Houston, estamos en problemas

Actualidad 27 de marzo de 2024
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El gobierno de La Libertad Avanza encabezado por su Presidente Javier Milei ha señalado que uno de los objetivos fundamentales que se propone es la lucha contra la inflación y que, para eso, una de las cuestiones irrenunciables será eliminar el déficit fiscal. Según su interpretación, el origen de la inflación se encuentra en el financiamiento monetario por parte del Banco Central al desajuste entre lo que el gobierno recauda y lo que gasta. A tal fin, se ha propuesto realizar un ajuste de 5,2% en el déficit del Tesoro y del 10% en la hoja de balance del Banco Central, reduciendo los pasivos remunerados para eliminar lo que se conoce como déficit cuasi-fiscal. El ajuste en el presupuesto se puede realizar o bien aumentando los ingresos o bien reduciendo los gastos. Al haber sido rechazada en el Congreso la ley Ómnibus que contemplaba un aumento de los ingresos fiscales a través de retenciones adicionales, blanqueo de capitales, moratoria impositiva y reversión de ganancias, prácticamente todo ese ajuste recayó en estos meses de gobierno en el gasto público –excepto por el aumento del impuesto PAIS que pasó de 7,5% a 17,5%–, y así es como asistimos al brutal ajuste por licuación y motosierra de jubilaciones y pensiones, transferencias a provincias, paralización de obras públicas, etc. 

Escuela austríaca o teoría cuantitativa

Los libertarios anarco-capitalistas se dicen partidarios de la escuela austríaca de Economía (Menger, Böhm Bawerk, Mises, Hayek, Rothbard, entre otros) pero resulta que, cuando se trata de explicar la inflación, lo hacen sobre la base de la teoría cuantitativa o monetarista del dinero (Hume, Ricardo, Fisher, Friedman). Para los monetaristas, el aumento de la cantidad de dinero por encima de lo que crece la economía “real” provoca el aumento general de precios. Si la economía está “a pleno uso de los recursos”, al aumento de M (cantidad de dinero) se traslada enteramente a P (producto real x precios). Esta relación, afirman, está corroborada por los estudios empíricos: con un cierto retraso, los precios siempre aumentan luego del aumento de la cantidad de dinero. Ahora bien, esto no se condice con lo que plantean los “austríacos” ya que, de acuerdo con esta corriente, el aumento de la masa de dinero no actúa sobre el nivel general de precios, sino sobre la tasa de interés, lo que lleva a cambios en la inversión y en la estructura de la producción, dando lugar al ciclo económico con cambios en los precios relativos (Hayek, Prices and Production, 1931).

O sea, para la escuela austríaca el nivel general de precios no tiene por qué verse afectado por el aumento de M. Por eso Hayek criticó la ecuación de Fisher (masa de dinero x velocidad = precios x transacciones), que es la referencia obligada de la teoría cuantitativa.

Con relación a la evidencia empírica, Hayek señala que el método estadístico (que es un pilar en la teoría de Friedman) no es el apropiado para establecer relaciones entre las variables económicas, pues éstas no son por sí mismas una prueba de corrección. Sostiene que las magnitudes agregadas no influyen en las decisiones de los individuos, y por lo tanto no pueden establecerse relaciones de causa y efecto entre variables como M y nivel de precios, como hace la teoría cuantitativa. Lo importante según Hayek son los fenómenos individuales. En cambio, los monetaristas –y Friedman en especial– basan todo su planteo en investigaciones empíricas de las relaciones entre agregados.

Si bien, como dijimos, la teoría cuantitativa nos dice que el aumento de la masa monetaria se traslada con un cierto “lag” a la inflación, nos podemos preguntar: ¿Cuál es la masa o agregados monetarios para tener en cuenta? ¿Lo que se conoce como M1, M2, M3? [1] Y si, además, en la economía circulan otras monedas (por ejemplo, dólares), ¿también es masa monetaria? La dificultad para definir conceptualmente al dinero y para definir cantidades ocurre en una teoría que ha hecho de la cantidad la base para dar explicaciones sobre la inflación. Es que, según esta visión, el valor de los bienes y el poder de compra del dinero se determinan en la circulación por comparación de cantidades en el mercado. Así, según Fischer, el poder de compra del dinero depende sólo de su cantidad, al revés de lo que ocurre con el resto de las mercancías: “Por lo tanto, la teoría cuantitativa del dinero se basa en última instancia en la peculiaridad fundamental que sólo el dinero posee, el hecho de que no tiene poder de satisfacer necesidades humanas, excepto el poder de comprar cosas que tienen tal poder” (Irving Fischer, The Purchasing Power Of Money). La dificultad para definir conceptualmente al dinero se origina en la formula simplista y reduccionista que nos dice que precios y poder de compra del dinero se establecen en el mercado por mera comparación cuantitativa.

Emisión monetaria y déficit fiscal

Como ya señalamos, la teoría cuantitativa afirma que toda emisión monetaria que supere el crecimiento del producto conlleva el aumento de precios. Sin embargo, no tiene por qué ser así. Por empezar, la creación de dinero bancario o dinero endógeno, a partir de la actividad económica, no tiene por qué ser un factor inflacionario. Los instrumentos de crédito que sirven como medios de circulación (pagarés, cheques posdatados, tarjetas de crédito, letras de cambio y otros) ahorran la circulación del efectivo, que además es medio de pago último. Por otra parte, cuando la emisión del dinero por parte del Banco Central se hace contra respaldo sólido, es decir sus reservas, no hay razón para que el dinero se desvalorice. Es el caso de un país con superávit en la balanza de pagos y cuyo Banco Central emite dinero contra divisas fuertes.

Tenemos entonces que ver qué pasa en la relación entre déficit fiscal e inflación. Si el déficit se cubre con deuda pública, no hay efectos inflacionarios; si el déficit fiscal es cubierto con emisión sí se generan efectos inflacionarios. Pero no porque aumente la cantidad de dinero con respecto a la masa de mercancías como dicen los monetaristas, sino porque aumenta la cantidad de dinero respecto a su respaldo en la moneda fuerte (dólar, oro, euros). El aumento de dinero parece verificar la teoría cuantitativa, ya que los precios aumentan, pero aumentan porque están expresados en el signo que representa menos valor con relación a su respaldo. Es una comparación entre el dinero de curso forzoso emitido por el Estado y el valor del activo que actúa como respaldo (las reservas del Banco Central); esto es, aumenta la relación entre el pasivo o deuda del banco que emite respecto de las reservas en divisas fuertes que tiene en su activo.

También es un error como sostienen los monetaristas que la pérdida del valor del dinero se debe pura y exclusivamente a la monetización de los déficits fiscales. En particular los flujos de capitales y las variaciones del tipo de cambio con su incidencia en los precios juegan un papel indudable, que debe ser analizado en cada caso concreto. 

Teoría versus realidad

La proyección de la inflación de marzo (después de conocido el dato del 13,2% de febrero, calificado como un “numerazo” por Javier Milei) parece haber encendido algunas preocupaciones en el gobierno libertario. Haciendo gala de las contradicciones a que nos tiene acostumbrados el Presidente, por un lado asegura que el Estado no debe interferir en los mercados y que los monopolios no son un problema, pero por el otro envía a su ministro Luis Caputo a intervenir en la formación de precios. No se entiende por qué, si la emisión monetaria para financiar al Tesoro se ha eliminado como consecuencia del superávit del Tesoro, y si además los agregados monetarios han caído bruscamente con relación al PBI producto de la devaluación del 118%, sumado a que el Banco Central está acumulando reservas, es necesario que el Estado intervenga.

“Creemos en la libertad de precios”, afirma Milei, y sin embargo cuando la realidad no se ajusta a su teoría ordena la intervención del Estado para impulsar la “competencia”.

Así, el ministro Caputo se reunió con empresarios y supermercadistas para acudir a la “responsabilidad social empresaria” y pedirles que morigeren los aumentos de precios de alimentos y bebidas, medicamentos y otros artículos de primera necesidad, porque no estaban en consonancia con la realidad macroeconómica. Repitiendo experiencias ya probadas durante la gestión de Martínez de Hoz en la última dictadura cívico-militar y de Cavallo durante la convertibilidad, se propone la importación de alimentos y otros productos con beneficios fiscales y cambiarios para competir con la producción interna, desconociendo que, seguramente, el efecto sustitución será aprovechado por los mismos oligopolios y empresas con posición dominante –formadores de precios– sin implicar un beneficio real para los consumidores.

 

[1] Base monetaria= Billetes y monedas en circulación + Reservas bancarias en el BCRA.
M1 = Billetes y monedas en circulación + cheques cancelatorios en pesos + Cta. Cte. Sector Priv. y Pub. en pesos.
M2 = M1 + Caja de Ahorro del Sector Priv. y Púb. en pesos.
M3 = M2 + Depósitos del Sector Priv. y Púb. en pesos.
 

 Por Carlos Norberto Pagando / El Cohete

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