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title: "Del compañero al algoritmo"
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date_published: "2026-10-23T05:34:00-03:00"
date_modified: "2026-10-22T17:37:22-03:00"
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# Del compañero al algoritmo

A primera vista, la Argentina de hoy **parece instalada en un individualismo pleno,** que solo cree en el progreso a partir de la propia voluntad y capacidad. Pero esa imagen describe apenas a un sector de la sociedad, **que no es nuevo y que encontró en Milei su representación política**. Pero el ajuste y el proceso de deterioro económico generan [desilusionados de Milei que están revisando esta idea de que es posible progreso individual sin soporte alguno.](https://www.perfil.com/noticias/economia/del-63-de-aprobacion-al-73-de-rechazo-las-medidas-de-milei-que-mas-dividen-opiniones.phtml)Asimismo en amplios sectores sociales el sentido de comunidad sigue presente.

Durante buena parte del siglo XX, el empleo en relación de dependencia daba un “nosotros”: compañeros, delegado, convenio, aguinaldo, vacaciones. Alrededor del trabajo se organizaba la vida social: el sindicato, la mutual, el club, el barrio. A comienzos del siglo XXI, antes de la crisis del “que se vayan todos”, ese mundo ya estaba herido: habían crecido la desocupación y la pobreza. Pero la respuesta a la crisis fue comunitaria. El argentino se definía como honesto, solidario y trabajador, y el refugio era colectivo: **asambleas, comedores, trueque.** La Iglesia, el Estado y la escuela sostenían la protección social. El individualismo aparecía, pero como un defecto que se lamentaba: era el rasgo del argentino “pícaro”, el de la viveza criolla.

A diferencia de aquel momento con altos niveles de desocupación, pobreza y bancos que se quedaban con los depósitos de la clase media, [**hoy manda la lucha por llegar a fin de mes.**](https://www.perfil.com/noticias/economia/salario-caduca-antes-del-dia-20-ya-se-piden-adelantos-de-sueldos-a-mitad-de-mes-a40.phtml) Ante la falta de ingresos, el argentino se convirtió en el que se la rebusca, el que tira para adelante con ingenio. Detrás del telón está el drama del multiempleo: dos o tres trabajos, el endeudamiento con la tarjeta para comprar comida, el préstamo de la billetera virtual o del prestamista del barrio. Y aun así no se llega. Hoy se sobrevive. El ingreso depende de cuántas horas aguanta el cuerpo.

**Pero no todos viven igual esa intemperie**. Muchos trabajan para una aplicación, como parte del pluriempleo. Para ellos el jefe es un algoritmo, y a muchos ese esquema les funciona: eligen el horario, no le rinden cuentas a nadie. Junto a ellos están los que tenían un empleo en relación de dependencia, lo perdieron y quedaron afuera de lo formal. Según el SIPA, desde fines de 2023 se perdieron 266 mil empleos asalariados formales y aparecieron 177 mil nuevos monotributistas. Y creció la informalidad, tanto el trabajo en negro como el cuentapropismo sin registro: la Universidad Nacional de Rosario, con datos del Indec, registra 348.000 nuevos informales en el último año.

El mapa del trabajo cambió de forma. Muchos se volvieron cuentapropistas a la fuerza: hacen changas para subsistir, un arreglo, una limpieza, una venta. Lo que añoran no es la libertad sino lo perdido: el recibo, la obra social, los aportes. No eligieron ese destino.

El gran cambio de estos veinticinco años son las redes sociales, la IA y la aparición de un relato que le puso nombre épico a esa intemperie: emprendedor, libertad, mérito. Fue convincente, sobre todo entre los jóvenes, y explica parte del voto de 2023.

Pero ese relato se agrieta. Los desilusionados de Milei, que siguen valorando el esfuerzo personal, dicen ahora que “el esfuerzo solo no alcanza” y vuelven a pedir lo que se pedía en 2001: un Estado activo que proteja y dé oportunidades. En los votantes opositores, el “nosotros” nunca se fue: hablan de justicia social, de derechos que recuperar, y siguen definiendo al argentino como solidario.

Hoy se cumplen 81 años del 17 de Octubre, el día en que los trabajadores salieron a la calle como un “nosotros”. Hoy muchos de ellos no tienen recibo ni delegado: tienen una aplicación, un trabajo en negro o una changa. Cualquier propuesta opositora, y el peronismo en primer lugar, tendrá que incluirlos. No alcanza con prometer volver al pasado: hay que ofrecerles un “nosotros” que hoy no tienen.

**Por Hugo Haime *Consultor y analista político. / Perfil**

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