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title: "Meta, el cáncer de la democracia"
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date_published: "2026-10-28T01:13:00-03:00"
date_modified: "2026-10-27T16:14:12-03:00"
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# Meta, el cáncer de la democracia

Lo que ha pasado en Brasil durante las últimas elecciones presidenciales debería servir para que dejásemos de una vez de considerar a Meta como una simple empresa tecnológica. [Diversos medios brasileños han comprobado y publicado](https://www.cnnbrasil.com.br/eleicoes/entenda-a-acusacao-da-campanha-de-lula-contra-a-meta/) que la inteligencia artificial integrada en WhatsApp se negaba a generar imágenes electorales de Lula con el número 13 que identifica su candidatura, mientras aceptaba peticiones equivalentes para Flávio Bolsonaro con el número que identificaba la suya, el 22. Y lo más escandaloso es que [la discriminación continuó incluso después de que Meta anunciase haber corregido el problema](https://www1.folha.uol.com.br/poder/2026/10/ia-da-meta-diz-ter-tomado-medidas-mas-continua-criando-imagens-sobre-flavio-e-nao-sobre-lula.shtml). ¿Un error técnico? Es posible, aunque en absoluto probable. ¿Una interferencia potencialmente gravísima en un proceso democrático? Eso, sin ningún género de duda.

Pero la cosa tampoco termina ahí: [la campaña de Lula denunció ante la justicia electoral](https://noticias.uol.com.br/eleicoes/2026/10/14/campanha-de-lula-aciona-tse-e-acusa-meta-de-restringir-alcance-de-conteudo.ghtm) que sus publicaciones y anuncios en Instagram sufrían restricciones «inexplicables», mientras que los contenidos favorables a Bolsonaro obtenían, «casualmente», una difusión desproporcionada. Las denuncias llegaron incluso a [observadores electorales internacionales](https://www.cnnbrasil.com.br/eleicoes/campanha-de-lula-apresenta-falhas-da-meta-a-observadores-internacionais/), y el Tribunal Superior Electoral ordenó a Meta garantizar un tratamiento equitativo de ambas candidaturas, bajo amenaza de multas de medio millón de reales diarios. Algunos empleados de Meta [señalaron este trato desigual en tiempo real](https://www.linkedin.com/posts/paulwalsh_interesting-difference-in-how-the-bbc-and-ugcPost-7520427577669296129-jfv4/) y elevaron el asunto: posteriormente, la empresa ofreció diversas excusas técnicas que no coinciden con las fechas ni con el hecho de que la campaña de Bolsonaro siguiese utilizando las mismas herramientas a las que Lula no tenía acceso. El resultado, independientemente de cuáles fueran las intenciones de Meta, fue un tratamiento profundamente desigual de dos candidaturas presidenciales, algo que ninguna democracia debería aceptar en una plataforma con semejante capacidad de influencia.

¿Nos sorprende? Deberíamos recordar de qué [basura de empresa](https://www.enriquedans.com/tag/meta) estamos hablando: ¿[Cambridge Analytica](https://en.wikipedia.org/wiki/Cambridge_Analytica) y sus 87 millones de perfiles [obtenidos sin consentimiento y utilizados para propaganda política personalizada](https://www.theguardian.com/technology/2026/oct/21/meta-fined-new-mexico-data-privacy-case) nos dice algo? O [Myanmar, donde Amnistía Internacional documentó](https://www.amnesty.org/es/documents/asa16/5933/2022/en/) que los algoritmos de Facebook amplificaron discursos de odio contra la minoría rohinyá, contribuyendo a crear las condiciones para verdaderas atrocidades masivas. O incluso [España, donde la Agencia Española de Protección de Datos tuvo que intervenir](https://techcrunch.com/2024/05/31/spain-bans-meta-from-launching-election-features-on-facebook-instagram-over-privacy-fears/) para impedir determinadas funcionalidades electorales que amenazaban la privacidad de los votantes.

Podríamos añadir, y no es sobre Meta, el caso de [Rumanía, sobre el que ya escribí en diciembre de 2024](https://www.enriquedans.com/2024/12/la-muerte-de-la-democracia-el-caso-de-rumania.html), cuando la primera vuelta de unas elecciones presidenciales terminó anulada entre acusaciones de manipulación a través de TikTok. En aquel momento ya advertía del peligro de unas plataformas cuyos algoritmos podían convertir la propaganda y la desinformación en armas de manipulación electoral. Lo que vemos ahora en Brasil añade otra dimensión al problema: ya no se trata únicamente de lo que determinados actores políticos consigan hacer utilizando esas plataformas y pagando por sus servicios, sino también de cómo las propias plataformas deciden qué herramientas funcionan, para quién y en qué condiciones. ¿De verdad vamos a seguir dejando algo tan importante como la integridad de unas elecciones en manos de empresas privadas con espantosos antecedentes éticos y que además no rinden cuentas ante los ciudadanos ni ante nadie?

Todo esto encaja inquietantemente bien con el concepto de [tecnofascismo](https://link.springer.com/article/10.1007/s00146-026-02862-9): la convergencia entre concentración tecnológica, vigilancia, control algorítmico y tendencias políticas autoritarias. El fascismo contemporáneo no necesita necesariamente uniformes ni desfiles: puede avanzar mediante sistemas de recomendación opacos, manipulación de la atención y plataformas que deciden qué mensajes circulan, cuáles desaparecen y quién puede expresarse. Esto no es un «protesto si no ganan los míos», es una llamada a la integridad de la democracia y a evitar que un sinvergüenza carente de ética y de escrúpulos la manipule simplemente porque se cree por encima del resto de los humanos.

Y mientras tanto, Mark Zuckerberg va, [elimina los verificadores independientes en Estados Unidos, y relaja las políticas de moderación](https://www.investing.com/news/stock-market-news/meta-ends-thirdparty-factchecking-program-adopts-xlike-community-notes-model-3800025), en una [más que evidente aproximación política a Donald Trump](https://www.washingtonpost.com/technology/2026/10/26/silicon-valley-courted-trump-now-its-bracing-democratic-congress/). La empresa que controla buena parte de la conversación pública mundial modifica unilateralmente sus reglas, sin que los ciudadanos tengan la menor capacidad de opinar o de intervenir.

No hace falta demostrar que Meta haya decidido explícitamente instaurar el fascismo: basta con ver [cómo sus incentivos económicos, su arquitectura tecnológica y sus decisiones políticas facilitan la expansión de movimientos autoritarios](https://www.theguardian.com/global/2026/oct/19/midterm-elections-tech-broligarchs). Y eso debería resultar absolutamente intolerable desde cualquier punto de vista en una democracia razonablemente madura. El problema no es únicamente lo que Meta permite o no permite publicar, sino el poder que se ha arrogado para determinar las condiciones en las que se desarrolla la conversación democrática.

Meta, además de ser una compañía profundamente dañina para sus usuarios, se ha convertido en un auténtico cáncer para la democracia. No hablamos de censurar opiniones ni de prohibir tecnologías: hablamos de impedir que una corporación privada concentre un poder sobre los procesos democráticos que ningún gobierno debería poseer. El mínimo exigible ante precedentes como los que ya existen sería someterla a auditorías independientes, transparencia algorítmica, responsabilidades legales efectivas y separación estructural de sus plataformas. Pero lo que realmente habría que hacer es cerrarla.

Si una compañía demuestra reiteradamente que no puede operar sin poner en peligro los derechos fundamentales y la integridad de las elecciones democráticas, deberíamos plantearnos seriamente si debe seguir teniendo permiso para operar. Es una maldita vergüenza con la que cualquier ciudadano con unas convicciones democráticas mínimamente serias debería plantearse actuar. La democracia no puede depender de lo que Mark Zuckerberg considere más conveniente para su cuenta de resultados o para su asquerosa visión del mundo.

Nota:https://www.enriquedans.com/

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