Los datos del Indec para el cierre de 2025 revelan un escenario estancado: aunque los números no sufrieron grandes sobresaltos, la desigualdad estructural sigue intacta. La brecha de ingresos no cedió, manteniéndose una diferencia de 13 veces entre el decil más alto y el más bajo de la población, casi la misma cifra registrada en igual período del año anterior. La mitad de los trabajadores, de acuerdo al reporte, percibe sueldos por debajo de los 800.000 pesos y el ingreso per cápita de la mediana se ubicó en apenas 450.000 pesos.
La diferencia de ingresos entre entre el 10 por ciento más rico de la población y el decil más pobre se mantiene extendida y estable. Los primeros abarcan el 32,3 por ciento del total de los ingresos, mientras el 10 por ciento más pobre accede solo al 1,8 por ciento.
Salarios relegados
El mercado laboral sigue partido en dos. Por un lado, un sector que percibe un promedio de 2,5 millones mensuales de pesos; y por el otro, casi la mitad de los trabajadores que no logran superar los 800.000 pesos al mes.
La precarización es la clave de esta injusticia: ganar o no “en blanco” define si un trabajador llega a fin de mes o si cae en la pobreza. Aunque cada vez son más los trabajadores formales endeudados o con más de un empleo para lograr cubrir gastos; los informales, en tanto, ganan apenas el 50 por ciento de lo que percibe un empleado registrado. En este caso, un trabajador con aportes jubilatorios percibe, en promedio, 1.321.353 pesos, duplicando los 651.484 pesos que recibe un informal.
Según su escala, los ingresos promedio son: Estrato Bajo (deciles 1 al 4), 351.028 pesos; Estrato Medio (deciles 5 al 8), 940.586 pesos; Estrato Alto (deciles 9 y 10), 2.476.247 pesos.
En la comparación de extremo a extremos, el ingreso promedio del decil más rico (10) fue 17 veces mayor que el del decil más pobre (1). Si se mide por la mediana, la diferencia es de 13 veces.
Brecha de género
El reporte también destaca la brecha de género: las mujeres ganan, en promedio, un 25 por ciento menos que sus pares varones.
La distancia salarial no solo se mantiene estable, sino que consolida un esquema donde las mujeres están más expuestas a la vulnerabilidad económica.
Distribución congelada
De acuerdo al informe de Indec, los ingresos nominales saltaron 44,9 por ciento en un año. Sin embargo, este crecimiento resultó cosmético en términos de equidad.
La estructura de la riqueza no se movió: la inflación neutraliza las mejoras nominales y la generación de riqueza no logra permear hacia las bases, dejando las brechas de desigualdad intactas y el poder adquisitivo sin una recuperación real.



























