Un futuro para las fuerzas armadas

Actualidad - Nacional 02 de julio de 2022
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De un tiempo a esta parte, las Fuerzas Armadas son en la Argentina aquello que hay que juzgar. Esto es lo que corresponde en el marco de una República democrática, dado que las mismas llevaron adelante el genocidio más aberrante de la historia de la nación. Sin embargo, una nación también implica la necesidad de su defensa, y para ello, las Fuerzas Armadas –además de no incluir genocidas y tener formación en derechos humanos– necesitan uniformes, tanques, helicópteros y espacios para practicar lo que es específico de su función: combatir.

Otra discusión es qué piensa la sociedad argentina acerca de tener Fuerzas Armadas. En el mundo hay  alrededor de treinta Estados sin ejército. La mayoría son islas, países de escaso territorio –Liechtenstein, por ejemplo, mide 160 kilómetros cuadrados, es más pequeño que la ciudad de Rosario–, o guaridas fiscales. Por fuera de estas excepciones, la gran mayoría de los Estados del mundo tienen sus dispositivos para la defensa. Sería interesante, con el dolor que las Fuerzas Armadas argentinas han generado y el consiguiente rechazo general que se adjudicaron después, hacer una suerte de encuesta nacional. Preguntarnos qué ideas y representaciones tiene la sociedad al respecto. ¿Está usted de acuerdo con que la Argentina tenga un ejército? ¿Sabe qué funciones tienen las Fuerzas Armadas? ¿Considera que está bien asignar una parte del presupuesto para la defensa? Sería información útil para pensarnos.

El pasado 2 de abril, en el acto correspondiente a la fecha, la Vicepresidenta Cristina Fernández fue categórica en este asunto: “Se me ocurre que debiéramos también, y en este mundo en donde la energía y los alimentos se han convertido casi en un botín de guerra, prepararnos para revisar y repensar nuestro sistema de defensa. Y no hablo de un sistema de defensa de carácter militar-ofensivo. Para nada. Simplemente quiero que tengamos en cuenta que tenemos la primera reserva de gas no convencional del mundo en Vaca Muerta y la cuarta de petróleo no convencional”.

Con F de futuro

Jorge Luis Bernetti es doctor en Comunicación, profesor en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Es autor del libro La guerra de papel y entre 2005 y 2010 estuvo a cargo del área de Comunicación del Ministerio de Defensa. El Cohete lo entrevistó acerca de la actualidad de la defensa nacional, y dijo lo siguiente: “Estamos viviendo el lapso más largo de la historia argentina moderna en el que no ha habido ningún tipo de pronunciamiento militar. Es un acontecimiento notable. Y por otro lado, en paralelo, ha habido un proceso de enjuiciamiento a los represores, inaudito a nivel internacional. En 2017, con el 2×1, vimos cómo se quiso limitar ese proceso y la respuesta popular fue un enfrentamiento muy grande en la calle. Ahora, ¿qué pensamos sobre las Fuerzas Armadas en el presente en tanto instrumento de defensa del Estado? Lógicamente, los acontecimientos actuales con la guerra en Ucrania ponen estas preguntas en relieve”.

Las Fuerzas Armadas no se pueden escindir de la sociedad. Los militares que las conforman son, cuando salen del trabajo, civiles que se van de vacaciones, miran televisión, organizan cumpleaños de 15 y votan. De modo que las transformaciones profundas que vive el conjunto social tienen su correlato al interior castrense. Cabe mencionar, en este sentido, los enormes avances en materia de género que se han experimentado en las Fuerzas, donde el cambio ha sido abismal. Dice Bernetti al respecto: “Hay mujeres que están en todas las disciplinas militares, en los espacios combatientes, en las armas. Ya no son sólo médicas, abogadas, enfermeras. No. Son artilleras, infantes, infantes de marina, tanquistas, están subiendo en las estructuras de mando. Hay mujeres de las Fuerzas que son Coroneles, mujeres que están a punto de tener la capacidad de mando de una unidad. Todo este cambio importante es un desarrollo abierto que está ligado al acontecer político de la Argentina y por eso en este punto es importante el resultado electoral del próximo tiempo. El poder político depende de quién gana las elecciones, por lo tanto, en función de lo que pase en los comicios venideros, se podría producir un retroceso en el plano de las Fuerzas Armadas, como se vivió durante el gobierno de (Mauricio) Macri”.

Ha costado mucho en la Argentina que las Fuerzas Armadas estén supeditadas al poder político. Antes no lo estaban. Y por eso bien señala Bernetti que los avances que las mismas han atravesado pueden volverse retrocesos en función de lo que pase a nivel gubernamental. Una de las decisiones políticas que afecta directamente la capacidad de defensa de un Estado es el presupuesto que a ello se destina. En este sentido, el ministro de Defensa, Jorge Taiana, ha señalado en reiteradas ocasiones el compromiso de su gestión por lograr la recomposición salarial del sector. Por otro lado, a inicios del gobierno de Alberto Fernández, mientras el Ministerio de Defensa estaba a cargo de Agustín Rossi, se creó por ley el FONDEF, Fondo Nacional de Defensa destinado a financiar el reequipamiento de las Fuerzas Armadas.

Orígenes milicianos

El Ejército argentino fue creado por la Primera Junta cuatro días después de la Revolución del 25 de mayo de 1810. El día 29, Mariano Moreno le ponía la firma a la génesis del instrumento de defensa. El Cohete le preguntó a Bernetti qué de esa matriz original puede acompañar esta re-fundación de las Fuerzas que pareciera acontecer en los días que corren. “Yo creo que de ese primer Ejército tenemos que tomar sus orígenes milicianos y populares, retomar el espíritu de estos vecinos de pueblo que se organizaron para enfrentar a las Invasiones Inglesas”. Cabe aclarar que la creación del Ejército se basó en la institucionalización de fuerzas existentes y se trató del reconocimiento del trabajo de las tropas militares en el proceso revolucionario. Entre otras cosas, se elevaron a regimientos a los batallones que ya operaban. Esos batallones habían nacido en las milicias de vecinos que se habían formado en Buenos Aires en ocasión de las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807. “Esto también es tener memoria, volver a ese 29 de mayo, a esas milicias que enfrentaron un invasor extranjero que hoy está ocupando territorio nacional a 600 kilómetros del territorio bicontinental argentino. Esa base en las Malvinas es una base de Inglaterra, es una base de la OTAN”.

En la misma línea, Bernetti recuerda que casi una semana después de fundar el Ejército, Moreno creaba el 7 de junio un medio de comunicación, la Gazeta de Buenos Ayres. Soberanía armamentística, territorial y de ideas. La historia argentina está ahí con todos sus aprendizajes, aciertos y sombras para quien quiera verla.

Funciones específicas

El pasado 29 de mayo, en la reciente ceremonia por el Día del Ejército, Taiana destacó los operativos Belgrano I y II, que las Fuerzas Armadas llevaron adelante como un hecho central en la lucha contra el Covid-19. Otra de las acciones del último tiempo que las Fuerzas han llevado a cabo en relación a su compromiso como parte del Estado fue el combate contra el fuego en los incendios de diversas provincias y la siembra de árboles nativos. Al respecto, señala Bernetti: “Todo esto es muy importante, pero no hay que olvidar que el Ejército necesita sostener sus funciones específicas. Todo el mundo puede plantar árboles, pero si hay un combate, los que van son exclusivamente los militares. Entonces falta todavía un presupuesto, que el país todavía no está en condiciones de disponer, para la realización de maniobras, y de maniobras conjuntas, de ejercitación. Un Ejército vale por sus armas, pero sobre todo vale por los hombres y las mujeres que saben usarlas”.

Además de la expertise para el uso de las armas, Bernetti dice que importa con qué objetivo político se las usa: “El Ejército, en tanto institución del Estado, debe ser una institución con fines democráticos. El Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas es el Presidente de la República: el único cargo militar que se vota. Desde esta perspectiva es que necesitamos sostener el pasado de una manera presente, y construir un futuro para las Fuerzas Armadas. Ese futuro es que el país necesita un instrumento militar para la defensa, combinado con una política exterior que sea regionalmente coaligada y pacífica”.

Un Cóndor, pero al revés

El Cóndor fue el símbolo que se usó para identificar a la coalición de las dictaduras del Cono Sur, que cooperaron entre sí a fines del siglo XX para instalar en Sudamérica el neoliberalismo y el terror. Al escuchar a Jorge Bernetti, la idea que queda en el aire es que el desafío que el siglo XXI demanda es la articulación también de las Fuerzas del sur, pero con fines pacíficos, democráticos, soberanos. Un cóndor que cuide sus nidos, que es –de hecho– la naturaleza de cualquier bicho. Haberlo utilizado en el sentido opuesto fue una difamación del norte, una distorsión histórica que aún amerita ser remendada: “Cuando se destruyó la Unasur, se destruyó también el Consejo Sudamericano de Defensa, que era la primera alianza, la primera reunión de las Fuerzas Armadas de Sudamérica desde la época de la Independencia, de manera institucional, sin rivalidades, sino como estrategia de defensa continental. Hay que llegar a eso y hay que lograr la independencia desde el punto de vista de la provisión de los armamentos: fabricar los que sea posible a nivel nacional, los que sea posible a nivel regional y en los casos en los que haya que comprar afuera, que sea con la libertad de usarlos de manera autónoma”.

Sucede que la compra de armamento militar suele estar asociada a condiciones que pone el proveedor, de modo que el país que compra no es del todo libre para usar eso que adquirió: “Por ejemplo, la Argentina no pudo usar los misiles Exocet en un determinado momento de la Guerra de Malvinas porque Francia –que se los había vendido a la junta militar– se lo prohibió. En el territorio del futuro hay que comprar, pero liberándonos de estas condiciones”. Sostiene Bernetti que en el año ’55, por ejemplo, a la Argentina la llenaron de aviones estadounidenses para detener la producción del famoso Pulqui, que fue  un avión a reacción diseñado y construido por la industria nacional hacia 1947. Fue el primer avión de este tipo en fabricarse en Latinoamérica, y su producción estaba a punto de poner a la Argentina en condiciones de tener su propio avión de caza. De esto se habla cuando se invoca el concepto de soberanía. Y de ahí la trascendencia de espacios como el Consejo Sudamericano de Defensa, porque en un mundo beligerante y capitalista, la independencia se construye de manera colectiva. Si no, miremos el Ni Una Menos. Alguien podría decir: “¿Qué tiene que ver?” Todo.

Esta nota está llegando a su cierre en la tarde del 3 de junio, mientras miles de mujeres se preparan para encontrarse en la calle. Una de las violencias más antiguas y anquilosadas está siendo combatida, y ese logro tiene que ver con que se la enfrenta de manera mancomunada. Esto aplica a las libertades en general, que es menester consolidar. Sin el movimiento de mujeres, una mujer en su lucha individual no logrará derrotar al patriarcado. Y sin la potencia del conglomerado sudamericano, la Argentina no puede enfrentar las bestias que la acechan. De ahí la importancia de levantar, en la Cumbre de las Américas que comienza mañana en Los Ángeles, las banderas de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Como sintetizó la máxima de que los números tienen que cerrar con la gente adentro, las negociaciones tienen que cerrar con América Latina toda, adentro también.

Los Pulquis por venir

Vale pensar que ese Pulqui, cuyo desarrollo representaba tanto para la Argentina, llevaba en su nombre la identidad profunda de estas tierras. “Pulqui” es un término mapuche y significa flecha. Qué simbólico que este primer avión que el norte no dejó prosperar remitía en el lenguaje a los pueblos originarios. “Tenemos que trabajar en la producción industrial nacional, trabajar en el ambientalismo, sumarnos a las políticas de género y a una política federal. Hacer unas Fuerzas Armadas cuyo color sea más parecido al color del país, que no es solamente blanco: es blanco, es marrón; y en esto hay un componente de clase y un componente racial que también debe ser enfrentado”. Bernetti cerraba sus respuestas como si supiera el derrotero que iba a tomar este texto. Unas Fuerzas Armadas cuyo color sea más parecido al color del país son Fuerzas que vuelen en los pulquis por venir, y que no disparen desde sus aviones contra las comunidades como pasó en Napalpí, sino que las protejan en tanto se sientan parte indisociable de ese pueblo al que deben defender.

Manuela Irianni

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