Distopia, demencia y resistencia

Actualidad 11 de enero de 2024
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El año 2023 podría haber sido recordado por una anécdota graciosa, un candidato a presidente con una motosierra que hablaba con el perro y prometía dolarizar la economía. El problema no era que el candidato le hablase al perro, sino que, el can le respondía y le aconsejaba qué hacer. La cuestión se complicaba porque además el canino estaba muerto, entonces el candidato, se comunicaba con él a través de un médium. El médium terminó siendo la hermana del postulante, sin embargo, no hay lugar para el lenguaje democrático y nominarla “la médium”, porque el candidato llama a la hermana “el jefe” y dice que es Moisés. Durante la campaña dio cuenta de un fanatismo mesiánico por el libre mercado, al punto de reivindicar la compra/venta de órganos. Aclaró que no se acostaba con la hermana. Invocando a las fuerzas del cielo auguró la libertad y aseguró terminar con la casta y pulverizar al Estado. No se privó de reivindicar a Margaret Thatcher, Ronald Reagan y Winston Churchill como estadistas. Mostró admiración por Juan Bautista Alberdi. Definió a la justicia social como una aberración y expresó su descreencia en la democracia. Sobre el final de la campaña se inquietó sobremanera en una entrevista cordial, por “escuchar ruidos” que provenían del piso. En cada discurso manifestó afecto por “sus hijos de cuatro patas”, clones del perro muerto.

Bueno, la anécdota no fue tal. El candidato ganó las elecciones, es nuestro presidente y nada de lo que sucede es gracioso, salvo para los países del denominado primer mundo, donde se mofan de lo elegido por los argentinos. Fingir demencia está de moda, por cierto, el que finge no es el presidente.

La llegada al gobierno de Javier Milei fue meteórica y sin estructura, no obstante, a las fuerzas del cielo se sumaron las de la tierra. La alianza entre el misticismo, la mafia y las corporaciones avanzó en una propuesta veloz de arrasamiento de la democracia, el patrimonio nacional, los trabajadores, la clase media, la cultura, las pymes, … En una temporalidad fulminante ha realizado una transferencia descomunal de recursos desde los sectores más desfavorecidos hacia los grupos concentrados.

El vértigo y la voracidad de la coyuntura despiertan enigmas acuciantes ¿Las fuerzas del cielo y de la tierra se potenciarán en un régimen autoritario duradero, para cumplir el delirio de quién no finge demencia y, a su vez, servir a los intereses del poder económico-financiero? ¿Las fuerzas de la tierra modelaran a las del cielo o solo apuestan a realizar la mayor cantidad de negociados mientras dure la fascinación de lo esotérico? ¿Qué rol jugará el linaje de la dictadura que anida en ambos componentes de la alianza? ¿El cultor de las fuerzas del cielo, hasta dónde tolerará las inconveniencias de la realidad, incluso las emanadas de sus nuevos socios?

Sectores de la población adscriben a la propuesta de una subjetividad sacrificial en pos de un lejano mañana irlandés. El devenir de la historia dirá: si el final es la lógica desilusión o un novedoso modo de captura psicológica, afín a la inesperada aleación de misticismo y poder. El síndrome de Estocolmo y el “no la ven” del presidente son verdaderos, pero proyectivos.

En quienes no desmienten la realidad, los efectos del arrasamiento material y simbólico son demoledores de la subjetividad. La incertidumbre, la imposibilidad de comprender/creer lo que sucede generan grados de ansiedad y angustia masivas sin precedentes, asociados directamente a la situación político social. La angustia real desborda los consultorios. El impacto del golpe a la democracia y a la economía es social, pero las consecuencias traumáticas inciden en forma singular. 

Tempranos signos de resistencia emergieron con necesidad y urgencia ante el dictado del mega DNU con pretensiones refundacionales del país. En la resistencia se juega la salud y anida la posibilidad de honrar la democracia -saldando deudas inconcebibles de miseria y desigualdad que han posibilitado la distopía del presente- con un porvenir de justicia, libertad, equidad y solidaridad. 

                                              

Por Osvaldo Fernández Santos *Psicólogo-Psicoanalista. / La Tecl@ Eñe

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