


Vaca Muerta y el "efecto Venezuela": del shock de precios a la amenaza de perder la zona de paz
Actualidad - Nacional06/01/2026




La captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, de parte de Estados Unidos, no solo reconfiguró el tablero geopolítico regional en el arranque de 2026; también agitó las aguas para el futuro de Vaca Muerta, que espera un año de transición hacia la exportación masiva, ahora, con un escenario más exigente. Para la industria energética local, el desenlace en Caracas es un arma de doble filo. Ofrece una ventana de liquidez inmediata si el crudo mantiene una alta volatilidad, pero amenaza con desmantelar el principal argumento de venta del GNL argentino: la estabilidad de una región sin conflictos.
A corto plazo, la incertidumbre geopolítica y el retiro momentáneo de los barriles venezolanos podrían sostener o elevar el precio del Brent. Para las petroleras es una variable clave en el escenario de un break even financiero que ya roza los USD 60 por barril, en un contexto de fuerte endeudamiento para obras de infraestructura y ante la necesidad de un precio internacional alto para repagar los USD 2.000 millones en Obligaciones Negociables (ON) que el sector colocó poselecciones.
La luz amarilla se enciende en el mediano plazo. Si la estrategia de seguridad nacional de Donald Trump cumple su objetivo de inundar el mercado con crudo pesado venezolano para bajar los precios, la competitividad de los proyectos argentinos entraría en zona de riesgo justo cuando el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) esté listo para despachar, a fines del 2026.
La competencia por el capital
El director de Aleph Energy, Daniel Dreizzen, advirtió a PERFIL que un aumento del commodity “aceleraría inversiones” en la cuenca neuquina, mientras que si el precio baja, el efecto es la ralentización. "Hoy se invierte en exploración y producción de petróleo y gas más o menos 14.000 millones de dólares. Para desarrollar Vaca Muerta más rápido vas a necesitar el doble, incluyendo los proyectos de gas licuado", sentenció. Es decir que si las grandes empresas energéticas vuelven a mirar al Caribe, Argentina podría ver un menor flujo de capitales al necesario para duplicar su apuesta.
Empresas energéticas consultadas coincidieron en el primer diagnóstico: “Un mal escenario es que el precio baje, pero a corto plazo no hay impacto. Hay que seguir”, resumió una fuente del sector. Para los ejecutivos que proyectaban el 2026 como un esfuerzo de resistencia financiera, el contexto ahora es de mayor incertidumbre. Vaca Muerta deberá pelear por inversiones no solo contra el shale de Texas, sino contra la promesa de reconstrucción de la mayor reserva de petróleo del mundo.
El fin del "activo intangible"
Más allá de los precios, un informe de la consultora Paspartú destaca un daño colateral estratégico que golpea la línea de flotación de los proyectos de GNL. Hasta el domingo pasado, Argentina "vendía" su gas al mundo destacando que Sudamérica es una "zona de paz", libre de los riesgos bélicos de Medio Oriente o los bloqueos de Europa del Este.
"Un conflicto en Venezuela eliminaría este atributo. Sudamérica dejaría de ser vista como una zona segura, lo que afecta la percepción de riesgo de los inversores", detalla el documento. Los offtakers (compradores de gas a largo plazo) valoran que los cargamentos argentinos no crucen chokepoints (estrechos peligrosos). Si la región entra en el radar del conflicto global, el GNL de Vaca Muerta pierde su diferencial de seguridad geopolítica, complicando el cierre de contratos a 20 años.
La lectura del mercado
En la City porteña, la reacción inicial fue de cautela. Gustavo Araujo, head of research de Criteria, explicó que el mercado apostó rápidamente a la reconstrucción, con subas del 5% al 10% en acciones de empresas de servicios petroleros estadounidenses como Halliburton o Chevron, que serían las encargadas de levantar la infraestructura de PDVSA.
"Los bonos soberanos venezolanos subieron más del 25%, pero lo interpretamos más como apuestas tácticas y especulativas que como inversiones sustentadas en fundamentos", señaló Araujo. Y agregó: "El precio internacional del petróleo, sin embargo, permaneció prácticamente inalterado. Esto sugiere que el mercado ya descontaba algún tipo de desenlace político y que una recuperación significativa de la producción venezolana llevará tiempo. Reconstruir capacidad extractiva, infraestructura y capital humano es un proceso de varios años, muy lejos aún de los niveles históricos previos a la crisis".
El analista marcó además un trasfondo que excede al barril: la disputa por los minerales críticos. "La acción estadounidense puede leerse como una señal de disputa estratégica con China en América Latina", advirtió, apuntando al control de las tierras raras venezolanas, hoy dominadas por Beijing.
Por Eugenia Muzio / Perfil
























