Sucedió que casi todo el resto de la Argentina que no estaba de acuerdo con su gobierno, encontró una representación en un frente político que tenía a partidos de centro derecha como el PRO, de centro como la UCR e incluso progresistas como la Coalición Cívica ARI que había salido prestigiada de enfrentar la corrupción de Menem y De la Rúa. Esta representación, sumada a las inconsistencias económicas del modelo, escándalos de corrupción y una acertada estrategia de campaña de Macri, quien planteó que admitía que el kirchnerismo había tomado algunas medidas que eran correctas y que estas no se iban a tocar, terminó en la derrota de Daniel Scioli en el balotaje en 2015.
Esta es la historia que Milei no quiere que se repita y por eso busca suspender las PASO. Por eso, detrás de una discusión parlamentaria que parece menor y aburrida, como el cambio de una normativa electoral, está el futuro de su proyecto político y la posibilidad de su reelección.
La fortaleza de Milei se apoya en la fragmentada debilidad de la oposición más que en el apoyo de la sociedad argentina. De hecho, todas las encuestas plantean que hay un 60% que se opone al Gobierno, pero no hay un candidato o fuerza política que sintetice esa mayoría opositora. De ahí la frase que circuló en estos días “Milei no tiene con quién perder”. Ahora bien, si no hay nadie que le puede ganar al Presidente, tal vez le puedan ganar todos juntos. Si diferentes fracciones del peronismo, el radicalismo, el socialismo santafesino, el cordobesismo e incluso sectores de izquierda o de centro derecha con el ala socialdemócrata del PRO se unieran, podrían llegar a representar las diferentes tendencias de la sociedad y el candidato que surgiese de esas primarias tendría la legitimidad necesaria para enfrentar a Milei. Además, necesariamente debería incorporar puntos del programa de sus rivales internos para representar a sus votantes y se transformaría en la resultante posible de lo que piensa la Argentina opositora.
En esta pelea por la suspensión de las PASO en la que, como decimos, se juega el futuro del Gobierno, una pieza clave es la designación de Santilli como jefe de Gabinete quien ya tuvo éxito al pactar con los gobernadores el envío de fondos discrecionales para las provincias a cambio de votos para la aprobación de leyes en el Congreso. Este año, el Gobierno no paró de cosechar éxitos parlamentarios y en buena parte se lo debe al propio Santilli desde que asumió como ministro del Interior. Los gobernadores, por cómo está estructurado el régimen de coparticipación, se terminan transformando en una fuerza política distinta de la de sus partidos de origen, una suerte de Centrão brasileño a la criolla que deben entrar en el juego del toma y daca con cada gobierno, porque a diferencia de los diputados tienen que pagar sueldos, terminar obras públicas y cancelar deudas con proveedores. Si la provincia se queda sin dinero, ellos deberán afrontar el costo político y saben que muchas veces los estallidos sociales empiezan por las provincias, que son los eslabones más débiles. Esto en general los vuelve menos incendiarios que los dirigentes políticos nacionales o los sindicales. La prudencia y el diálogo con el Gobierno es un activo fundamental para poder llevar adelante sus tareas, más que la nitidez y claridad política.
¿Podrán los gobernadores apoyar una suspensión de las PASO a cambio de más fondos discrecionales y quizás algún otro acuerdo político con el Gobierno? La respuesta para el Gobierno la deberá dar Santilli, quien asumió, dijo que trabajará para que Milei sea reelecto y mostró una foto que da una primera buena señal para empezar su trabajo.




























