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title: "Todo empezó con un trapo"
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date_modified: "2026-08-08T08:11:05-03:00"
category_name: "Actualidad - Nacional"
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# Todo empezó con un trapo

Se les quedó atragantada la entrega, por una vez, nada menos que esta vez. Y fue posible porque hubo una voluntad que se dejó ver adentro y afuera del Congreso, sobre todo afuera, bajo la lluvia y las balas.

La represión demente que desplegaron todo el jueves duró precisamente todo el día porque mucha gente se quedó a pelear. Nunca es pelea real, es cacería, pero el jueves se encontraron con algo compacto y persistente. Con algo que los puso nerviosos y no habían visto últimamente. Se llama pueblo.

Esta iniciativa colonial permitió que cayera la gota que rebasó la copa de la paciencia. Y surgió el rugido que no es el del león, sino el del soberano.

Tenemos que cuidarlo. Este reencuentro con nosotros mismos empezó con un trapo que inesperadamente nos abrió las compuertas de un amor clausurado.

Empezó con ese pedazo de sábana en el que un grupo de pibes argentinos que habían ido al Mundial escribieron “Las Malvinas son argentinas” sin saber que su botella atravesaría el mar de indiferencia y anestesia y nos llenaría de viento la camiseta.

Qué se iban a imaginar esos pibes que hicieron lo que tantos millones de personas hacen diariamente en el mundo, escribir sus carteles, escribir en un trapo o un cartón sus injusticias, el nombre de sus muertos, de sus líderes proscriptos o gritar su furia.

Esta vez el trapo estaba destinado al cenit de la visibilidad pública global, su objetivo y, sobre todo, a ser un dardo amoroso que le iba a devolver a un pueblo dolorido, hecho mierda, deprimido, el recuerdo de su propia vitalidad y su potencia.

Antes del trapo, la muerte del Indio dio las primeras señales, nos arrimó a la gama de sentimientos y sensaciones que no figuran en la dimensión Milei de la existencia: el amor, la ternura, la redención, el tocar fondo y volver a salir gracias a otro, el dar la mano al que todavía está en el fondo.

Todo el recorrido de nuestra hermosa argentinidad siguió siendo un caminito de migas de pudimos dejarnos unos a otros. Pudimos, creo, porque el contexto de aquel trapo histórico parece cincelado por la picardía del papa Francisco: un pico máximo de audiencia global, justo después de un partido que provocó la máxima tensión y un final gritando esos goles con las tripas porque le ganamos a Inglaterra y jamás fue solo un partido de fútbol, sino la sublimación de nuestra impotencia. Y entonces, con los cuerpos exhaustos y las almas en la mano, se hizo visible el trapo.

Después, alguien inventó la manera de que todos pudiéramos imprimir carteles o remeras con la misma tipografía del trapo. Lo vimos hasta en la sopa. Lo elegimos. Decidimos que representaba todo lo que nos habían robado y nos piensan robar estos piratas.

Y el sentido comenzó a deslizarse. Las Malvinas son argentinas y las tierras también. Las Malvinas son argentinas, Lago Escondido también. Las Malvinas son argentinas, el puerto de Ushuaia también. Las Malvinas son argentinas, los discapacitados también. Y así hasta en infinito, porque es infinito lo que Milei y esta banda de chorros de alta y baja alcurnia, asociados con los tecnopiratas que se creen superhéroes, están dispuestos a sacarnos.

En estas notas he venido nombrando como “la mayoría repugnante” a la que ha sostenido a Milei desde otros partidos. Han robado a destajo esos también. Pero esta vez se asustaron.

Porque estos aventureros que vienen apoyando en todo a Milei menos en esto, no se van a ir a un búnker de 4000 metros cuadrados como el que se está haciendo Lewis en su montaña. No se van a ir a Marte con Elon Musk. Estos van a volver a sus pueblos y ahí es el pueblo el que tiene la palabra.

Falta mucho por recorrer. Pero hemos pasado una gran prueba: hay un pueblo que salió unido a defender la supervivencia de su país y la suya propia. Ahora que somos esto, sigamos siéndolo. Fragmentados somos pura impotencia. Unidos, les damos miedo. Nada les más miedo que nuestra comunión.

Por Sandra Russo / P12

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