Cambia la cara, avanza el modelo

Actualidad - Nacional03/07/2026

Una vez más, un personaje patético e insignificante se transformó en el epicentro emergente de las disputas políticas; en este caso, de un presidente de ultraderecha decidido a no conceder a unos y otros la aceptación de una fuerte derrota. Transcurridos tres meses de realismo mágico con sus infinitas lecturas interpretativas, resulta elocuente que Milei paga un notorio costo político, que se expresa en un distanciamiento del electorado que creyó en su profusa prédica de héroe impoluto contra “los populismos y zurdos corruptos” que conformaron la casta. Este episodio es demostrativo de la decadencia política y moral de un gobierno inficionado por corrupciones, sostenido por el establishment económico-mediático y por la debilidad de la oposición política atrapada en su agotador desgaste, consecuencia de una disputa de poder desprovista de debate ideológico y programático, cuyo propósito debiera ser construir el imprescindible y perentorio proyecto político que encauce las luchas populares y construya un amplio bloque político-electoral. La gobernabilidad está desquiciada, con un Ejecutivo impedido de gestionar la cosa pública y un Presidente que opta por huir permanentemente hacia su mundo de ultraderechistas, particularmente a España y a un EE.UU. gobernado por un guerrerista que denigra de Lincoln a Roosevelt. Allí Milei es condecorado por núcleos mesiánicos llamados a organizar el mundo según el impulso de magnates capitalistas.

Quien no deja de aplaudir, ocultando sus vergüenzas, es el FMI, que en su última revisión valora la intención de las autoridades de que “se hayan resuelto los impagos a los acreedores disidentes”. Calificar a los holdouts de disidentes, a quienes el mundo entero pondera como buitres. Es un caso extravagante de literatura para confundir. Desde estas posturas surge un nuevo invento: en acuerdo con el Gobierno, el Fondo “sugiere” avanzar en una nueva reforma impositiva para aumentar la base del Impuesto a las Ganancias. Se estima que se sumarían aproximadamente 1.500.000 asalariados, duplicando la cantidad de actuales contribuyentes. Tampoco les interesa ponderar, desde una visión social y productiva, que el trabajo está en franca descomposición. Según el Indec, la informalidad creció en 500 mil personas en el último año. Proyectando estos datos a nivel nacional, el fenómeno se acerca a los 10 millones de trabajadores sin derechos laborales, o sea, sin salud, jubilación, seguro por accidentes, sindicatos y con salarios más bajos. A ese oprobio social lo llaman “peruanización”. Se trata de un ejemplo del país que imagina este presidente de la modernidad y sus epígonos del empresariado, quienes proclaman que el actual modelo debe ser inmutable.

Como siempre, en el “peor de los tiempos” surgen palabras lúcidas que expresan conductas políticas valientes, comprometidas con su pueblo, coincidentes con sus valores morales y religiosos. Es el caso de los sacerdotes católicos, desde los obispos que integran la Conferencia Episcopal hasta los que profesan la Opción por los Pobres. Sus últimos pronunciamientos críticos de la “ley de inviolabilidad de la propiedad” han tenido una amplísima repercusión, contribuyendo a amalgamar a los diversos nucleamientos sociales y políticos decididos a enfrentar esta grave concesión de nuestros recursos naturales a las corporaciones mineras. El obispo Liébana, en representación de la Conferencia Episcopal, declaró que “el proyecto atenta contra la soberanía de nuestra tierra, nuestros alimentos, nuestros bienes comunes y el derecho de los pueblos a la autodeterminación”. Señala que “la extranjerización de tierras estratégicas, como las del petróleo, minería, glaciares y nacientes de los ríos abriría la puerta a una mayor presencia foránea”. Concluyen: “lo que está en juego es la inviolable dignidad de cada persona y el principio del destino universal de los bienes”. Se aprecia claramente que la Iglesia francisquista defiende aquel precepto de que la voz del pueblo es la voz de Dios.

A pesar de la pérdida de legitimidad, Milei no se detiene en su afán de romper desde su base la determinante relación económica capital/trabajo, mutilar salvajemente al Estado social protector y subastar al peor postor nuestras riquezas naturales, todo manchado por un accionar de corruptos y corruptores, tanto el propio de los dueños del poder económico como de vulgares granujas que pasillean por los distintos ámbitos ministeriales. Las inéditas concesiones a las corporaciones extranjeras, ahora con el súper RIGI, se complementan con el deterioro de las condiciones de vida de las mayorías, desde los millones de los sectores humildes hasta otros millones de las clases medias. Estas políticas vienen horadando el entramado industrial, particularmente el tejido productivo y social de las pymes. En definitiva, el proyecto político neoconservador instrumenta una transformación radical de la matriz productiva con su inevitable mutilación de derechos sociales, para lo cual cuenta con las manos levantadas de parlamentarios de las derechas y otros “amigables”, incluyendo a peronistas que traicionan su identidad política y el sentido del voto de su pueblo. Otro acontecimiento relevante de estos días fue el pronunciamiento de la Corte Suprema, que dejó sin excusas al Gobierno para sostener su incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario. El principal corolario que se debe sustanciar en este presente de incertidumbres es que las manifestaciones del pueblo en las calles conforman un caudal político decisivo para el mundo democrático. Ni la cautelar del Consejo Universitario ni los dos contravetos logrados en el parlamento hubieran sido posibles sin las cuatro marchas multitudinarias, multisectoriales, polipartidarias y federales. Las movilizaciones no son la expresión de “anomias espontáneas que expresan a la antipolítica”, como formulan desde la intelligentsia de diarios de derecha y algunos analistas bienpensantes. La realidad demuestra que son una reacción directa, o bien un proceso de sedimentación en la conciencia política de núcleos trascendentes del pueblo. Cierto es que vivimos un tiempo de irracionalismos culturales e injusticias sociales que generan millones de “humillados y ofendidos”, aunque siempre esperanzados en que una vez más nuestro pueblo irrumpirá, quebrando la desesperanza, abriendo el camino del fragmentado universo de lo popular, auténticamente democrático y patriótico.

*Secretario General del Partido Solidario. Director del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”

Por Juan Carlos Junio / P12
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