


La calle, destino de cada vez más familias, jubilados y jóvenes que ya no pueden sostener una vivienda
Actualidad - Nacional23/07/2026

La situación de calle dejó de ser solamente el destino de las personas históricamente excluidas para convertirse en el último eslabón de una crisis habitacional y laboral que ya alcanzó a sectores que hasta hace poco conservaban una vivienda. Así lo advirtió un informe privado que identificó un cambio profundo en la composición de quienes viven a la intemperie: la calle dejó de ser un fenómeno marginal para transformarse en el punto de llegada del deterioro económico y habitacional cada vez más extendido.


En ese escenario, los efectos del programa económico impulsado por el gobierno de Javier Milei también se reflejan en quienes terminan viviendo en la calle: familias enteras, jubilados, mujeres que escapan de situaciones de violencia, jóvenes expulsados de sus hogares y trabajadores que nunca antes habían atravesado la situación de calle se vieron en este tiempo expulsadas, principalmente, por la imposibilidad de afrontar un alquiler.
Crisis laboral y habitacional
La situación de calle constituye una de las expresiones más extremas de la exclusión social y habitacional en Argentina. Los indicadores son críticos: solo el 14,8% terminó el secundario, el 61,5% no recibe asistencia económica estatal y cerca del 54% sufrió violencia desde que está en la calle. Los datos se desprenden de un informe de la Fundación para el Desarrollo Humano Integral (FDHI) y dan cuenta de que no se “está” en la calle simplemente por una mala decisión, sino que se “llega” tras agotar una serie de recursos y estrategias de supervivencia.
Los referentes consultados en la investigación aseguraron que “estamos ante un fenómeno generalizado de transformación en la composición y características de la población en situación de calle” y coincidieron en que el aumento de la población en situación de calle responde, cada vez más, a razones económicas: la imposibilidad de pagar un alquiler, la pérdida del empleo o de ingresos suficientes para sostener una vivienda y el agotamiento de las redes familiares o comunitarias que antes funcionaban como último sostén. En ese sentido, la calle deja de entenderse como un fenómeno asociado exclusivamente a consumos problemáticos para convertirse en el punto de llegada de un proceso más amplio de deterioro social y habitacional.
"El cambio más estructural es el aumento exponencial de personas que terminan en situación de calle por razones económicas simples: incapacidad de pagar alquileres en contextos de desocupación y falta de oportunidades laborales", destacó el informe realizado por Daniela Valiente y Agustín Alessio.
En la actualidad, el alquiler se convirtió en la frontera entre conservar una vivienda y terminar en la calle. De hecho, la lectura encuentra correlato en otros indicadores habitacionales. Argentina atraviesa un proceso de fuerte inquilinización —casi el 21% de los hogares alquila, frente al 12% registrado en 1991— al mismo tiempo que se expanden formas cada vez más precarias de acceso a la vivienda, como hoteles pensión, conventillos o alquileres informales. Para la Fundación, la situación de calle representa el extremo de ese proceso: cuando ya no alcanzan los ingresos para sostener siquiera esas alternativas.

Las condiciones de vida evidenciaron, además, que la exclusión no termina con la pérdida de la vivienda. El relevamiento señaló que seis de cada diez personas en situación de calle no reciben ningún tipo de asistencia económica estatal, más de la mitad (54,0%) sufrió hechos de violencia desde que vive en la vía pública y apenas una de cada tres pudo acceder a un control médico durante el último año.
Además, en el plano vinculado a las demandas de las personas que se encuentran en calle, alertaron por “necesidades profundas y estructurales” donde el acceso a vivienda o alojamiento estable emerge como una prioridad central junto con la cobertura continua de necesidades básicas, pero también “el acompañamiento psicosocial y la reconstrucción de vínculos familiares y comunitarios aparecen como necesidades fundamentales que trascienden lo material”.
De esta manera, la situación de calle no es un fenómeno aislado sino el último eslabón de una cadena. Primero aparece la pérdida del empleo estable, después el deterioro de los ingresos, el endeudamiento, luego la imposibilidad de sostener el alquiler o una vivienda precaria y, cuando se agotan las redes familiares y comunitarias, llega la calle.
La calle, punto de llegada
Para la Fundación que realizó la investigación la coyuntura actual también obliga a revisar la forma en que se aborda la problemática. El informe planteó que la situación de calle no puede reducirse a la falta de un techo ni resolverse únicamente con dispositivos de emergencia durante el invierno.
En ese sentido propusieron fortalecer herramientas que eviten que quienes enfrentan un desalojo, no pueden sostener un alquiler o egresan de instituciones sin una solución habitacional terminen engrosando esa población. Sobre ello, destacaron la necesidad de “construir un sistema federal de abordaje integral, fortalecer las políticas habitacionales y las estrategias de prevención, consolidar dispositivos territoriales e interdisciplinarios de acompañamiento, incorporar perspectivas específicas para poblaciones particularmente vulneradas y garantizar la producción de información pública y la participación social”.
Por último, el diagnóstico dejó una conclusión que trasciende la emergencia actual. Si hace algunos años la situación de calle aparecía como la expresión más extrema de trayectorias de exclusión prolongadas, hoy comienza a reflejar también las dificultades crecientes para sostener un proyecto de vida básico. Cuando el trabajo deja de garantizar un ingreso suficiente, el alquiler se vuelve inaccesible y las redes familiares se agotan, la calle deja de ser una excepción y empieza a convertirse en el destino de una nueva vulnerabilidad: la de quienes ya no logran sostener el último derecho que todavía conservaban, el de tener un techo.
Por Eugenia Rodríguez / El Destape


























