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title: "La zoncera discursiva del equilibrio fiscal"
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date_published: "2026-10-25T20:11:00-03:00"
date_modified: "2026-10-25T20:23:09-03:00"
category_name: "Economía"
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# La zoncera discursiva del equilibrio fiscal

Como enseñan las técnicas de la propaganda, y también las del aprendizaje, **la repetición es un mecanismo esencial**. Sobre estos dos componentes, repetición y aprendizaje, se montan los eslóganes que, si se repiten lo suficiente, hasta pueden convertirse en axiomas. Un ejemplo local que se remonta a los orígenes de [**la destrucción del Estado de bienestar fue el eslogan**](https://www.eldestapeweb.com/opinion/quien-paga-equilibrio-fiscal-202692233351) de la última dictadura: **“achicar el Estado es agrandar la Nación”**. El objetivo último de estos mecanismos de propaganda es, si se tiene éxito, lograr que una idea se transforme en sentido común.

De esto queremos hablar: de algunos de los éxitos propagandísticos del gobierno en su batalla cultural.**Sin necesidad de profundizar, pueden identificarse rápidamente tres casos de éxito.** El primero es que todo político con trayectoria y experiencia es**“casta” política**. El segundo es que **una inflación anual de más de 30 puntos**, es decir, superior a la que dejó en herencia **el segundo gobierno de CFK**, significa haber tenido éxito en la lucha contra la inflación. Y el tercero, repetido hasta el hartazgo incluso **por buena parte de “la casta política”** hoy opositora, es que uno de los logros del **mileísmo**es haber alcanzado el equilibrio fiscal, a lo que inmediatamente se le suma, refrendando el supuesto éxito, que en adelante el equilibrio fiscal no se toca.

Si incluso políticos del peronismo con mucha experiencia repiten que **cualquier cosa que proponga un próximo gobierno propio deberá partir del equilibrio fiscal**, significa que no solo se aceptó una descripción mentirosa de la economía, sino que, efectivamente, la propaganda oficialista logró transformar una idea en sentido común. Es por esta razón que la cuestión fiscal demanda ser repasada.

Lo primero que debe decirse es que aceptar acríticamente los argumentos del adversario se basa fuertemente en la culpa. Un análisis desapasionado de**la economía de 2023 debe incluir la sequía histórica**, que profundizó el problema de la restricción externa, ya agravado por el mal manejo del excedente de divisas del superávit comercial, y **el hecho de haber aceptado la devaluación impuesta por el FMI**. Frente a la dominancia electoral, la administración de entonces optó por sostener el nivel de actividad por sobre los efectos inflacionarios. El resultado**fue terminar los primeros diez meses de 2023 con una inflación acumulada de tres dígitos**, exactamente del 120 por ciento, lo que daba más de 140 puntos para la comparación interanual. Contra estos números, cualquier comparación con la actual administración siempre será buena. De aquí la culpa.

Ahora bien, esta culpa por los sucesos de un año excepcional no debería llevar a aceptar acríticamente que todo se debió al exceso de gasto y que**el único camino alternativo es la destrucción de las funciones del Estado**, con el desfinanciamiento de la salud, la educación, las universidades, la ciencia y la discapacidad, y el absurdo abandono absoluto de toda la obra pública. **Destruir el Estado no es buscar el equilibrio macroeconómico: es una decisión política bastante tonta por su ineficiencia.** La infraestructura abandonada en estos últimos casi tres años deberá ser reparadas más temprano que tarde y a un costo mayor que si se hubiese sostenido su mantenimiento. Lo mismo sucederá con todos los recursos que ilegalmente dejaron de transferirse a las provincias.**A ello se sumará hacer frente al aumento del endeudamiento en divisas utilizado para reforzar el sostenimiento de la subvaluación cambiaria**. De nuevo, destruir los gastos esenciales no es alcanzar ningún equilibrio macroeconómico: es solo destrucción.

El equilibrio fiscal es otra cosa: es no gastar más de lo que ingresa, pero cuidando también lo que ingresa. Si se utiliza la jerga boba del oficialismo, se es tan **“degenerado fiscal”**descuidando la recaudación como malgastándola. La recaudación también importa. Luego, tanto los superávits como los déficits fiscales tienen**“un componente fuertemente endógeno”**. Esto quiere decir que la recaudación depende también del nivel de actividad, que, a su vez, también depende del gasto. La política fiscal es una de las patas de la política económica. Y la macroeconomía no se resuelve con sumas y restas contables.**El Estado conduce el ciclo a través del gasto y también de lo que recauda**, pero ambos componentes dependen, a su vez, del ciclo. Es decir, de la evolución del PIB, del crecimiento o de la recesión.

Para que se entienda, **la política económica del tándem Milei-Caputo indujo otra de las recesiones más anunciadas de la historia**. Si tardó más de dos años en expresarse, se debió al ingreso de divisas producto del extraordinario resultado comercial, más la toma de deuda, pero finalmente llegó. Lo que sucederá en adelante es que el menor nivel de actividad obligará a profundizar el ajuste, es decir, obligará a seguir destruyendo las funciones del Estado. **Un círculo vicioso de caída de la actividad, menos recaudación, más ajuste, menos actividad y así sucesivamente.**Es probable que pronto se comience a profundizar la reducción de las prestaciones previsionales.

El límite inferior de la dinámica recesiva en la que ingresó la economía es desconocido y**dependerá de la resistencia de quienes no mueran a partir del día 20 del mes**, como enseñara el experto en crecimiento que provocó una recesión y mantiene la segunda inflación más alta del continente, justito por detrás de la anomalía venezolana. A esto se suma el desastre de una actividad manufacturera que, desde que gobierna Milei, ocupa, según la **ONUDI**, el cuarto lugar en el ranking mundial de caídas, por detrás de Palestina y Qatar, los dos primeros, países en guerra.

Sería halagüeño que **al menos la porción más lúcida y menos culposa de la dirigencia opositora no sucumba a la propaganda del régimen** y deje de repetir que el oficialismo acumula logros que no tiene, como la baja de la inflación o el equilibrio fiscal. De nuevo, no hay equilibrio fiscal sin dinámica económica virtuosa y sin armonía entre ingresos y gastos.

Por Claudio Scaletta / El Destape

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