La política molesta. La política entorpece. La política gasta dinero.
La política es el conjunto de prácticas que conducen a la toma de decisiones que hacen a la vida en sociedad. En una primera instancia, la política parte del reconocimientode aquellos bienes y valores públicos que hacen al bien común de todos los ciudadanos.
A partir de ello, la política se materializa en la responsabilidad de la producción y distribución de esos bienes y valores públicos que se consideran necesarios para el bienestar social.
Entonces, ¿Qué se entiende por bien común? ¿Cuáles son esos bienes y valores públicos que hacen al bien común? ¿Cómo se distribuyen esos bienes y valores? Las respuestas que la política da a estos cuestionamientos afectan la vida de todos. Te guste o no, la política te afecta. Por eso mismo, la cuestión de fondo es ¿quién y cómo se decide sobre esas cuestiones?
Aquí cobra relevancia la participación en las respuestas a esos interrogantes. Es justamente donde la democracia tiene sentido en tanto poder real de los ciudadanos de intervenir en las discusiones públicas.
Así, la democracia se define a partir del conjunto de normas legales que establecen quién tiene la autoridad para tomar las decisiones colectivas y bajo qué procedimientos las lleva adelante: es la noción operativa de democracia que determina el cómo se llega y se ejerce el poder.
Esta descripción mínima se debe nutrir con una definición sustancial de democracia, que declare y promueva los valores del sistema liberal-constitucional que garantizan derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, fundamentales al momento de la participación.
Precisamente por ello, en democracia la política no es solo una actividad de los funcionarios políticos, sino que se desarrolla en la interacción entre distintos actores de una misma comunidad que buscan influir en las decisiones que afectan a todos.
Aclarado el panorama conceptual, la conclusión evidente es que a ciertos funcionarios políticos lo que les jode no es la política en sí, sino la democracia como tal. El agravio y menosprecio a la política tiene una única intención: alejar, restringir y, en consecuencia, cerrar los espacios de deliberación.
Cuando ciertos funcionarios quieren “ahorrar en política”, lo que buscan es “escatimar democracia”, es excluir de la discusión pública a los ciudadanos. Es la fijación compulsiva de querer reinar sobre los súbditos, no de gobernar junto a los ciudadanos.


























