Las clases de geopolítica de Capusotto

Actualidad23/01/2026
Ziper-050223

Primer acto: el presidente Javier Milei firma el decreto 6/2025, que endurece las condiciones para que las empresas chinas participen de licitaciones públicas argentinas, en caso de que estén sancionadas o advertidas por organismos multilaterales, que hasta ayer nomás respondían a EEUU.

Segundo acto: un barco chino ingresa al puerto de Zárate cargado de vehículos de última generación, algunos híbridos y otros eléctricos. Según la fuente, son cinco mil o siete mil, poco más o poco menos del uno por ciento de las ventas totales del año pasado en un único embarque.

¿Cómo se llama la obra? Peter Capusotto y sus videos no era un programa de humor, sino ciencia ficción de anticipación. Lo que hace una década o dos hacía reír y se leía como ridículo o exageración, hoy es el pan nuestro de cada día.

Pero la obra continúa: Milei sobreactúa su natural tendencia a la genuflexión con Trump en Davos, donde el republicano no es precisamente local. China, que ya redujo sus compras de carne argentina, toda una señal, se cobrará todo junto a mediados de año, con el vencimiento del swap.

Afortunadamente para ellos, ambos conspicuos racinguistas, Diego Capusotto y Pedro Saborido tienen laburo. Uno participará de una producción de Netflix, el otro recorre el conurbano con sus charlas.

Dada la precisión del último programa que compartieron, Habría que pedirles que se reúnan para que nos hagan un anticipo de las próximas dos décadas. Hay que reconocerles también el timing: dejaron de grabar en 2016, justo cuando el mundo comenzaba a transformarse. Ese fue el año del Brexit y del primer triunfo de Trump. Poco después perdimos la inocencia. cuando el documental “Nada es privado” mostró la incidencia de Cambridge Analytica en esas dos elecciones.

Volvamos a Milei y su dilema actual. Mezcla del cantante pop Micky Vainilla y el Zelig de Woody Allen, que de manera automática se mimetiza con su interlocutor, tiene el problema propio del que sirve a varios patrones en simultáneo. El ejemplo más evidente es Groenlandia.

Gran Bretaña, con quien Milei se desvive en palabras y gestos, al punto de reconocer erróneamente el derecho la autodeterminación de los kelpers, como miembro pleno de la OTAN envió tropas de reconocimiento al “pedazo de hielo”, en solidaridad con Dinamarca, otro miembro de la OTAN cuya integridad territorial se ve amenazada… por un cada vez más chaplinesco Donald Trump, presidente de EEUU, también miembro de la OTAN, cuyas similitudes con “El gran dictador” son cada vez más insoslayables.

Resulta evidente que la administración libertaria perderá algunos apoyos en estos días. Y, aunque las motivaciones centrales de la decisión pasen por otro lado, tampoco podemos olvidar que el parlamento europeo, donde está representado todo el arco político, acaba de meter en el freezer el tan mentado acuerdo comercial con el Mercosur, que Milei celebró como un gol propio en una final.

A veces, lo único que se puede hacer es elegir qué perder y qué preservar. ¿Jugarse entero al casi octogenario Trump, que en menos de un año puede convertirse en pato rengo, con su libertad ambulatoria como prioridad excluyente? ¿Hacer equilibrio con Europa, que a pesar de su política de agrosubsidios va a necesitar alimentos? ¿Rezarle a dios (o a Hashem) para que los chinos no se enojen?

Claro que esas decisiones requieren de una frialdad y un coraje que hasta acá no se vio. Si cuando se agranda Milei se parece mucho a Johny “Gastada” Parnasso, el cantante que compone hits a partir de los defectos físicos de la gente, cuando está en problemas la referencia es “el confort del idiota”, ese que bajo el grito de guerra “soy tan débil y no puedo con el mundo” se declaraba incapaz de hacerse un café o destrabar una impresora.

Por Marcial Amiel / P12

Te puede interesar
Lo más visto

Suscríbete al newsletter para recibir periódicamente las novedades en tu email