La utopía tecnológica de Salvador Allende: el sueño de una «internet socialista»

Actualidad 15 de septiembre de 2023
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En el estudio de mi padre veía yo una imagen, un tanto peculiar, de un hombre al que identifiqué rápidamente en mi juventud como el padre del gafapastismo. Los hípster empezaban a lucir bigotito y esas gafas cuadradas a las que sumaban una camisa totalmente abrochada, a veces con pajarita incluida.

Así descubrí lo vintage. Porque esos tipos me recordaban a mi abuelo Mariano y aquella imagen, serigrafiado el busto sobre una bandera rojiazul con una estrella blanca, era un atajo directo al recuerdo del progenitor de mi viejo, tanto como a esa recién estrenada tribu cultural. Más tarde descubriría la identidad del repeinado individuo con gesto de circunstancia y mofletes de San Bernardo. Era Salvador Allende. Y aunque al tiempo descubriría que muchos de esos gafapasta lo enarbolaban, también me daría de bruces con que muy pocos lo entendían, lo habían leído realmente o, si quiera, hubieran estado dispuestos a llevar a cabo los sacrificios que proponía.

Allende, por más que tuviera ciertos dejes de gauche divine (camisas y hoteles caros, entre otras cosas) fue un político de corte marxista. Muy inspirado por las tesis del español Joan Garcés, el que fuera presidente de Chile desde 1970 a 1973 tuvo el buen hacer cirujano (tal era su profesional fuera de la política) de dar luz verde a propuestas que lo convirtieron en un peligro para muchos poderes internacionales.

Tan incendiaria fue su solvencia, que la CIA no dudó en avivar un golpe de Estado el 11 de septiembre de 1973, ni tampoco en darle matarile y sustituirlo por un títere con apellido de hijo de Gepetto. Su política económica gubernamental, decía Allende, se dictaría por los intereses del pueblo. Las desigualdades que sangraban al vulgo chileno serían cosidas con muchas grapas de distintos materiales, el más sonado; la nacionalización. Y es aquí es donde sale a jugar un fichaje estrella del proyecto allendista: Fernando Flores, la llama de lo que nos trae a esta pieza.

EL INGENIERO Y EL ERUDITO

Flores era director técnico de Corfo (Corporación de Fomento de la Producción) la agencia de desarrollo estatal encargada de llevar a cabo el proyecto de nacionalización, así como un joven ingeniero tan ambicioso y original, como inequívocamente socialista. El mozo (aunque no tanto, pues ya contaba 30 años) tuvo el buen olfato de prever el tifón de percances que el sueño allendista descargaría sobre el país, principalmente en los territorios de la gerencia. La respuesta a los traspiés debía ser instantánea. Cualquier infección que se asentara demasiado podía constituir una golosa brecha para todos aquellos que querían ver el horizonte de un chile dominado por la justicia social, y la redistribución de la riqueza, taconeado hasta ser convertido en casquería. ¿Cómo poner remedio a la accidentada carretera operacional que se desvelaba?

En los años 70, hablar de cibernética era como hablar hoy de transhumanismo. Una ciencia ficción con todas las papeletas de ir convirtiéndose en realidad. ¿Su definición?: “El estudio de los sistemas de comunicación y de regulación automática de los seres vivos que los aplica a sistemas electrónicos y mecánicos parecidos a ellos”. No suena muy católico que digamos, por lo de estar lejos de ser maniqueo y sencillo. Pero, para aclararnos, sería una ciencia interdisciplinar que analiza y desarrolla herramientas con las cuales describir de manera objetiva el comportamiento, principalmente la comunicación, de flujos de energía ligados al control de sistemas… Buf, aun suena un poco pastel. Por desgracia, hay cosas que escapan a la navaja de Ockham y son, paradójica y sencillamente, complejas por naturaleza. La cibernética entre ellas…

Uno de los pioneros en las pantanosas aguas de la operación y la administración cibernética fue Stafford Beer. Este consultor británico de larga barba valle-inclaniana, tomó la cabeza en una carrera, por entonces recién nacida, que consistía en defender la cibernética como: “la ciencia de una organización eficaz”. Ahora no hay empresa o Estado que, de una forma u otra, no nutra sus estrategias internas de aquellos primeros abordajes conscientes de que la clave del beneficio es estar lo mejor organizado posible. Esto pasando totalmente por encima de tecnicismos…

Flores, en tanto que bibliómano confeso, sabía de los devaneos cibernéticos de Beer, recopilados en tomos como “Management Science: The business use of operations research” (1968), al igual que era consciente de su eficacia laboral al haber trabajado antes de su participación en Corfo con la consultora de Beer llamada SIGMA (Science in General Management). Joven y envalentonado, el ingeniero mandó una carta al erudito cibernético en 1971. La misiva obtuvo respuesta. Una respuesta inesperadamente emocionada por parte de Beer, quien vio en el idilio chileno la posibilidad de hacer prácticas sus teorías a nivel de Estado. Encuentro en Londres mediante, Flores le pidió a Beer que le recomendara a alguien para ayudarlo en las complejas lides de la aplicación cibernética en la gestión del sector nacionalizado de la economía chilena. Beer, quien parecía tener un plan desde la primera carta, se propuso candidato.

CYBERSYN, ALLÁ VAMOS…

Noviembre de 1971. Flores y Beer dan el pistoletazo de salida de lo que acabará por conocerse como Syco o Cybersyn. Un proyecto en el que Flores confió tanto que ni tan siquiera informó a Allende hasta una vez avanzado y comprobada su viabilidad.

Aunque, hablando de él a lo loco, tampoco parece panacea alguna ¿no? Un sistema cibernético para organizar un Estado que se las veía y necesitaba de pronto. Ahora, si digo que Cybersyn precedió y coincidió en diversos puntos con ARPANET, la red de donde surgió Internet, ¿qué pasa? La cosa cambia, pues estamos hablando de un proyecto que pudo, de habérsele permitido al gobierno chileno (no hago spoiler si digo que el asesinato de Allende en 1973 acabó con todo) estar a la vanguardia, no sólo de América Latina, sino del mundo. Pero expliquemos un poco más en detalle los pormenores de este sistema tan vanguarsocialista.

En primer lugar, Cibernet (lo del “net” es una abreviatura de network, es decir: red). Cibernet era una red de teletextos en diferentes fábricas de Chile que tenía por objetivo una económica transferencia de información en tiempo real. Desafortunadamente, y si bien Beer estuvo a cargo de su desarrollo, la tecnología disponible en Chile era vetusta y, por tanto, dificultaba una comunicación lúbrica dado los sistemas de procesamiento de la información. Lo cual no quita, dicho esto, que permitiera un informe diario.

En segundo lugar, el plato fuerte; Cyberstride. Cyberstride fue el software diseñado para hacer viable Cybersyn, y su objetivo era procesar la información transformándola en variables predefinidas que generaran informes instantáneos. Estos eran enviados y recibidos por las empresas a través de teletextos (de ahí Cibernet) y procesados por un computador IBM 360.2. De ahí, la información de las múltiples empresas se dirigía a los administradores de Corfo en un formato sencillo que fuese fácil de gestionar.

Por último, el VSM (Viable System Model). El modelo de sistema es una guía de implementación cibernética para el proyecto Cybersyn con tres componentes: el ambiente o entorno de la organización, la operación y la administración. Todo sistema organizado necesita de un modelo semejante para permitir su viabilidad. Al final, como se venía diciendo con anterioridad, la cibernética es pura organización.

Pero Cybersyn necesitaba de un punto neurálgico; de una torre de mando, por así decirlo, que hiciera de zona caliente para la recepción de los distintos informes y su comunicación a los agentes de Corfo. Esta sala, diseñada por Gui Bonsiepese, se llamó Opsroom. En las imágenes 3D de las que se disponen podemos confirmar que era como el puente de mando de una nave espacial en una película de Kubrick, o como un bunker presidencial de la era Reagan. Desafortunadamente, la sala no se hizo realmente operativa, por más que siga siendo uno de los emblemas del proyecto.

LA INGENUIDAD DE LA GENIALIDAD

Cybersyn fue un ambiciosísimo y avanzado proyecto de cibernética que aventajó a muchos otros de gobiernos no-socialistas y que, por lo tanto, provocó el pánico. Su potencial funcionalidad no sólo daba alas a un modelo gubernamental socialista en mitad de la Guerra Fría, sino que ponía en jaque los intereses de grandes corporaciones. Informes oficiales, y ya liberados, dan fe, no sólo de la intervención boicoteadora de Nixon, la CIA y hasta la inteligencia británica, sino también de gigantes tecnológicos como podían ser ITT, quien controlaba el 70% de la compañía telefónica chilena.Porque tanto el allendismo, como Cybersyn, no han de ser tomados cual meros experimentos gubernamentales. Deben entenderse como dudas razonables al orden capitalista establecido en los años 70.

El investigador tecnológico, Evgeny Morozov, afirma en su podcast conmemorativo de los 50 años del golpe de Estado en Chile llamado Santiago Boys (como irónico guiño a los Chicago Boys, pertenecientes a la escuela liberal), que Cybersyn pretendía automatizar al máximo el manejo de la economía chilena pero que, a pesar de discretos “triunfos”, el proyecto hubiera muerto por su falta de viabilidad final. No obstante, esos logros sí hicieron temblar a sus enemigos.

Uno de esos triunfos que dinamitaron los nervios de los anti-socialistas, fue la gestión de la huelga de 40.000 camioneros que dejó seca a Chile durante 26 días en octubre de 1972. Una huelga que, básicamente, era un golpe de Estado, y así se lo trasladó Allende a Flores quien fue encargado de la gestión de la crisis. Gracias a Cybersyn, todavía en pañales pero ya con suficientes piernas como para erguirse y andar unos cuantos metros, Flores logró apañar con 200 camiones leales al allendismo una red de distribución, evitando así una hecatombe de materias primas nacional y salvando el gobierno de Salvador Allende de una muerte prematura de naturaleza… digamos; “interna”

La profesora de ciencia, Eden Medina, hace un seguimiento exhaustivo de la cibernética durante el gobierno de Salvador Allende en su estudio “Cybernetic Revolutionaries”, publicado para la prensa del MIT en 2011. En el extenso texto, del que, sin duda, Morozov ha bebido para su podcast, Medina no difiere de la conclusión del investigador bielorruso sobre la desafección que acabaría por infectar a Cybersyn, pero sí destaca elogiosamente su revolucionario sistema, su ambicioso esquema y reconoce que pudo ser uno de los motivos por los que los poderes capitalistas circundantes se abalanzaron ansiosos sobre Chile para mutilar el allendismo.

Al fin y al cabo, estamos hablando de un gobierno que, aunque encontró un buen número de opositores, estaba logrando, tras unas elecciones democráticas, un sistema socialista eficaz y funcional, e incluso el desarrollo de una tecnología independiente. Un modelo tecnológico más original y competitivo que el del resto del bloque soviético y sus aliados. Y, claro, la tecnología fue una de las herramientas capitales en la carrera que fue la Guerra Fría por designar al sistema económico más propicio, lo que metafóricamente podría entenderse como un chute de adrenalina demasiado conveniente de cara a la viabilidad socialista. De ahí que Morozov aclare, respecto a Flores y Beer, la tremenda ceguera de su ingenuidad, minusvalorando a sus enemigos y despistando las consecuencias de su ensoñación cibernética.Con todo, Cybersyn sigue recordándose hoy como el Internet Socialista y, efectivamente, fue algo parecido. Primigenio, más ortopédico, pero indudablemente prometedor.

Aunque Flores ha declarado muchas veces que no le gusta el término de “Internet Socialista”, pues a diferencia del ARPANET, el suyo no era un proyecto para unir computadoras, sino personas y componentes, en lo que sí coincide es en que se trató de un sueño interrumpido. Un sendero que de haber dispuesto de 4 o 5 años más de desarrollo, ¿quién sabe lo que habría regalado al mundo?

No obstante, Pinochet arrampló con todo, y lo que se auguraba como la utopía funcional allendista se quedó en eso, en una utopía líquida reservada para las páginas de la historia. ¿Podía haber funcionado sin el intervencionismo extranjero? ¿Habría fracasado igualmente? Jamás lo sabremos…

SOBRE LA FIRMA: Galo Abrain

Nota:retinatendencias.com

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