Rocca es Frankenstein

Actualidad - Nacional28/01/2026
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Paolo Rocca tiene razón. El conglomerado de empresas de India Welspun ganó la licitación privada de provisión de caños para el gasoducto, desplazando al grupo Techint de este negocio, con una oferta que fue 40% más barata. Welspun forma parte de una estrategia de diversificación industrial de fomento estatal y compra acero de origen chino, insumo producido con subsidios y financiamiento estatales. En términos de reglas de comercio internacional, se trataría de dumping, que consiste, según la Organización Mundial de Comercio, en una práctica de competencia desleal donde una empresa exporta productos a otro país a un precio inferior a su valor normal (menor que en su mercado local o por debajo del costo de producción). Su objetivo es ganar cuota de mercado rápidamente y desplazar a competidores locales.

Paolo Rocca no tiene razón. El modelo económico de Milei es de apertura irrestricta y desindustrializador, de entrega de recursos naturales y del mercado local, sin importar el origen del capital, el encadenamiento de proveedores locales ni las estrategias de sustitución y aprendizaje tecnológico. Es el modelo que Techint financia, acompaña y defiende con entusiasmo. Rocca quedó afuera de un coto de caza histórico —la provisión de tubos sin costura y otros bienes industriales para la infraestructura energética— por la consecuencia directa del proyecto político-económico que sostiene: la idea de que el precio más bajo es siempre la única referencia, incluso si ese precio viene empujado por subsidios de otros Estados y, aunque en el camino, se destruya capacidad productiva local.

Paolo Rocca tiene razón. Los países desarrollados —y los que aspiran a serlo— despliegan una política industrial de defensa de sus empresas nacionales, del empleo de calidad y de sus mercados frente a la competencia extranjera, especialmente la china. La Unión Europea formalizó instrumentos para ampliar la capacidad productiva en tecnologías diseñadas para reducir radicalmente las emisiones de gases de efecto invernadero y atraer inversiones industriales, con metas explícitas de fabricación local. Brasil lanzó una estrategia de política industrial de largo plazo (“Nova Indústria Brasil”) para impulsar el desarrollo productivo y tecnológico con financiamiento estatal. En Estados Unidos, aun con los vaivenes políticos, la discusión dominante gira alrededor de cómo reindustrializar: incentivos, compras públicas, cadenas de proveedores y seguridad económica. Techint plantea que el debate de fondo en Argentina es qué país se quiere ser: uno primario exportador (economía de enclave exportador de petróleo, gas y minerales) u otro que defina que esos recursos naturales se transformen en palanca de valor agregado nacional.

Paolo Rocca no tiene razón. Porque, por razones ideológicas, políticas o de negocios, respaldó a un outsider que lo bautizó “Don Chatarrín de los tubitos CAROS” en un posteo en la red X. Ahora padece, como si fuese espectador de sí mismo, la escena del creador sorprendido por su criatura. La historia de Frankenstein, con una última e interesante versión cinematográfica de Guillermo del Toro, funciona como marco conceptual del monstruo político-económico que el denominado Círculo Rojo concibió: una fuerza de destrucción de capacidades estatales (y, por lo tanto, productivas) que también devora a los que la alimentaron.

1769443132738 El presidente Javier Milei bautizó a Paolo Rocca, titular de Techint, como “Don Chatarrín de los tubitos CAROS” en un posteo en la red X.

El costo de la militancia mileísta

Como nunca antes, el jefe de la familia Rocca se ha comprometido en forma abierta con el destino de un gobierno. Será por la edad, en una interpretación existencial; por convicciones liberales, en un análisis ideológico; por una vieja vocación de participar en el mundo de la política, en recuerdo de la militancia juvenil (aunque en esos años era en la agrupación italiana de izquierda Lotta Continua); o, simplemente, por la pedestre ambición de ampliar aún más los negocios del holding, nunca antes Paolo Rocca tuvo una intervención pública –en declaraciones y en entrega de ejecutivos propios para la gestión pública- tan abierta y comprometida con el destino de un gobierno. O será por la convicción de que es una extraordinaria oportunidad de reconfigurar las relaciones de poder (subordinar al mundo del trabajo), alterar el escenario político (diluir la influencia del peronismo) y redefinir la economía argentina (consolidar la hegemonía del capital).

El comportamiento habitual de Techint fue manejar tras las bambalinas cámaras empresariales, en especial la Unión Industrial Argentina, como lo sigue haciendo, y ejercer influencias directas e indirectas hasta niveles extorsivos sobre funcionarios para conseguir prebendas y expandir diferentes áreas de negocios del grupo.

En los primeros meses del gobierno de Milei, Rocca dijo, en una conferencia energética realizada en Houston, Estados Unidos, que "en lo personal, creo que el programa será exitoso. La Argentina necesita esto. Es muy importante para abrir nuevas oportunidades". Su militancia mileísta lo llevó a afirmar que "tenemos muchas esperanzas, tal vez estemos frente al inicio de un nuevo ciclo en el país. El programa económico (de Milei) es lo que el país necesita: reducción del déficit fiscal y del gasto público del 40% al 25%, y liberalización del mercado”. Era el momento en que Frankenstein expresaba el amor a la criatura creada.

La desindustrialización no es un daño colateral

El conflicto Welspun-Techint no es un pleito de proveedores. Es un símbolo. Milei no concibe a la industria nacional como un sector estratégico del desarrollo. 

Argentina importa insumos, bienes de capital y tecnologías. El problema es el criterio: cuando la importación se vuelve regla general y cuando la herramienta antidumping deja de ser un instrumento legítimo para evitar competencia desleal. El Gobierno se siente cómodo discutiendo el “precio” y el “ahorro”, y no el entramado industrial, los empleos o la transferencia tecnológica.

La desindustrialización no es un efecto secundario del ajuste; es una parte central del programa de Milei. La apertura, combinada con la liberalización y el desarme de instrumentos de administración comercial, acelera el reemplazo de producción local por importaciones. El modelo de Milei se publicita como modernizador y eficiente, pero termina recostándose sobre el viejo patrón primario-exportador, con una industria subordinada o, directamente, quebrada.

1763329392785 Como nunca antes, el jefe de la familia Rocca se ha comprometido en forma abierta con el destino de un gobierno como lo está haciendo con el de Milei..

Las contradicciones de Rocca

Hay una contradicción estructural en el reclamo de Rocca. Techint es un símbolo industrial. Pero también es un grupo que supo moverse con precisión quirúrgica en el Estado: regulaciones a medida, obras, energía, compras, tratados, subsidios y un aceitado sistema de lobby dirigido a casi todo el arco político y mediático. Con Milei dio un paso más: dejó de ser un actor detrás de escena para participar abiertamente del gobierno, aportando ejecutivos y legitimidad pública.

En Energía, la relación es directa: ejecutivos vinculados a Techint y a Tecpetrol desembarcaron en lugares clave, y el nombre más visible es Horacio Marín al frente de YPF. En Trabajo, el aporte fue Julio Cordero, abogado laboralista de Techint, designado secretario e impulsor de la reforma laboral.

¿Qué está pidiendo Rocca cuando alega el dumping de Welspun? Está pidiendo que el Estado haga lo que el propio Milei prometió no hacer: intervenir para orientar el desarrollo. Está pidiendo una política industrial en un programa que la considera un pecado. Esa contradicción no es un desliz personal: es la radiografía de un sector empresario que quiere, simultáneamente, Estado para sí y mercado para el resto. Quiere protección cuando le toca perder, y competencia total cuando le toca ganar. Quiere mano dura contra salarios y derechos laborales, pero mano blanda para garantizar la rentabilidad empresarial. 

La discusión por los caños no es sobre una licitación; es sobre el tipo de país. Rocca tiene razón cuando describe el mundo real: proteccionista, competitivo, con Estados que subsidian, financian y planifican. Rocca no tiene razón cuando pretende que la Argentina haga política industrial dentro de un programa que nació para desmantelarla, y al que él mismo le dio respaldo y cuadros.

Si el jefe de Techint quiere hablar de desarrollo industrial no alcanza con denunciar dumping cuando pierde una licitación. Tiene que discutir el corazón del modelo de Milei: apertura irrestricta, primarización, desarme del Estado y degradación de las condiciones laborales.  Lo que hoy aparece como un perjuicio para Techint es, en realidad, la lógica del modelo Milei funcionando a pleno. En esta crisis por los caños del gasoducto, la elección no es Techint o Milei. Es ninguno de los dos. Ni uno ni otro contribuyen a la construcción de un Estado dinámico y eficiente para el desarrollo nacional.

Por Alfredo Zaiat / El Destape

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