Con la mira puesta en la reelección de Javier Milei, la Casa Rosada trabaja a todo ritmo en sellar acuerdos con los gobernadores que allanen el camino al anhelo presidencial. Las negociaciones se dan en todos los frentes --económico, presupuestario y judicial-- e incluyen a aliados fieles, díscolos y dudosos para garantizar la aprobación en el Parlamento de la reforma electoral con el objetivo de eliminar o suspender las PASO para obstruir cualquier intento (especialmente del peronismo) de poder dirimir en internas el armado de un frente opositor al Gobierno. Igualmente, la sinuosa estrategia electoral de La Libertad Avanza en cada una de las provincias genera dudas y temores, por lo cual la mayoría de los mandatarios provinciales, incluso los más dispuestos a adherir a los deseos de Balcarce 50, adelantarían sus elecciones locales para no poner en juego sus territorios en medio de la disputa presidencial.
Como nunca antes desde su arribo a la Casa Rosada, la administración ultraderechista, a través del jefe de Gabinete Diego Santilli, realiza un millonario y selectivo reparto de Aportes del Tesoro Nacional (ATN) a las derruidas arcas provinciales; el propio ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, negocia la incorporación de reclamos de aliados al proyecto de Presupuesto del año próximo y la mano derecha de Karina Milei, Eduardo “Lule” Menem, reparte promesas de no presentar candidatos libertarios de peso que confronten a los gobernadores incondicionales: todo a cambio de votos para sancionar la reforma electoral, cuyo debate no quiere que se extienda en el Congreso más allá de septiembre.
Juego propio lejos de Milei
Sin certezas sobre el sistema electoral que se pondrá en marcha y lejos de que los seduzca la propuesta libertaria de incorporar colectoras para sumarle votos a Milei, la mayoría de los gobernadores prefieren el juego propio: despegar sus comicios locales de la disputa presidencial --como sucedió en 2023-- para intentar alambrar sus propios territorios.
La apuesta abarca a muchos de los mandatarios colaboracionistas que el año próximo prefieren alejarse de Milei. En la mayoría de las provincias del llamado Norte Grande preparan sus propios calendarios electorales para el primer semestre del año próximo, alejados de las presidenciales de octubre, donde los candidatos libertarios --que ganaron las legislativas nacionales de 2025 en muchos de esos territorios-- cobren mayor fuerza arrastrados por Milei.
En Tucumán, Osvaldo Jaldo ya planteó su intención de que la provincia vote en mayo. Gustavo Sáenz analiza adelantar la contienda electoral de Salta para el mes de abril. Ambos mandatarios peronistas apuntan a sostener la buena sintonía con la Casa Rosada, pero prefieren desmarcar sus propias apetencias políticas de las del oficialismo nacional. En Jujuy, el radical Carlos Sadir proyecta la elección local para mayo y, a diferencia de los anteriores, apunta a mostrar logros de su gestión y un perfil más opositor al Gobierno central. Misiones, gobernada por Hugo Passalacqua, también designaría su elección provincial entre mayo y junio, como lo implementa desde 2019.
A pesar de sus diferentes posturas ante el gobierno mileísta, los peronistas Ricardo Quintela (La Rioja) y Raúl Jalil (Catamarca), que en principio no aspirarían a un nuevo mandato, mantendrán sus elecciones provinciales pegadas al calendario nacional de octubre con el objetivo de sostener la continuidad de sus respectivas administraciones. Ambas provincias, al igual que el oficialismo de Santiago del Estero (que elegía gobernador), son de las pocas que en las legislativas de 2025 adhirieron al calendario nacional y lograron imponerse en sus distritos a pesar de la ola violeta con que los libertarios pintaron gran parte del mapa electoral argentino.
En el centro del país, otras dos provincias de las más pobladas también se despegan del calendario electoral nacional con la intención de reelegir a sus gobernadores. En Córdoba, Martín Llaryora analiza detalladamente el momento de la convocatoria provincial en un territorio con gran peso de voto libertario y donde no pocos protagonistas del oficialismo nacional aspiran a arrebatarle el poder al cordobesismo peronista, a pesar de su alineamiento con la Casa Rosada. El colaboracionista radical Maximiliano Pullaro no tendrá que exhibir motivos extras en Santa Fe para despegar su elección provincial, como proclama su propia Constitución: las PASO serán en abril y las generales en junio.
La Patagonia también tendría su propio calendario electoral, separado de las nacionales. A pesar de su postura “dialoguista” con Balcarce 50, varios de sus mandatarios aparecen jaqueados tanto por el oficialismo nacional como por la oposición peronista, que los relegaron a un tercer lugar en las legislativas nacionales de 2025. Alberto Weretilneck dijo hace pocos días en Río Negro que falta “por lo menos un año” para las elecciones provinciales y desde su propia fuerza provincial sugieren votar en marzo. En cambio, el macrista Ignacio “Nacho” Torres mantiene el hermetismo en busca de una jugada que le permita conservar el poder en Chubut.
En Neuquén, Rolando Figueroa dialoga con su aliado en la poblada y decisiva capital provincial para que el neuquenismo fije la fecha, que igual será antes de las nacionales: si el Gobierno logra bajar las PASO, la elección provincial será en agosto; si no, en septiembre.
Más complejas son las situaciones de Santa Cruz, donde el gobernador Claudio Vidal ni siquiera logró definir cuál será el sistema que reemplace a la Ley de Lemas que derogó durante el primer año de su mandato en una provincia duramente golpeada por la crisis. Mientras que Gustavo Melella tiene trabada en Tierra del Fuego una reforma constitucional que le impediría ir por una nueva reelección, aunque por ley debe despegar la elección provincial de la nacional y la fecha tentativa sería en junio. En La Pampa está casi todo resuelto para que se vote en mayo y la mirada está puesta en cómo se dirimirá la sucesión del gobernador peronista Sergio Ziliotto, que no tiene posibilidad de ir por otro mandato.
Diferente a todas las anteriores es la situación de la estratégica provincia de Buenos Aires, que tiene poco menos que el 40 por ciento del padrón electoral nacional, y todo dependerá de cómo termine de resolverse la interna del peronismo, donde el gobernador Axel Kicillof aparece como el principal rival de Milei el año próximo.
Recalculando la estrategia oficialista
Atrás quedó la propuesta del “jefe” libertario, Karina Milei, de ir a disputar con sus candidatos todos los territorios provinciales y ahora vira su estrategia con el objetivo de sellar acuerdos con los gobernadores incondicionales para arrastrar sus votos por la reelección de Milei.
En la Casa Rosada aspiran a lograr esos acuerdos en al menos una decena de distritos con el objetivo reeleccionista de Milei. Entre los firmes cuentan a los aliados gobernadores radicales de Mendoza y Chaco --Alfredo Cornejo y Leandro Zdero, respectivamente--, con los que ya habían sellado acuerdos electorales en sus provincias; así como los macristas Rogelio Frigerio (Entre Ríos) e Ignacio “Nacho” Torres (Chubut); además de Claudio Poggi (San Luis) y Marcelo Orrego (San Juan). Y apuestan a sumar pactos de alianzas o no agresión con el macrismo en CABA, igual que con Pullaro en Santa Fe, con Sadir en Jujuy y hasta con Figueroa en Neuquén.
Del mismo modo que aseguran que irán con candidatos propios contra los que consideran sus enemigos declarados y hasta con los colaboracionistas que les prestaron hasta ahora todo su apoyo a la Casa Rosada. El principal objetivo en la mira es la provincia de Buenos Aires, donde aspiran a conformar una alianza antiperonista con los aliados más fieles.
Pero también jugarán fuerte contra mandatarios opositores en Tierra del Fuego, La Pampa, La Rioja y Formosa. Tampoco escapan de las aspiraciones libertarias la confrontación con gobernaciones colaboracionistas como Córdoba, Catamarca, Tucumán, Salta y Misiones, así como las que no terminen sometiéndose a los deseos del gobierno ultraderechista que quiere imponer la reelección de Milei.




























