El problema que tuvo que afrontar el marxismo a partir de su emergencia moderna fue una profecía, una verdadera anticipación sin conocer nada de la realidad política posterior.
El dilema expresado en el Manifiesto fue el siguiente: o el capitalismo moriría de sus propias contradicciones, posición más bien hegeliana, que pensaba que la estructura del Capitalismo era portadora del germen de su destrucción o que el Capital era una máquina con una capacidad de incorporar todo tipo de crisis, guerras, estallidos sociales y continuar su reproducción ilimitada.
A partir de este dilema surgieron las distintas corrientes del Posmarxismo donde Laclau, gracias a su lógica hegemónica, sigue brillando con una luz especial.
El Posmarxismo, inventado por Laclau, consiste en pensar que el capitalismo no es la realidad última del ser humano, a pesar de que la imaginación política actual no pueda ofrecer ninguna otra alternativa.
El intento mayor de Laclau fue pensar lo político justamente cuando carecía ya de fundamento el socialismo que nos esperaría en el futuro.
La lógica hegemónica ofrece una metodología al servicio de aquellos proyectos que se proponen alcanzar la igualdad y que no desconocen los obstáculos reales que existen para las políticas en esta hora mundial de la escalada ultraderechista.
Ha sido un gran error hacer coincidir a los movimientos nacionales y populares con las tesis laclausianas. Puede haber sido un referente, una fuente de inspiración, pero su obra excede a aquellos movimientos históricos. También fue un error oponer el peronismo al Posmarxismo.
Laclau es el verdadero inventor del Posmarxismo y sus tesis sobre las “cadenas equivalenciales” pueden ser muy útiles para tratar con más rigor las alianzas del peronismo y también para la izquierda, si quiere ser algún día algo más que el progresismo del antiperonismo.
Por último, el error de comprensión más grande es el que afirma que Trump, Milei, Bukele, Abascal, Le Pen, etc., son populistas de derechas. Este error es cometido a menudo por Zizek quien se vale de cierta confusión de Laclau en este punto.
Es totalmente cierto que hay que reinventar las prácticas políticas de tendencia igualitarias. Esa reinvención exige, como sucedió con las grandes transformaciones históricas, tener una relación más seria con la teoría.























