


Cómo el cerebro se reorganiza para aprender a funcionar en multitasking y qué impacto tiene en el aprendizaje
Actualidad01/08/2026

Durante décadas, la psicología cognitiva sostuvo que el cerebro humano no puede funcionar realmente en modo multitarea: lo que hace es alternar la atención entre actividades a toda velocidad, generando la ilusión de simultaneidad.


Lo que llamamos “hacer dos cosas a la vez” era, en rigor, un cambio rapidísimo de atención entre tareas con un costo cognitivo medible en cada salto. La explicación estaba en la corteza prefrontal, la región encargada de las funciones ejecutivas, que solo puede sostener una tarea compleja genuina por vez. Los especialistas bautizaron esta limitación como “cuello de botella frontal”.
Sin embargo, un equipo de la Universidad de Georgetown publicó un hallazgo que destaca que bajo ciertas condiciones, el cerebro sí puede reorganizarse físicamente para ejecutar dos tareas al mismo tiempo sin alternar entre ellas; donde la clave no está en desafiar el cuello de botella prefrontal, sino en aprender a esquivarlo.
El experimento: de la corteza prefrontal a la temporal
El equipo liderado por Maximilian Riesenhuber, profesor de neurociencia en Georgetown y codirector del Center for Neuroengineering entrenó a un grupo de participantes para clasificar imágenes de autos levemente modificadas entre sí, distinguiendo diferencias sutiles.
La tarea se completó a través de una aplicación de celular, a modo de juego, con más de 30.000 intentos distribuidos entre cinco y diez semanas de práctica. Los investigadores escanearon la actividad cerebral de los participantes con resonancia magnética funcional (fMRI) y electroencefalografía (EEG) antes y después de realizar la actividad.
Al principio, como era esperable, la tarea de clasificación activaba la corteza prefrontal. Pero después de semanas de práctica intensiva, esa misma tarea había migrado hacia la corteza temporal, una región asociada a la memoria y al reconocimiento de objetos complejos. De esta forma la práctica sostenida a lo largo del tiempo no solo mejoró el desempeño, sino que trasladó la tarea a un circuito neuronal distinto, más automático y menos dependiente del control ejecutivo consciente.
Cuanto más se “descargaba” la tarea de clasificación fuera de la corteza prefrontal, los participantes lograban mejorar la ejecución de una segunda tarea en paralelo. El ejemplo cotidiano que usa el propio equipo es el de manejar un auto ya que al principio exige concentración total, pero con los años, buena parte de esa habilidad se automatiza y libera capacidad mental para escuchar música, conversar o pensar en otra cosa.

¿Es posible aprender mientras se hace multitasking?
Un metaanálisis publicado en 2025 en el International Journal of Cognitive Research in Science, Engineering and Education recopiló estudios sobre multitasking mediático académico; es decir dividir la atención entre material de estudio y actividades no vinculadas, como chatear o navegar redes y encontró una correlación negativa, de intensidad baja pero consistente, con el rendimiento académico.
Sin embargo, no toda forma de dividir la atención pesa igual. Un estudio de 2025 publicado en Frontiers in Psychiatry distinguió entre multitasking “académicamente relevante” (por ejemplo, buscar una definición mientras se lee un texto) y “académicamente irrelevante” (revisar notificaciones sociales), y encontró que el impacto sobre el desempeño depende en buena medida de esa distinción, además de factores como la capacidad de autorregulación y el estado de flujo atencional del estudiante.
La conclusión no es que todo multitasking limite el aprendizaje por igual, sino que su costo depende de qué tan relacionadas están las tareas entre sí y de cuánto control atencional tiene quien las combina. De estos estudios se desprende que la automatización real lleva tiempo y repetición sostenida; y los atajos no son posibles. Una habilidad recién aprendida —una fórmula, un idioma, una técnica de lectura— sigue ocupando la corteza prefrontal y compite por los mismos recursos que cualquier otra actividad simultánea.
A la hora de diseñar consignas o pautas de uso de dispositivos en el aula, la investigación sugiere que no toda interrupción digital pesa igual; una búsqueda vinculada al contenido no tiene el mismo costo cognitivo que una notificación social. Esto abre la puerta a estrategias de regulación más matizadas que la prohibición lisa y llana de pantallas, apostando a desarrollar en los estudiantes lo que la literatura llama “alfabetización atencional”; es decir, la capacidad de reconocer cuándo una interrupción ayuda y cuándo entorpece.
Nota:infobae.com
























