Gilead ya tiene capital

Actualidad05/07/2026

A fines de los 80 llegó a mis manos la edición argentina de El cuento de la criada, de la escritora canadiense Margaret Atwood, publicada por Sudamericana, en una época en la que las editoriales locales no formaban parte de conglomerados multinacionales y eso les permitía publicar libros extranjeros sin depender del visto bueno de sus dueños españoles y sus torpes traducciones castizas.

A Muzzio ya le respondieron especialistas en temas de educación, salud y género. La legisladora Alejandrina Barry (FIT) resumió bien las consecuencias de lo que propone la dirigente del PRO: “Clara Muzzio aseguró que la Educación Sexual Integral (ESI) trasmite ideas monstruosas a través de una ideología siniestra, ¿hay algo más monstruoso que querer eliminar la herramienta que permitió que casi el 80% de los niñxs víctimas de abuso pudieran denunciar a raíz de las clases de ESI? La vice de Jorge Macri milita las políticas más oscurantistas contra las mujeres, las disidencias y las niñas y niños que dice defender, pero que sólo promueve dejarlos indefensos ante todo tipo de abusos”.

El modelo de Muzzio está copiado de fuerzas de extrema de derecha, bancadas con mucho dinero proveniente de oscuras fundaciones. Tal vez, encontró en esos antros el auspicio necesario. Y si no, ya lo va a encontrar. En el fondo, lo que quiere conseguir es que nuestra sociedad sea cada vez más parecida a esa República de Gilead que anticipó Atwood. ¿Y qué mejor que probar suerte en la Ciudad de Buenos Aires? ¿Nos estaremos convirtiendo en la capital de Gilead, casi sin darnos cuenta, con la habitual mansedumbre que adoptamos ante los gestos más reaccionarios de nuestra derecha en el poder?

Sería muy inocente pensar que Muzzio (una militante aplicada, que nunca saca los pies del plato, al punto de haber apoyado lo que ahora ataca cuando era funcionaria de Rodríguez Larreta) haya salido al ruedo con estas ideas si no fuera parte de un entramado político mayor. Está claro que el PRO se dio cuenta de que ya no va la imagen angelical de sus mujeres dirigentes, como cuando promocionaban a Gabriela Michetti o María Eugenia Vidal. Ante la salida de Patricia Bullrich, había que buscar una fascista propia, que fuera lo más coherente posible con las políticas del Gobierno de la Ciudad. Porque como vicejefa de gobierno y anterior ministra de Espacio Público e Higiene Urbana, Muzzio no tiene nada bueno para mostrar. Su gestión se ha caracterizado por altos presupuestos y pobrísimas acciones que mejoren la vida de los vecinos. Mejor criticar la legalización del aborto que hacerse cargo de una ciudad cada vez más sucia y menos habitable.

La Ciudad de Buenos Aires no ha mejorado en salud pública, pero prohíbe que la gente que no vive en la ciudad se atienda en sus hospitales; no genera políticas de contención social, pero reprime y roba a los cuentapropistas que se les ocurre ganarse el peso vendiendo en la calle. No mejora el transporte, pero habla de poner un muro en las entradas a la ciudad, para generar un espíritu racista y autoritario. Claro, no es difícil conseguirlo en un distrito que propició con su voto el gobierno de la misma fuerza política de derecha en los últimos veinte años. Una derecha que solo sabe evolucionar hacia su extremismo, que en pocos meses (si no llegan a un acuerdo político, muy posible por otra parte) se peleará con La Libertad Avanza para ver cuáles de las dos fuerzas se muestra más inhumana, más canalla, más dispuesta a convertir nuestras vidas en una distopía cada vez más realista.

Por Sergio Olguin / P12
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