Corrupciones y miserias del modelo mileísta

Actualidad30/08/2025
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Tenía que ocurrir: al Rey (León) se lo ve desnudo, atrapado en la ciénaga de la inmoralidad pública.

Milei, su gobierno y su narrativa violenta y descalificatoria se desbarrancan en franca descomposición. Su plan económico antipopular y antinacional y su mito del déficit fiscal hacen agua. El ataque al Parlamento fracasó. Para el mileísmo, cada sesión de las Cámaras se transforma en un infierno. Aquel “nido de ratas”, como gustaba regodearse el Presidente, demostró que a pesar de las defecciones de los partidarios de otorgarle gobernabilidad a la ultraderecha; es un reducto democrático que se nutre de tradiciones e identidades populares y del eco del pueblo en cada distrito, asumiendo la defensa de derechos sociales y culturales atacados por el contubernio de la ultraderecha. 

Se va terminando aquella idea penetrante, propia de los momentos de derrota, consistente en una suerte de lógica básica: “se diga lo que se diga, y se haga lo que se haga, al gobierno no le importa nada. Seguirá para adelante aplicando e instrumentando sus decisiones contra viento y marea”. La consecuencia de esa mentalidad es que ningún argumento, acción social y política, ni lucha, tienen sentido.

En el plano de la economía también se vive un tembladeral. El Presidente y su superministro, rey de las finanzas, están empantanados en una crisis de su propia lógica del modelo monetario “anti-inflacionario estabilizador”. El apretón financiero del último mes, no logra más que acentuar la recesión, baja del consumo de los trabajadores y de las clases medias, tasas de interés confiscatorias, caída de la actividad productiva y continuidad de la política de reducción de los salarios, jubilaciones y los servicios del Estado: salud, educación, obra pública y apoyo a las provincias.

Este accionar político no trepidó en ajustar a las discapacidades, al Hospital Garrahan, a la comunidad universitaria y científica, a los organismos de la cultura, de derechos humanos y todo lo concerniente a la defensa de la igualdad de géneros. El cuadro de la coyuntura se completa con la emergencia pública de una nueva e inocultable situación de corrupción en la cúspide del mileísmo, que exhala un tufo nauseabundo, inficionando toda la acción e imagen gubernamental.

El nuevo escándalo, que vuelve a tener epicentro en el “jefe” Karina Milei, hermana y persona de sostén y de máxima confianza del Presidente; impacta en el corazón de una de las principales narrativas del discurso “anarco libertario” contra la casta. Sabemos que en realidad se trata de un rótulo artificioso, ya que no tiene nada de aquellos valores de los luchadores anarquistas, y mucho menos de la auténtica idea de Libertad, nacida en la Revolución Francesa, y tomada y recreada por nuestros patriotas. En este caso, no se trata de una criptomoneda internacional pergeñada y operada por ignotos “criptoboys” norteamericanos y coreanos. Es la más vulgar de las corruptelas de funcionarios públicos que coimean, con el agravante de que lo hacen con fondos destinados a discapacitados. Son corruptos y depravados.

El Presidente guarda un silencio cómplice, que muestra su miedo, desconcierto y, particularmente, insensibilidad. Solo su jefe de Gabinete, Guillermo Francos, salió a hablar: “no pongo las manos en el fuego por ningún funcionario”. Un “Poncio Pilato” de cabotaje, que además exhibe la más elemental ausencia de lealtades y solidaridad. A los pocos días, se retractó, dijo que pone las manos en el fuego por todos. Dicen que ese es el hombre serio del gabinete.

Milei explotó el discurso anticasta, como instrumento ideológico cultural, centrándose en la prédica de la anti política instalada durante décadas por los grandes capitalistas mediáticos. En la coyuntura de los últimos tiempos, medró con la desesperanza sembrada por gobiernos de derecha, como el macrismo y sus políticas de ajuste al pueblo; y también de gobiernos populares que no tuvieron la determinación de plantarse ante el poder económico mediático, en pos de satisfacer las imperiosas demandas de los sectores vulnerables y de las clases medias, a los que debió representar.

La ruptura de la creencia en el discurso presidencial es notoria. Se desnuda una degeneración moral y política de quienes prometieron al pueblo que el ajuste lo pagaría una “casta” de políticos corruptos, que se enriquecieron con la asignación del gasto público a las cuestiones sociales, educativas y la inversión en obras. “Chan-chan”, diría Tato.

Lo que viene sucediendo en el Congreso, donde Milei sufre derrota tras derrota, es un signo clarísimo de pérdida de hegemonía en sus alianzas con las derechas parlamentarias. Un dispositivo político que entrecruzó afinidades ideológicas con disciplinamiento vía extorsión presupuestaria. Mediante este accionar político, para el cuál dejó al país sin la Ley de Presupuesto, fue instrumentando el ajuste al pueblo, destruyendo el estado social, avasallando derechos ciudadanos en todas las áreas de la vida. Tuvo como sustento legal las facultades que le delegaron a un Presidente que se autodefinía como despótico; no se derogó el Decreto desregulatorio 70/23 y le votaron la Ley Bases, incluyendo su RIGI neocolonial.

Sin embargo, habría que concluir que en diversos sectores del pueblo permanecen prejuicios y disconformidades con las propuestas políticas y electorales populares, ya que se instalaron asentados en frustraciones, desesperanzas y falta de soluciones a sus demandas.

La unidad política electoral es una condición excluyente, sin la cual no se puede aspirar a construir un triunfo electoral; pero además, debiera ser la base para ir conformando un programa de reformas que tenga definiciones firmes en defensa de la soberanía política y económica, particularmente de nuestros recursos naturales, industriales y científicos, y coloque al trabajo decente como factor social y humano, a partir de lo cual se unifique y dinamice el tejido socio-cultural y la perspectiva de pertenencia a un colectivo nacional, sustentado en su historia, su cultura y el porvenir de sus ciudadanos/as.

Y junto a la tarea del momento de militar el voto con entusiasmo en las campañas en ciernes; se debe diseñar la construcción de un bloque político-social que saque a nuestro país de la actual encrucijada de decadencia, y la encauce hacia una salida democrática que reivindique la vida del pueblo.

Por Juan Carlos Junio * Secretario General del Partido Solidario y presidente del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos. / P12
 
 
 
 
 
 
 
 

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