Economía a dos velocidades: pocos ganan y la mayoría pierde en un 2026 con más dudas que certezas

Economía06/04/2026

“Me preocupa la velocidad de la recuperación”, reconoció el ministro de Economía, Luis Caputo, durante una disertación en la Bolsa de Comercio de Rosario. El diagnóstico oficial introduce un matiz relevante en medio del discurso optimista del Gobierno: por primera vez, se admite públicamente que la economía enfrenta dificultades para consolidar una salida sostenida. No es un dato menor ya que distintas consultoras privadas vienen advirtiendo que la contracción del mercado interno -producto de la pérdida del poder adquisitivo, la caída del empleo y un crédito debilitado-, junto con la fragilidad externa y el peso de la deuda, configuran un escenario que puede empujar a la actividad desde el estancamiento hacia una nueva recesión, en cuestión de meses.

Por eso, las perspectivas para 2026 aparecen lejos de las proyecciones oficiales. El crecimiento del 5% previsto en el Presupuesto luce difícil de sostener en una economía donde la industria manufacturera continúa en caída libre (acumula un retroceso cercano al 10% frente a 2023), el empleo formal lleva siete meses consecutivos de contracción y los indicadores laborales muestran un deterioro persistente, con un desempleo del 7,5% y un subempleo en alza.

En esa línea, la economía argentina creció el año pasado (EMAE-INDEC: +4,4% promedio anual), pero ese crecimiento fue desigual y con bases débiles. ¿Cómo cerró 2025? Más del 80% del crecimiento (3,6 puntos) se explicó por el arrastre estadístico de 2024, no por un dinamismo propio del año. De hecho, el crecimiento “genuino” del año fue muy bajo (0,8 puntos), en un escenario donde la actividad tuvo un sendero muy irregular, con caídas en varios momentos y rebote recién al final.

De forma más detallada, el crecimiento se debió a componentes discutibles: un tercio del crecimiento provino de Impuestos netos de subsidios (no producción real) y otro aporte clave fue de Intermediación financiera, que creció en parte por el spread de tasas, no por mayor crédito real. De hecho, el informe del centro económico de la UBA, estimó que si se excluyen estos componentes el crecimiento bajaría del 4,4% a 2,7%.  Es decir, hay una “sobreestimación del crecimiento”.

Un análisis pormenorizado permitió apreciar que la mejora observada el año pasado aparece dependiente del arrastre, concentrada en pocos sectores y muy poco perceptible en empleo e ingresos, es decir, en la mayoría de los sectores ni en el bolsillo de la población. 

Al respecto, recientemente el propio ministro de Economía Luis Caputo, reconoció públicamente: “Por ahí el EMAE (actividad económica) de febrero da para abajo, por ahí la inflación del mes pasado (por la nafta y educación) de más alta, no importa”. Si bien el funcionario aseguró en Bolsa de Comercio de Rosario que, pese a ello, “no nos va a desviar del rumbo”, lo cierto es que diferentes proyecciones ponen sobre la mesa un panorama que despierta algunas alarmas.

De cara a lo que viene, la consultora de Orlando J. Ferreres anticipó (el dato oficial se conocerá el 22 de este mes) que el nivel general de actividad registró en febrero una contracción de 2,9% interanual, acumulando para el primer bimestre una caída de 1,9%. Por su parte, la medición desestacionalizada registró una merma de 0,5% respecto al mes precedente. Tal desempeño se asoció principalmente a la mala situación de la industria y del comercio. “Para los próximos meses esperamos seguir viendo una marcha de la actividad a dos velocidades”, alertaron y explicaron que “la reactivación de los sectores más golpeados dependerá de que mejoren los ingresos de las familias, de la mano de una recuperación salarial y de mejoras en el mercado laboral”.

En sintonía, el informe de coyuntura de la Fundación Capital, también estimó una expansión de la economía en torno al 2,5% pero precisó que sectores clave seguirían detrás del 2023 (Construcción: -10,0%, Industria: -6,1% y Comercio: -1,0%)- 

En relación, el documento del director de la consultora CP, analizó la evolución de diferentes indicadores de la coyuntura. En esa línea, consideró –a diferencia de los dichos del ministro- que “el programa económico no resiste un aumento de la inflación”. La aceleración de los precios de los últimos 9 meses llevó a una caída generalizada de los ingresos (por ejemplo, los salarios públicos están -17,8% frente a noviembre 2023, antes del inicio del gobierno de La Libertad Avanza). Esto ocurre en un mercado de trabajo fuertemente golpeado donde la caída del empleo formal no frena desde hace 7 meses. 

Por su parte, la política fiscal profundiza el ajuste. “La caída de la recaudación de los últimos meses, influenciada por la contracción de la actividad e ingresos, llevó a una profundización del ajuste en el gasto, que retroalimenta la crisis”, explicó. A comienzos de 2026 el gasto social (incluyendo la AUH) se ubicó 36% debajo de fines del 2023, un 26% del promedio de 2022-2023 y 9% del promedio la era Milei. El reciente anuncio de la eliminación del Programa Volver al Trabajo (con 900.000 beneficiarios), anticipa nuevos recortes. 

“La aceleración de la inflación, un mercado de trabajo fragmentado y una política fiscal restrictiva están en el centro de la explicación. El actual programa económico tiene grandes problemas para generar crecimiento”, señaló el especialista y anticipó: “Con el shock internacional, probablemente en unos meses estaremos discutiendo como la economía argentina pasó del estancamiento a la recesión”. 

Desde el IIEP tampoco son optimistas para este año. Ponen la lupa sobre las señales de fragilidad financiera (morosidad en récord histórico: en enero de 2026 el 13,2% de los créditos personales y el 11% de las tarjetas estaban en irregularidad) a la vez que destacaron que los sectores dinámicos (Agro y Minería) generan menos del 5% del empleo registrado. En correlato, “el rebote fuerte de diciembre de 2025 dejó un arrastre de aproximadamente +2% para 2026”, anticiparon.

Problema de fondo: el peso de la deuda
Una cuestión central para comprender la dinámica de la economía nacional para por el peso que revisten los compromisos de deuda asumidos. “Desde que asumió el gobierno libertario, se volvió a consolidar el modelo neoliberal que se inauguró en 1976 y que ha tenido reversiones desde ese momento. Este modelo, basado en la toma de deuda externa para la valorización financiera y ya no para la producción, en ese periodo aumentó la deuda externa en un 500%. Por su lado, el modelo de Milei en estos dos años aumentó la deuda bruta en 11% sumando compromisos por USD 46.579 millones”, detalló un documento del Instituto Argentina Grande (IAG). Asimismo, se agregó que “la deuda viene acompañada de niveles de fuga récord: 2025 fue el año con mayor formación de activos externos de toda la serie: USD 32.340 millones”, detallaron. 

De hecho, entre enero de 2024 y febrero de 2026, pese al aumento registrado en las exportaciones, el resultado positivo de la Cuenta de Bienes y Servicios por USD 24.372 millones no alcanzó a compensar siquiera los pagos de intereses de deuda que totalizaron USD 27.248 millones, de los cuales un 24% se destinó al FMI. A eso se suma el drenaje adicional de divisas que tiene lugar a través de la formación de activos externos del sector privado. Entre 2024, 2025 y el primer bimestre de 2026, la cuenta de “Compra-venta de billetes y divisas sin fines específicos del sector privado no financiero” acumuló un total de USD 34.887 millones. 

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