







Cuando quedan semanas para que comience de manera formal el debate del proyecto de reforma laboral, y después de mencionar la posibilidad de negociar aspectos clave con distintos actores, el Gobierno le cierra la puerta a uno. Nada más ni nada menos que a la CGT, hoy férrea critica de la iniciativa.
En el oficialismo no cayeron bien ciertos gestos de la central obrera en las últimas semanas, como el comunicado contra el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 941/2025 que modificó la estructura de la Secretaria de Inteligencia del Estado (SIDE). A ese gesto se le sumaron en las últimas 24 horas una serie de declaraciones del ala dialoguista de la calle Azopardo cuestionando en duros términos el texto.
Aparecieron en escena dirigentes que suelen tener contacto con referentes de La Libertad de Avanza, con canales de diálogo aceitado inclusive. Pero que, ante presiones internas y externas, tuvieron que endurecer su postura contra el proyecto clave de la administración Javier Milei.
Por eso, para Balcarce 50, la CGT se encuentra en un costado del cuadro, sin posibilidad de consulta sobre artículos que le interesan del texto, como el 161, que reduce la contribución patronal destinada a las obras sociales sindicales del 6% al 5%. Un cambio que, para los caciques gremiales, implica en los hechos un desfinanciamiento directo del sistema de salud laboral. “Las estimaciones oficiales indican que esta rebaja representa una pérdida de entre 679 y 700 millones de dólares anuales, equivalentes a aproximadamente el 0,1% del PBI”, detallaron.
Es más: desde despachos oficiales agregan que el movimiento obrero está en una especie de “penitencia” por tiempo indeterminado. En el núcleo sindical son conscientes del escenario. Y afirman, ante la consulta de PERFIL, que la relación atraviesa su peor momento, que ya no pueden esperar ningún gesto libertario a esta altura. Las únicas apuestas pasan por tejer vínculos con los gobernadores y que sus legisladores bloqueen el proyecto y que la movilización que puedan realizar en las calles genere la presión necesaria para que el texto no avance en el Parlamento.
Hay otra opción que comenzó a barajar la CGT y que en el oficialismo desestiman: concretar un paro nacional. Cristian Jerónimo, secretario general, no lo descarta. En declaraciones radiales mencionó que la central obrera ya desplegó una estrategia política y comunicacional para generar conciencia social sobre el alcance de la reforma laboral, utilizando tanto el trabajo territorial como las redes sociales. Y anticipó que agotará todas las instancias institucionales, aunque dejó en claro que, si no hay respuestas, el Consejo Directivo evaluará los próximos pasos: “No se descarta nada”.
Fuente: Perfil






















