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title: "El plan sistemático para borrar el futuro de la Argentina"
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# El plan sistemático para borrar el futuro de la Argentina

*«Estamos perdiendo el capital más difícil de recuperar: el conocimiento acumulado en la cabeza de nuestros profesionales. Un reactor se puede volver a financiar, pero una generación de científicos que se va del país o cambia de rubro significa décadas de retroceso imposibles de reparar de la noche a la mañana*».

Con esta contundente advertencia, la ingeniera nuclear Julieta Romero sacudió el debate en la Comisión de Economía de la Cámara de Diputados. Su exposición no fue un reclamo sectorial: fue una radiografía del presente. Romero advirtió sobre una fuga de talentos sin precedentes y la parálisis de proyectos estratégicos. Sin embargo, para comprender la verdadera dimensión de este vaciamiento, es necesario inscribir el desmantelamiento del sector nuclear y científico llevado a cabo por el gobierno de Javier Milei en una perspectiva histórica más profunda y dolorosa para el pueblo argentino.

**El terror como proyecto: la dictadura y el corte del relevo generacional**

La historia de la Argentina contemporánea está marcada por quiebres drásticos en sus procesos de acumulación y transmisión de experiencias. La última dictadura cívico-militar que asoló al país a partir de 1976 no solo impuso un modelo económico de desindustrialización y deuda; su objetivo central fue el disciplinamiento social a través del terror. Para lograrlo, eliminó físicamente a más de una generación de relevo dirigencial. Militantes políticos, cuadros sindicales, referentes estudiantiles y organizadores barriales fueron asesinados, desaparecidos o exiliados.

Con ese crimen de lesa humanidad, la dictadura cortó de raíz los hilos de transmisión de la experiencia colectiva en las luchas populares, acumulada durante décadas y transmitida de generación en generación. El costo social y político de ese bache generacional sigue siendo una herida abierta en la reconstrucción del tejido democrático.

Esa generación diezmada —la de los Tosco, los Ongaro, los Salamanca y los Piccinini— no fue reemplazada. No hubo relevo posible para aquellos dirigentes sindicales que habían construido, desde la fábrica y el barrio, una tradición de lucha y organización que se transmitía de boca en boca y de taller en taller. La dictadura no solo los asesinó o los forzó al exilio: cortó de raíz la cadena de transmisión de esa experiencia.

**El nuevo rostro del vaciamiento**

Hoy, ese mismo mecanismo de vaciamiento se reproduce con otros instrumentos. Ahora no se fusila ni se desaparece; se asfixia presupuestariamente. Y el blanco ya no son solo los dirigentes gremiales, sino los hombres y mujeres que integran el INTI, la CONAE o el CONICET. La generación que creció sin los referentes sindicales de los ’70 está viendo cómo se intenta que las próximas generaciones crezcan sin los referentes científicos y tecnológicos del presente. El mecanismo es el mismo, aunque el método haya cambiado: interrumpir la transmisión del saber y la experiencia para que el país no pueda proyectarse más allá del corto plazo.

Hoy, bajo la administración de Javier Milei, la Patria se enfrenta a una agresión que guarda una alarmante analogía estructural con aquel pasado, aunque ejecute sus mecanismos desde la asfixia financiera y el dogmatismo de mercado.

**El apagón del conocimiento: un desguace planificado**

Lo que el actual gobierno está consumando es la destrucción sistemática de nuestra capacidad científica, tecnológica y económica. El ataque no se limita a la CNEA o a los proyectos de vanguardia mundial como el reactor CAREM o el RA-10. Se trata de un apagón generalizado que derriba los pilares del sistema de conocimiento nacional, base ineludible del desarrollo económico.

El ahogo presupuestario desarticula al CONICET y paraliza las becas de los jóvenes investigadores que representan el futuro del pensamiento crítico. Desmantela al INTA y al INTI, los brazos tecnológicos que asisten a la producción agropecuaria e industrial en cada rincón federal. Golpea la soberanía espacial en la CONAE y apaga las aulas de las universidades públicas mediante el congelamiento de sus recursos. Al empujar a los profesionales de élite a la emigración forzada por salarios de miseria, se está perpetrando un crimen de similares consecuencias a largo plazo que los crímenes de la dictadura.

**La subordinación geopolítica como objetivo**

Estamos presenciando el corte abrupto de la cadena de relevo y acumulación que la Argentina construyó con soberanía, esfuerzo estatal e inversión pública a lo largo de su historia. Formar a un físico, a un biólogo, a un ingeniero o a un tecnólogo de alta complejidad requiere décadas de continuidad institucional; destruirlos toma apenas una firma en el Boletín Oficial o un veto presupuestario. Cuando un científico migra o un equipo de investigación se disuelve, no se pierde solo un puesto de trabajo; se extingue un eslabón del conocimiento nacional que difícilmente pueda recuperarse.

Este proceso excede la mera negligencia de gestión; se revela como un plan deliberado de subordinación geopolítica, que ataca la capacidad de la Nación para pensar y decidir su propio destino. Al vaciar el ecosistema de ciencia y técnica, se condena al país a la condición de mero exportador de materias primas y consumidor de tecnologías extranjeras.

La analogía histórica se vuelve entonces ineludible y brutal: si los sectores concentrados del poder utilizaron ayer la violencia estatal para exterminar el relevo político y social, hoy el anarcocapitalismo utiliza el estrangulamiento económico para liquidar el relevo intelectual y el desarrollo soberano.

Estamos, en definitiva, ante un segundo e irreparable genocidio —humano, científico y económico— que busca arrebatarle a la Argentina no solo su presente, sino su capacidad de proyectarse de forma autónoma hacia el futuro.

Por Alberto Nadra * Político, escritor y periodista. / La Tecla Eñe

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