto a las Ganancias. Ese tributo recién aparece en el tercer escalón, donde representa el 4,7% del ingreso total, y llega al 10,4% en el cuarto. Aun así, el primer hogar termina soportando una carga tributaria integral superior los escalones que le siguen.
Quiénes pagan la cuenta
La administración libertaria presenta a la quita de impuestos como uno de los pilares de su programa económico y, en términos agregados, la presión tributaria efectivamente pasó del 29,0% del PBI en 2024 al 27,6% en 2025. Sin embargo, esa reducción no significa que el sistema se haya vuelto más progresivo. Por el contrario, el propio informe privado mostró que la estructura actual hace que los hogares de menores ingresos soporten una mayor carga.
Sobre ello, la regresividad -que paguen más tributos quienes menos ingresos tienen- no aparece por casualidad sino que está vinculada con los dos componentes que tienen mayor peso dentro de la carga tributaria -impuestos sobre el trabajo y sobre el consumo- y con las políticas fiscales de cada gobierno en ese sentido.
Los datos analizados por los especialistas del IARAF, exhibieorn que en el primer hogar de menores ingresos los tributos vinculados al trabajo representaron el 33,0% del ingreso total mientras que en el cuarto, donde el ingreso es 4,6 veces mayor, esa proporción bajó al 25,6%. Si bien Ganancias introduce progresividad en el sistema, no alcanza para revertir completamente ese efecto. Es decir, el hogar de mayores ingresos efectivamente paga mucho más por Ganancias, pero al mismo tiempo paga una proporción bastante menor de su ingreso por impuestos al trabajo. Así, los aportes personales a la Seguridad Social pesan proporcionalmente menos cuanto mayor es el ingreso debido a los topes existentes: entre el caso de menores ingresos y el de mayores ingresos hay una diferencia de 7,46 puntos porcentuales en la carga por este concepto.

El otro gran componente es el consumo, donde la diferencia entre hogares es todavía más clara. El centro de estudios presupone que la familia de menor salario destina el 100% de su ingreso de bolsillo disponible al consumo. En los siguientes tres casos, la proporción baja al 88,0%, 85,0% y 81,0%, respectivamente. El margen de ahorro pasa así de 0% en el hogar de menores ingresos a 19,0% en el de mayores ingresos. Esa diferencia modifica directamente la carga tributaria: los impuestos indirectos que recaen sobre el consumo representan el 15,6% del ingreso total en el primer caso, frente al 13,7% en el segundo, 12,9% en el tercero y apenas 11,8% en el cuarto. En otras palabras, cuanto mayor es el ingreso y mayor la capacidad de ahorro, menor es la proporción de los ingresos que queda expuesta a los impuestos al consumo.
En lo que va de 2026, el hogar que menos gana continúa pagando proporcionalmente más que los dos escalones siguientes: los casos 2 y 3 del informe tienen ingresos totales 118% y 219% superiores al caso 1, pero soportan una carga tributaria 1,46 y 2 puntos porcentuales menor, respectivamente.
Por último, el resultado es una estructura tributaria en la que la reducción de la presión impositiva no necesariamente se traduce en un alivio proporcional para quienes menos tienen. Mientras los hogares de mayores ingresos cuentan con una mayor capacidad de ahorro y, por lo tanto, quedan menos expuestos a los impuestos sobre el consumo, los sectores medios y bajos destinan una parte mucho mayor de sus ingresos a gastos que sí están alcanzados por tributos. Así, la discusión sobre la “baja de impuestos” queda incompleta si no se incorpora su dimensión distributiva: el dato central no es solamente cuánto deja de recaudar el Estado, sino quién recibe el alivio y quién continúa sosteniendo, con su trabajo y su consumo, la mayor parte de la carga tributaria.


























