“Hood Robin” Milei y los negocios de su burguesía

Actualidad - Nacional17/05/2026

Hay algo en el plan económico de Javier Milei que está saliendo bien. Algo que se pensó desde el inicio y que florece hoy, justo cuando el resto de la economía no sale del pozo y la población resiste un duro ajuste en su costo de vida. Como pocas veces en la historia, la transferencia de ingresos de los sectores medios y bajos a los empresarios más grandes y con más espaldas se consolida y crece, mientras el rechazo social al Gobierno por la crisis se hace habitual en las encuestas de opinión. Una especie de gestión estatal en modo “Hood Robin”, en la que los beneficiados se apuran a exprimir los regalos del Gobierno en el peor momento político de la Libertad Avanza, a sabiendas de que la continuidad política post 2027 ya no está garantizada.

Varias de esas compañías han dispuesto para las gestiones con el Gobierno a estudios de abogados variados, muchos de los cuales abrieron divisiones especiales para los negocios mineros del RIGI.

Un RIGI para una fortuna de 30 mil millones

Misión Productiva, un agrupamiento nuevo de economistas que cuenta entre sus filas a Martín Alfie y otros economistas y sociólogos de prestigio, elaboró un trabajo sobre el Súper RIGI que describe una “serie de “parches fiscales” y regulatorios extremadamente generosos que consolidan una fragmentación fiscal. Los sectores beneficiados pagan pocos impuestos; la economía tradicional formal, que paga impuesto, cada vez es más chica; y una economía informal, que no paga impuestos, está creciendo”. Agregan que “se posterga la discusión de fondo: que estructura tributaria y regulatoria necesita el país para crecer”.

Introducen que “de esta manera vuelve a postergarse una discusión de fondo: qué estructura tributaria, regulatoria y productiva necesita Argentina para sostener inversión, mejorar competitividad y desarrollar capacidades de manera más generalizada. En vez de avanzar hacia un esquema más simple y coherente, se acumulan mecanismos particulares vinculados a lobbies sectoriales para compensar problemas estructurales que siguen sin resolverse”. Asimismo, asegura que el “súper RIGI parece consolidar esa lógica, ampliando beneficios sin una discusión demasiado clara sobre sus fundamentos económicos, sus costos fiscales o los objetivos productivos asociados”.

En las filas oficiales, mientras tanto, siguen envolviendo regalos. “Toto está excitado con la idea de que Thiel se mete sí o sí al Súper RIGI”, contó a este diario un funcionario que frecuenta Hacienda. Toto es Caputo y Peter Thiel es el dueño de Palantir y Paypal, uno de los ceos fetiche de Trump, que compró una casa en Barrio Norte para instalarse en Argentina con la idea de hacer negocios millonarios. El Súper RIGI les rebaja la mitad del Impuesto a las Ganancias a las empresas tecnológicas que no tengan empleos humanos. Relatan los que conocen el paño que hay contactos casi diarios de gente de Caputo con Thiel. Hay dos designados para explicarle cómo invertir en un negocio de Inteligencia Artificial.

Thiel viene con un perfil muy bajo recibiendo en su casa a economistas afines al Gobierno y a funcionarios que peregrinan a su mansión. El caso es de estudio porque es la consagración de la no distribución del ingreso: el dueño de Palantir tiene una fortuna superior a los 30 mil millones de dólares. Es decir, tiene la capacidad de comprar países enteros y acá le quieren bajar impuestos a cambio de que invierta. Otro de los que se habrían reunido con Thiel es Agustín Laje, el ideólogo de la batalla cultural libertaria. Se está moviendo él con sigilo. Santiago Caputo y su hermano, los jefes políticos de la Fundación Faro presidida por Laje ordenaron evitar encuentros con empresarios, reuniones con tarjetas pagas y otros encuentros hasta que aclare el escenario de las investigaciones de enriquecimiento ilícito sobre Adorni. Faro se apaga adrede. Es mejor que choquen contra la costa otras embarcaciones que la propia.

AYSA y los Big Five criollos

El viernes último el Gobierno de Milei lanzó la licitación para privatizar AYSA. Ofrecen el 90 por ciento de la empresa de aguas, porque el 10 restante está en manos de los trabajadores. El caso muestra a los mismos ceos nacionales que compitieron por el resto de las privatizaciones libertarias y que son, a la vez, una especie de burguesía a medida del Presidente.

Hay una carrera por la empresa de parte de empresarios nacionales, pero también de gente muy vinculada a la Embajada de Estados Unidos, como el dueño de Flybondi, Leonardo Scaturicce. De todos modos, el nombre que picó en punto es el del señor del cloro, Mauricio Filiberti. El dueño de Transclor ya tiene el negocio de provisión del producto purificador a la firma del Estado. La quiere comprar.

También se puso en el pelotón el grupo más afín a Milei: los Neuss. Compiten por la hidrovía, por AYSA y ya se han llevado activos estratégicos como la transportista de electricidad Transener, en sociedad con los dueños de Havana, el banquero Jorge Brito, el mexicano David Martínez y Rubén Cherñajosky, el propietario de la ensambladora fueguina Newsan.

Otro de los nombres que no descarta entrar es el de Marcelo Mindlin, el dueño de Pampa Energía, que acaba de quedarse con la cementera Loma Negra, que estaba en manos de capitales brasileños. Al revés que en la crisis del 2001, hoy no quiebran los gigantes argentinos y entran los foráneos. Hoy los argentinos compran multinacionales en crisis y firman estatales rematadas por Milei. Sobre todo, están comprando a precio basura negocios que se caen sin mercado interno.

Por Leandro Renou / P12

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