Ropa, importaciones y crisis: qué muestran los números detrás de la frase de Caputo

Actualidad - Nacional14/02/2026
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“Yo no compré nunca en mi vida ropa en Argentina”, afirmó Luis Caputo para justificar la apertura comercial y relativizar el debate sobre los precios del sector en nuestro país. La frase, pronunciada desde el Ministerio de Economía, no sólo expone una experiencia personal ajena a la realidad de la mayoría de los argentinos, sino que, además, corre el foco de un dato central: la industria textil atraviesa una de las crisis más profundas de la última década, con caída de producción, empleo y participación en el mercado interno.

Mientras el Gobierno insiste en que la apertura importadora es la vía para “disciplinar” precios, los números muestran un panorama más complejo. En 2025 la producción textil nacional alcanzó su menor participación en el consumo doméstico en diez años: el componente local pasó de representar más de la mitad del mercado a menos de un tercio. En paralelo, la actividad textil se desplomó más de 25% interanual, con siete de cada diez máquinas paralizadas y miles de puestos de trabajo perdidos. La discusión sobre la ropa “cara” ocurre, así, en un sector que opera con capacidad ociosa récord y márgenes comprimidos.

A su vez, la relación entre volumen de importaciones y evolución del IPC de prendas es, según los propios datos sectoriales, débil y errática. Hubo años con fuerte ingreso de productos del exterior y aumentos por encima del nivel general, y períodos con menores importaciones y subas muy por debajo del promedio. La dinámica del rubro, en cambio, parece responder mucho más a variables macroeconómicas: nivel de actividad, ingresos reales, empleo y estructura de costos sistémicos.

Retroceso de la producción nacional
Mientras el sector textil atraviesa un momento crítico, el ministro de Economía, Luis Caputo, justificó recientemente la apertura desregulada de importaciones asegurando que en lo personal “nunca” compró ropa en Argentina, una situación que dista de la realidad de la mayoría de las y los argentinos pero que, además, parece desconocer la situación que atraviesa el entramado productivo nacional. 

¿Cuál es la situación del sector? Los datos oficiales evidencian que la crisis del sector textil e indumentaria se agudizó con el correr de los meses, poniendo en jaque el desarrollo industrial nacional. Un dato graficó con precisión el grave panorama del sector: en 2025 se registró la menor participación de la producción nacional en el total del consumo doméstico, de la última década.  Así, el componente local pasó de representar más de la mitad del consumo total a menos de un tercio del total. 

En concreto, en diciembre de 2025, la industria manufacturera en su conjunto registró una caída del 3,9% interanual y 12,1% respecto de noviembre de 2023 (antes del inicio de la actual gestión nacional), reflejando un escenario recesivo extendido. En este contexto, la producción textil mostró una de las contracciones más profundas (- 25,7% interanual y -31,5% frente a noviembre de 2023). En el acumulado de 2025, la actividad textil cayó 7,8% interanual. Por su lado, la fabricación de prendas de vestir, cuero y calzado también presentó fuertes caídas (-6,7% interanual y -12,8% frente a noviembre de 2023) y cerró el año con una baja del 4,9%. A su vez, la utilización de la capacidad instalada del sector textil se ubicó el nivel más bajo de toda la industria manufacturera. 

En términos concretos, 7 de cada 10 máquinas textiles permanecen paradas en las fáddbricas textiles. En relación, el sector fue el más afectado en términos de empleo dentro de la industria con una pérdida de más de 18.000 puestos de trabajo. Se trata de uno de los sectores que más empleo privado registrado perdió en toda la economía, superando incluso la contracción de la construcción. En paralelo, se perdieron 558 establecimientos productivos en la cadena de valor (-9%), con especial impacto en indumentaria y en cuero y calzado, caracterizado por mayor cantidad de establecimientos productivos.

En esta coyuntura, ¿qué pasa realmente con los precios? Un informe de la Fundación Pro Tejer respondió con números a los dichos del ministro: “En el período más reciente, 2023–2025, Prendas de vestir y calzado mostró un crecimiento muy inferior al promedio general. Mientras el IPC acumuló un aumento del 186%, el rubro registró una suba de apenas 113%, ubicándose en el último lugar del ranking de aumento de precios”. Para los industriales del sector, “este desempeño se dio en un contexto de liberalización de tarifas y desregulación de diversos servicios, que impulsaron fuertemente el nivel general de precios. Frente a ese escenario, la indumentaria absorbió una parte relevante del ajuste a través de la compresión de márgenes, en un contexto de marcada caída del consumo interno”.

Asimismo, aseguraron que si se analiza la evolución de precios punta a punta del actual IPC nacional —es decir, desde diciembre de 2016—, se observa que Prendas de vestir y calzado se ubica entre los rubros que menos aumentaron. “En el período diciembre 2016–diciembre 2025, mientras el nivel general del IPC acumuló un incremento del 10.021%, la indumentaria registró una suba del 7.761%, lo que la posiciona como el segundo sector que menos incremento de precios tuvo a lo largo del periodo (luego de bebidas alcohólicas y tabaco)”, agregaron.

Ahora bien, otro argumento que suele esgrimirse desde el oficialismo refiere al efecto del disciplinamiento de precios que generaría el ingreso de ropa importada. ¿Esto es así? Una vez más la evidencia empírica parece contradecir esa hipótesis. “En 2021/ 2022 llegamos a cifras muy altas de importaciones y sin embargo el IPC de prendas superó el nivel general. Es decir, un mayor ingreso de productos importados no se tradujo en una desaceleración relativa de los precios de la indumentaria”, indicaron desde la representación sectorial. En esa línea sumaron que el contraste es aún más claro cuando se observa lo ocurrido recientemente: “En 2024, con importaciones textiles relativamente más bajas, el IPC de prendas se ubicó más de 30 puntos porcentuales por debajo del nivel general”.

Entonces, ¿qué explica la dinámica de los precios de la ropa? La respuesta se focaliza en la actividad económica y, en particular, a la evolución del consumo interno. “La indumentaria es un bien altamente sensible al ciclo económico, cuando el ingreso real cae y el consumo se retrae, los precios tienden a crecer por debajo del promedio. Por el contrario, en períodos de recuperación o normalización del consumo, los precios del rubro suelen ajustarse con mayor intensidad”, señalaron desde Pro Tejer.

En este sentido, los precios de la ropa siguen un comportamiento cíclico. Según la organización que representa a diferentes eslabones de la cadena de valor agro-industrial textil, en los últimos dos años, la dinámica de los precios de la ropa no puede entenderse sin mirar el contexto macroeconómico y social. En otras palabras, los precios no crecen porque no hay consumo. 

“La economía atraviesa un proceso de fuerte contracción del mercado interno, con una caída significativa de los ingresos reales de la población. Los salarios reales y las jubilaciones acumulan pérdidas importantes de poder adquisitivo, a lo que se suma una destrucción del empleo privado registrado a una velocidad nunca vista en la historia reciente (más de 170 mil puestos de trabajo formales) Este deterioro del ingreso y del empleo impacta directamente sobre el consumo de bienes no esenciales, entre ellos la indumentaria”, analizaron. 

Sin embargo, “sobre este escenario de consumo deprimido, el Gobierno avanzó con un proceso de apertura comercial y desregulación de una profundidad inédita, eliminando o debilitando múltiples mecanismos de control que existen en la mayoría de los países del mundo y generando un escenario local de competencia desleal. Se desmantelaron controles de calidad, de subfacturación, de trazabilidad y de información sobre composición de los productos, al tiempo que se redujeron significativamente los controles aduaneros. A esto se sumó una rebaja de los aranceles de importación de indumentaria del 35% al 20%, en un contexto de tipo de cambio artificialmente apreciado, lo que potenció aún más el incentivo a importar”, explicaron. 

El resultado es un excedente de productos textiles y de indumentaria que no encuentra demanda. “Los precios actuales se ubican en niveles bajos, tan bajos que el sector opera a pérdida, y en muchos casos no alcanzan siquiera a cubrir los costos variables y mucho menos los costos fijos. Todo esto agravado por el hecho que las empresas textiles realizaron inversiones récord en el período previo, y hoy tienen esas máquinas de última generación paradas sin producir por falta de demanda, y su personal suspendido”, alertaron desde el sector. 

¿Hay ropa barata? 

Otro argumento que también se suele replicar desde La Libertad Avanza (LLA) refiere que en nuestro país “no hay ropa barata”. Para la Fundación Pro Tejer, en el mercado argentino hay ropa cara, ropa de precio medio y también ropa barata.

“Con frecuencia cuando se habla de ‘ropa cara’ en el debate público, en realidad se está mirando el precio de la ropa en shoppings, que representan un canal específico y cada vez menos representativo del consumo masivo. La paradoja es que más del 70% de la ropa que se vende en shoppings es importada, por lo que, justamente, esos precios elevados no pueden atribuirse a la producción nacional”, aseguraron. 

En los últimos años, y en particular en un contexto de fuerte caída de los ingresos reales, los shoppings se han vuelto inaccesibles para una porción creciente de la población. En paralelo, ganaron peso otros canales de consumo —comercios de cercanía, ferias, outlets, venta directa, marcas independientes, comercio online—. “Allí es posible encontrar precios significativamente más bajos. Por lo tanto, no resulta correcto extrapolar lo que ocurre en un segmento acotado y específico del mercado a la dinámica del sector en su conjunto”, consideraron. 

Así las cosas, la discusión sobre si un ministro compra o no ropa en el país queda desdibujada frente a un problema estructural mucho más profundo. Los datos no muestran que las importaciones, por sí solas, ordenen precios ni que la producción nacional sea la causa de los valores elevados en determinados segmentos. Lo que sí exhiben con claridad es un mercado interno en retracción, salarios deteriorados y una industria que opera con capacidad ociosa récord y pérdida de empleo. El debate anclado en experiencias personales parece querer evitar analizar qué sucede actualmente con el modelo productivo y el consumo nacional.

Por Eugenia Rodríguez / El Destape

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