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date_modified: "2026-07-20T07:09:32-03:00"
category_name: "Actualidad - Nacional"
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# El último tango

Antes de saber el resultado de la final, que fue la justa derrota contra España, ya sabía todo lo que quería decir en estas líneas. Porque obviamente no son sobre fútbol, sino sobre lo que Messi significa en el marco de este país ardido y traicionado por su gobierno y gran parte de sus dirigentes. Sobre lo que vino a ofrecer esta Selección de jugadores surgidos de clubes de barrio, ahora que los barrios andan hundidos en el despojo y el desprecio.

Con un espanto pueril nos dimos cuenta que “en el mundo no se nos cagan de risa”, como intentó imponer un canalla hace años: en el mundo, hoy, nos ven como un país cuyo presidente es parte activa del eje del mal de la vida real, no del celebérrimo “relato”, palabra que el fascismo intenta denodadamente fundir con la palabra historia.

Messi, que es el pibe al que le conocemos toda la vida y contra el que largos años hablaron pestes los mismos cerdos que apoyaron siempre la privatización de los clubes de fútbol, es el héroe que hoy tenemos, el que bailó su último tango, el que terminó su ciclo de mundiales a los 39 años, exponiendo su extraordinaria capacidad de entrega.

Estos últimos días, la ultraderecha y sus colaboradores intentaron hacer pie en una operación que no ancló pero que la deja expuesta: “el kirchnerismo odia a Messi”. Pretextan que optamos “por Maradona que era zurdo”. Incluyó desde un video mío en el diario La Nación, con un fuera de contexto, hasta la falsa entrevista de Tenembaum a Máximo, en la que hablaba mal de la Selección. Quién a esta altura de personajes tóxicos y perversos no puede ver en Messi a un tipo de buena voluntad.

Su liderazgo heterodoxo, su magia y su intenso sentido de pertenencia a la Argentina, crearon la expectativa. Pero el hecho más fuerte, concreto e insólito de este Mundial por parte de esta Selección fue el triunfo ante Inglaterra y el trapo remalvinizador que nos partió al medio porque nos tocó el corazón.

Estos pibes que parecían despolitizados fueron capaces de colocar en lo más alto de la cultura de masas global una demanda que late en lo hondo de la argentinidad que representan. La enunciación “Las Malvinas son argentinas”, antes que ninguna otra cosa, es verdad. Eso es lo que el poder alienígena no soporta.

Ese trapo que fue un puente entre los hinchas y los jugadores tiene dos destinos posibles. Quedarse capturado en una anécdota, o ser levantado por un pueblo roto que necesita desesperadamente volver a sentirse dueño de su propia casa.

Por.Sandra Russo / P12

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