Milei echa nafta al fuego de la campaña de desprestigio que sufre la Argentina

Actualidad - Nacional23/07/2026

La ola de críticas en redes sociales que busca desprestigiar a la Argentina tiene un responsable: Javier Milei. Su modelo de país neocolonial y extractivista, junto con una política exterior que aisló a la Argentina en los organismos multilaterales y la alineó con Estados Unidos e Israel en votaciones clave, como las vinculadas al rechazo a la esclavitud y al genocidio en Gaza, alimentó buena parte de los señalamientos que distintos sectores del progresismo internacional dirigieron contra el país durante el Mundial de fútbol. Tres días después de la final, Milei respondió a esos cuestionamientos con un mensaje. “Ahora el mundo va a ver donde puede llegar un país lleno de argentinos”, escribió en Instagram. En paralelo, el legislador Agustín Romo presentó un proyecto para arancelar el acceso de los extranjeros a los hospitales y a las universidades públicas en la provincia de Buenos Aires. Una iniciativa que el oficialismo quiere replicar en el plano nacional y que refuerza los discursos de xenofobia y racismo que circulan en las redes y que forman parte de la campaña de deslegitimación que sufre el país.

El volumen de la conversación en redes da cuenta de la magnitud del fenómeno. La consultora AdHoc confirmó que durante el Mundial se potenciaron narrativas negativas vinculadas a la Argentina. Los principales ejes fueron la caracterización del país como racista, su alineamiento con Israel y la idea de que el torneo estuvo “arreglado”. Solo durante la competencia, más de 451 mil usuarios relacionaron a la Argentina con Israel en las conversaciones digitales.

Como si la campaña de desprestigio contra la Argentina necesitara nuevos argumentos, el oficialismo decidió redoblar la apuesta. El jefe del bloque libertario en la Legislatura bonaerense, Agustín Romo, presentó un proyecto para arancelar el acceso de los extranjeros sin residencia a los hospitales y a las universidades públicas de la provincia. Lo anunció en sus redes sociales con un mensaje en el que cuestionó que personas extranjeras puedan estudiar y atenderse gratuitamente en el país mientras, según afirmó, “odian a la Argentina”.

Lejos de desactivar la ola de ataques que circula en las redes, la iniciativa contribuye a correr la discusión hacia un terreno de mayor xenofobia y racismo, reforzando precisamente los discursos que alimentan la campaña de deslegitimación contra el país. Un iniciativa que la Casa Rosada impulsará también en el Congreso Nacional.

Los especialistas en comunicación digital consultados por Página/12 explicaron que los ragebait, o contenidos diseñados para generar indignación, suelen construirse a partir de hechos reales o de elementos descontextualizados. “Justamente por eso logran una penetración mayor que una fake news“, señalaron. En el caso argentino, la estrecha relación de Javier Milei con el gobierno de Benjamín Netanyahu es un elemento central. “Días antes de la final, dos de los principales ministros israelíes, Smotrich y Ben-Gvir, investigados por la Corte Internacional de Justicia por crímenes de guerra y por promover los asentamientos, y el primer ministro Netanyahu, sobre quien pesa un pedido de captura internacional, se filmaron junto al embajador argentino en Israel con la camiseta de la Selección, alentando al equipo argentino con un audio del presidente Javier Milei”, recordó a este diario la analista internacional Celeste Echen.

Igual de vergonzosa fue la votación de la declaración de la ONU de la esclavitud como “el crimen más grave contra la humanidad”, abriendo la puerta a posibles reparaciones. Sólo Argentina, Israel y los Estados Unidos se opusieron. Así, Argentina votó en contra de un tema central para los países africanos, aliados históricos de la Argentina en la cuestión Malvinas. Un hecho grave que erosiona la relación con los países del sur global y otorga sustento a los señalamientos de racismo que distintos sectores comenzaron a dirigir contra el país.

La campaña en contra desde adentro

Ningún gobierno argentino dedicó tanto esfuerzo a desacreditar la capacidad productiva del país, el valor de su moneda (para Milei el peso es excremento), sus recursos estratégicos y sus reclamos históricos de soberanía. Demian Reidel, coautor de papers de dudosa autoría junto al Presidente, dijo en marzo de este año, ante un foro de empresarios e inversores: “El único problema de Argentina es que está lleno de argentinos”. En la previa del partido en que la Selección Argentina venció a Suiza, Milei comparó las economías de ambos países y concluyó que “Argentina solo produce dulce de leche y biromes”. La afirmación expuso el desprecio y el desconocimiento que el Presidente tiene del entramado productivo del país que gobierna. Argentina cuenta con una matriz industrial y energética diversificada que le ha permitido desarrollar capacidades competitivas en sectores estratégicos, además de un sistema científico-tecnológico de vanguardia para un país de la semiperiferia y que las políticas de vaciamiento y reorientación hacia el sector privado están destruyendo.

Todo lo contrario de un “país bananero”, adjetivo que usó el vocero Adrián Ravier para describir a la Argentina en X, aunque después dijo que no dijo lo que dijo. “Siendo un país bananero nunca recuperaremos las Malvinas”, fueron sus palabras. La bandera reivindicando la soberanía de las Islas que los jugadores de la Selección desplegaron luego del triunfo frente a Inglaterra fue un hecho político y anticolonial de enorme trascendencia que descolocó al oficialismo.

Milei mintió en sus redes sociales cuando dijo: “Mientras algunos se dedican a hacer berrinches propios de un adolescente termo mononeuronal, nosotros, por la vía diplomática, cada día estamos más cerca de la recuperación de las Islas Malvinas”. Su gobierno solo ha debilitado el reclamo argentino de soberanía. Ejemplo de ello es el acuerdo firmado por la entonces canciller Diana Mondino con su par británico, una recuperación del viejo entendimiento Foradori-Duncan del gobierno de Mauricio Macri, que habilitó la explotación de los recursos naturales argentinos ubicados en la plataforma continental y en el Mar Argentino. El gobierno libertario nada dice sobre la explotación de petróleo en la cuenca norte de las Islas Malvinas y tardó más de diez días en repudiar el paso de un buque de guerra británico por la Zona Económica Exclusiva del Atlántico Sur que pertenece al país.

Entrega de recursos y soberanía

El desprecio del Presidente por el país que gobierna se completa con un andamiaje normativo destinado a consolidar “un nuevo estatuto legal de coloniaje”, como advierte el Observatorio de Tierras de la UBA. La campaña de ataques contra la Argentina en las redes sociales también permite reponer la discusión sobre las nuevas formas del neocolonialismo en América Latina. Una subordinación que ya no se ejerce por la vía militar, sino a través de mecanismos de dominación económica y financiera, en los que las élites locales cumplen un papel indispensable.

El Súper RIGI, con media sanción en Diputados, que beneficiará a los monopolios tecnológicos otorgándoles estabilidad fiscal, cambiaria y jurídica por treinta años, forma parte de un paquete de medidas que incluye el proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, la modificación de la Ley de Glaciares y la reforma de la Ley de Sociedades. En conjunto, esas iniciativas atentan contra la integridad territorial y relegan la soberanía sobre los recursos estratégicos necesarios para generar valor agregado y, en consecuencia, desarrollo en plena revolución informacional.

Por Paula Marussich / P12

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