El Indio hace soñar al peronismo

Actualidad - Nacional10/06/2026

Fueron unas horas. O unos días. El impactante y multitudinario desfile popular para despedir al Indio Solari provocó en la dirigencia peronista, sobre todo la bonaerense, una suerte de acuerdo de paz en medio de una conflictividad sin fin.

Correspondía, claro, ante el enorme desafío social y político que significaba organizar un adiós de esos que pasan a la historia. Tanto si sale bien como si sale mal.

Resultaba ese reto tan trascendente que hasta obligó a que reanudaran el diálogo Axel Kicillof y Máximo Kirchner, que no se dirigían la palabra desde la derrota electoral de octubre pasado.

El gobernador y el hijo de la expresidenta articularon los medios necesarios para que en Avellaneda, bajo control del hoy kicillofista y exkirchnerista Jorge Ferraresi, se pudiera llevar a cabo una ceremonia que se contemplaba tan masiva como riesgosa.

En el mismo municipio donde unos días antes no se pudo culminar una celebración por el sandwich más largo del mundo, porque apareció gente que empezó a arrancar y comer trozos del emparedado antes de tiempo, cabía ajustar la organización.

Así se hizo. Y resultó en paz. Una despedida como la que se merecía el homenajeado. Y su familia.

Dirigentes peronistas que se encontraron en ese sepelio dejaron atrás la tensión y volvieron a fundirse en un mismo sentimiento de tristeza y compromiso. Más de uno imaginó que podía ser el primer paso para que la gente de Kicillof y de La Cámpora se reencontraran en un mismo camino.

Es más, algún ficcionalista del movimiento que gusta mostrarse como analista hasta se entusiasmó con que la movilización popular para despedir a Solari muestra “que el peronismo todavía funciona: conmueve, moviliza y —por si no bastara— emociona”.

Cierto es que el peronismo tiene una larga historia de necrofilia política. Desde los funerales de Evita en 1952 y Perón en 1974 hasta los de Néstor Kirchner en 2010, previos a la reelección récord de Cristina Fernández en 2011.

Pese a estos antecedentes, suena algo desmesurado el ímpetu de resurrección que sectores peronistas vislumbran tras este acontecimiento histórico. Acaso el entusiasmo refleje el nivel de confusión y de conflictividad que vive el peronismo desde la derrota ante Javier Milei en 2023, tras una gestión muy deficiente y atravesada por una interna feroz, además de la pandemia.

Surgieron malas noticias para esos soñadores. En las últimas horas, tanto del kicillofismo como del kirchnerismo dieron señales de que todo volvió al mismo grado de tensión y lejanía que había antes del fin de la semana pasada.

Que Kicillof tiene que ir a visitar a CFK a su prisión domiciliaria. Que se tienen que poner de acuerdo en el funcionamiento de la paralizada Legislatura bonaerense. Que la designación de las vacantes en la Corte Suprema. Que si el gobernador va a participar del acto de reivindicación de Cristina del 20-J. Que… Que… Y siguen las demandas y los pases de factura.

Parafraseando al Indio, a este peronismo balcanizado parece que no lo alumbra ni la luz de los que no respiran.

Por Javier Calvo / Perfil

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