


Sólo un estúpido puede creer que existe un plan ruso para “desestabilizar al presidente” con 280 mil dólares. Esto no es una figura retórica sino una constatación que se corrobora en tiempo real mientras se desenvuelven los acontecimientos. El gobierno salió a denunciar una “Gran Conspiración contra el pueblo argentino”: hay periodistas que cometieron “traición a la patria” por “subordinarse a una potencia extranjera en miras de lograr un desenlace violento”, lo que constituye un hecho de “gravedad institucional inédita en la historia”. En consecuencia, habría que declarar al periodismo “como una organización terrorista” y “perseguirlos hasta las últimas consecuencias”, “hacerlos mierda” y que terminen “todos adentro” por “hasta 25 años de prisión”. Las comillas corresponden, en todos los casos, a mensajes compartidos por Javier Milei en su cuenta de X. Como ya resulta notorio, el presidente no percibe adecuadamente la realidad.


Todo con 280 mil dólares. Es menos plata que lo que vale el departamento nuevo del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, vendido a crédito por dos mujeres de avanzada edad que dicen no conocerlo. Es menos que la suma adjudicada por el Banco Nación a Sharif Menem, de sólo 24 años, y sin otro ingreso en blanco que su sueldo por un cargo político en la cámara de Diputados que preside su pariente Martín. El sueño de la casta propia. Es menos que uno solo de los movimientos entre wallets de Hayden Davis y Mauricio Novelli en los días previos al lanzamiento de Libra. La cifra se vuelve diminuta al compararse con los 130 mil millones de pesos de publicidad que ejecutó YPF el último año, ni los 13.400 millones de pesos que tiene la SIDE para gastos reservados. 280 mil dólares repartidos entre más de veinte medios que van desde Infobae, cuya línea editorial emana de Washington, hasta FM La Patriada, una cooperativa que funciona detrás de un bar en Paternal.
Como regla general: al que repita lo de traición a la patria por esta pavada se lo presume tonto o deshonesto. No son condiciones que se excluyan mutuamente.
1.
“Nosotros no pudimos comprobar y no estamos afirmando que los medios hayan sido comprados o que periodistas hayan sido comprados. Lo que nosotros sí pudimos verificar fue la existencia de una especie de cadena de intermediarios que ya existen, en todo el mundo y acá también, que colocan contenidos en los medios para promocionar a sus clientes o promocionar determinados temas”, explicó Diana Cariboni, la periodista uruguaya que es editora para latinoamérica de Open Democracy y coordinó la publicación. En la misma entrevista, con Radio Sarandí, agregó: “En ningún momento nosotros afirmamos que hay periodistas ensobrados ni pagados por nadie. Eso no está en la investigación y ese no es el objeto de la investigación. El objeto de la investigación es ver cómo hay operaciones encubiertas de muchos lados, no solamente de Rusia. En este caso se trató de Rusia pero la interferencia política de lo que pasa en Argentina viene de muchos lugares”.
En LN+ Cariboni reiteró: “Nosotros no dijimos ni podemos decir que pagaron a periodistas para que escribieran noticias falsas. No tengo ninguna evidencia de que haya habido ni medios, ni editores, ni periodistas que supieran que estaban publicando contenido promocionado por un gobierno extranjero”. La nota deja asentado, en su décimo párrafo, que “los registros incluyen tarifas fijas por la publicación de contenidos en cada sitio web pero no indican si el dinero fue a los medios, a los periodistas o a terceros” y admite que “es posible, también, que estos montos fueran inflados”. Finalmente reconoce: “Nuestra investigación no pudo verificar si se realizaron pagos ni a quién”. Una historia muy distinta al thriller de alto voltaje que desplegó el gobierno, en un operativo coordinado en el que las Fuerzas del Cielo volvieron a lucir todo su despliegue, como hace mucho tiempo que no hacían, un espectáculo destinado a un par de ojos en particular, y no a una sociedad a la que este tema poco le importa, si acaso registra.
El problema es que el show que monta el gobierno, que probablemente sea un intento desesperado de que se deje de hablar de los escándalos que se expanden rápidamente por el elenco oficialista o del evidente malestar económico de la población, y quizás, también, una excusa manufacturada o aprovechada para endurecer el aparato de vigilancia y represión sobre la disidencia política, tiene severas inconsistencias que revelan una trama diferente, como en espejo, en la que la corrupción, el engaño y la injerencia extranjera son moneda corriente, sí, pero en la Casa Rosada. La utilización irresponsable de asuntos internacionales sensibles en una época delicada, con el mundo embarcado en una guerra que puede cambiar en pocos meses la forma en la que vivimos, y la subordinación explícita de la diplomacia, la inteligencia y la defensa nacional a intereses foráneos deberían llevarnos a la pregunta de quiénes, en todo caso, están traicionando a su patria.
2.
Algo huele mal en la línea de tiempo de este caso. De acuerdo a los documentos filtrados a Open Democracy la operación estuvo activa entre junio y octubre de 2024, momento en el que los propios reportes internos de los rusos mencionan que las autoridades argentinas están monitoreando la situación. Cariboni lo ratificó: no hay elementos en la investigación que indiquen que la actividad continuara en 2025. El 18 de junio de 2025 el entonces vocero Manuel Adorni interrumpió tres semanas de silencio convocando una conferencia de prensa, en la que anunció que la SIDE había detectado y desarticulado una célula de cinco espías rusos. A dos los identificó con nombre y apellido, Lev Konstantinovich Andriashvili e Irina Iakovenko, e informó que fueron detenidos. Sin embargo, no hubo detención. Tampoco se inició ningún proceso ni existieron imputaciones contra la pareja. Lo acompañaba la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich.
De acuerdo a una investigación publicada por FOPEA en enero, Andriashvili e Iakovenko abandonaron el país algunos días más tarde, rumbo a San Petersburgo. Las autoridades argentinas no impidieron que se fueran. Lo más llamativo es que ambos regresaron al país, apenas cuatro meses más tarde, en octubre del año pasado. Y en ese momento tampoco fueron detenidos. Resulta llamativo que hayan dejado salir a dos espías después de exponerlos y mucho más que ellos vuelvan a un país en el que sus identidades fueron ‘quemadas’ en conferencia de prensa por el vocero presidencial… y los dejen entrar. También resulta llamativo que el comunicado emitido por la SIDE a través de su cuenta en X el jueves por la noche, hable de “un caso que la Secretaría de Inteligencia ya había investigado y puesto en conocimiento de la Justicia Federal y del Ministerio Público Fiscal en octubre de 2025”. Al día de hoy no hay una causa ni existen imputaciones judiciales.
3.
La filtración de OpenDemocracy tuvo como caja de resonancia su réplica en el portal Chequeado, en una “versión editada”, de acuerdo a la aclaración que figura al pie de la nota. El cambio más relevante es que omitieron, al enumerar los medios mencionados en el documento original, al portal Infobae, muy cercano a la línea de la Casa Blanca, y al diario El Cronista, propiedad de José Luis Manzano. Está chequeado. También es relevante (y público) que el financiamiento de este medio depende, entre otros, de la Embajada Británica, de OpenSociety (soporte principal a su vez de OpenDemocracy) y de varios organismos satélite del gobierno norteamericano, entre ellos la NED, la Dotación Nacional por la Democracia, una organización que declara, explícitamente, entre sus prioridades, el combate contra “la influencia maligna de Rusia y China” en la región. Declaran ingresos por 3.589.721.151 pesos el último año, diez veces más que el supuesto complot ruso.
Cuando uno mira con lupa el consorcio periodístico que trabajó en la filtración encuentra un solo entramado de financiamiento detrás de distintas organizaciones que simulan un ecosistema de diversidad e independencia. OpenDemocracy (Inglaterra) recibe fondos de OpenSociety y la Fundación Ford; Forbidden Stories (Francia) de la NED, OpenSociety y Ford; All Eyes on Wagner (Suiza), financiada por OpenSociety; el Dossier Center (Rusia) es propiedad del magnate Mijail Jodorkovsky, principal opositor ruso en el exilio. Esto no invalida el trabajo periodístico ni las conclusiones que puedan sacarse de los documentos, que, como ya quedó claro, difieren mucho de lo que el gobierno nacional y sus voceros quieren hacerles decir. Pero resulta muy útil recordar que todos los medios tienen una línea, y que nadie puede ser realmente objetivo, y casi nadie a esta altura siquiera lo pretende, pero sí deberíamos exigir un mínimo de honestidad intelectual (no va a pasar).
Este mismo lunes todas las embajadas y consulados de Estados Unidos en el planeta recibieron un mensaje del secretario de Estado Marco Rubio, de acuerdo a una nota publicada por The Guardian. La orden era “lanzar campañas coordinadas contra la propaganda extranjera” y usar a X, la plataforma social de Elon Musk, como una herramienta “innovadora” para esa tarea. “El cable también sugiere que las embajadas y consulados trabajen junto a la unidad de operaciones psicológicas del ejército estadounidense para abordar el problema”, informó el periódico con base en Londres. “Se les dice a las embajadas que recluten a influencers locales, académicos y líderes comunitarios en el extranjero para transmitir mensajes de contrapropaganda, un enfoque diseñado para hacer que las narrativas financiadas por Estados Unidos se sientan localmente orgánicas en lugar de dirigidas centralmente”. La sincronicidad es sorprendente.
4.
Desde hace décadas existe un consenso entre los que estudian la materia de que los conflictos bélicos ya no se libran solamente en el campo de batalla y que la información juega un rol crucial en la faceta cognitiva de la guerra, la que tensiona de manera cotidiana con la organización de las sociedades y las instituciones y con la mente de los individuos. En ese sentido, el problema más importante que tenemos ante nosotros no son un par de rusos que montaban modestas operaciones de desinformación; ni siquiera las estructuras de inteligencia varias magnitudes más grandes que ésta, de distintos orígenes, operando en territorio argentino e infiltradas en instituciones poderosas; nadie puede culpar a un país por desplegar los recursos que puede y quiere permitirse para proteger sus intereses más allá de sus fronteras, en un mundo quiérase o no globalizado; el problema más importante es que quienes deberían cuidarnos de eso no lo hacen.
Esos son los verdaderos traidores a la patria. Esta semana el presidente utilizó el acto del 2 de abril para respaldar a Adorni, su jefe de gabinete que pasó de mendigo a millonario en sólo dos años de función pública. Martín Menem, después de ese acto, dijo en una entrevista que estaban conmemorando “el desembarco en el ochenta y pico”. No se puede gobernar un país que no te interesa. No se puede gobernar un país que no conocés. No se puede gobernar con las manos en los bolsillos. Son saqueadores que rapiñan los cajones mientras le entregan a otros la llave de tu casa. En la semana de Malvinas Milei decidió avanzar con el permiso para que se reactive el radar de LeoLabs en Tolhuin. Se trata de un dispositivo de uso dual, civil y militar, a menos de 600 kilómetros de Malvinas, en manos de una compañía de capitales ingleses que brinda servicios al ministerio de Defensa británico. El Puerto de Ushuaia sigue intervenido; la decisión se tomó en Washington.
5.
La peor traición, sin embargo, es meternos en una guerra que no es nuestra. La decisión de expulsar del país al principal representante diplomático iraní, tras declararlo persona no grata, es poco menos que un acto de guerra, en un contexto en el que son los socios de Milei, Estados Unidos e Israel, los que corren los límites para normalizar el ataque a infraestructura y población civil. El resultado de esa traición nos pone en riesgo a los 48 millones de argentinos. Resulta curioso que los mismos que aseguran que estamos en guerra con Irán por dos atentados que nunca pudieron esclarecerse a causa de un encubrimiento del que participaron Estados Unidos e Israel, dicen al mismo tiempo que hay que ser amigos de Inglaterra, que ocupa un tercio de nuestro territorio, de Estados Unidos, que sostiene y se beneficia de esa ocupación, y de Israel, que saca provecho explotando recursos en territorios ocupados. No se puede gobernar un país que no te importa.
Por Nicolás Lantos / El Destape
























