Contra el algoritmo del aislamiento: articular el fragmento

Actualidad20/01/2026
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La sentencia de Margaret Thatcher, «La sociedad no existe, solo hay individuos», no fue solo una descripción de su época, sino una profecía que el siglo XXI se ha encargado de cumplir con precisión quirúrgica. Hoy, la caída de las grandes narrativas y el colapso de la representación política tradicional han dejado un vacío que el neoliberalismo supo capitalizar con la lógica del fragmento y, en los últimos años, con el algoritmo.

Habitamos un presente marcado por la atomización social y el auge de algoritmos de nicho que parecen no tener techo. En este escenario de «muerte de lo social», la pregunta por lo común se vuelve urgente: ¿Cómo construir una voluntad colectiva cuando las identidades están tan dispersas? Es aquí donde la categoría de articulación, desarrollada por Ernesto Laclau, emerge, no solo como una herramienta teórica, sino como la única salida política posible.

La maquinaria de la fragmentación

Este desierto de lo social se sostiene sobre un trípode que clausura la posibilidad de lo colectivo:

1-La política como estado de excepción hacia los individuos: el poder hoy opera de forma soberana sobre el individuo atomizado. El Ejecutivo asume una soberanía de facto que institucionaliza el estado de excepción. Al suspender la norma jurídica común, la gestión pública queda subordinada exclusivamente a las dinámicas del mercado, convirtiendo la excepcionalidad en la nueva regla de gobierno. En este marco los problemas estructurales se traducen en fallas individuales. Si el éxito es un mérito propio, el sufrimiento —la pobreza, el desempleo o la precariedad— se vive como una patología privada. Se produce así una despolitización de la angustia social: el sujeto no busca una solución colectiva, sino que se encierra en su propia «falla», mientras el poder soberano compra la inacción y algunos votos del Congreso.

2-El solipsismo algorítmico: ya no existe un espacio público compartido, sino feeds personalizados en Instagram o Twitter (X). El algoritmo segmenta la realidad para reforzar nuestros sesgos, creando burbujas donde el otro solo aparece si es un espejo de nosotros mismos.

3-La clausura de las identidades: en lugar de puentes, el sistema construye muros de «pureza» identitaria. Cada grupo se encierra en su propia especificidad, viviendo su diferencia como una isla absoluta. Esta fragmentación no es casual, al encapsularnos en luchas aisladas y autorreferenciales, se impide la construcción de una frontera política clara. Nos agotamos en conflictos horizontales, internas, peleas entre fragmentos mientras el poder real, ese soberano que gestiona la excepción, gana terreno. Sin un «ellos» compartido que nos unifique, el «nosotros» es imposible; solo queda una dispersión de minorías que el sistema administra sin resistencia.

La respuesta de Laclau: suturar lo roto

Frente a este diagnóstico, la categoría de ‘articulación’ propuesta por Laclau opera mediante dos movimientos cuya urgencia es hoy ineludible. Para el autor, el populismo no es una mera herramienta, sino la lógica política capaz de suturar la herida de la fragmentación social.

Ante la fragmentación «thatcheriana», la política debe lograr la cadena de equivalencias, esto es, que las demandas insatisfechas (el jubilado que no paga sus remedios, el joven sin futuro laboral, la comunidad sin agua) dejen de verse como problemas aislados. La articulación ocurre cuando estos fragmentos descubren que su identidad está ligada a la suerte del otro frente a un poder que los excluye, cuando se reconoce que, por encima de las diferencias, existe una equivalencia en la exclusión.

Entonces la producción del Pueblo es un salto cualitativo, un momento de ruptura. Es el instante en que la suma de fragmentos se convierte en una voluntad colectiva. Esto se logra mediante un significante vacío —un símbolo, un nombre o una idea— que, al ser lo suficientemente amplio, permite que los individuos vuelvan a sentirse parte de una totalidad y proyecten en él un horizonte de transformación.

Si el algoritmo es la tecnología que perfecciona la inexistencia de la sociedad, la articulación de Laclau es la tecnología política capaz de devolverle al sujeto su potencia. Afirmamos con insistencia que la representación política está rota. Sin embargo, no se trata de representar algo que ya está allí, sino de tejer lo que el sistema desgarra.

Ante tanta fragmentación, el desafío es artesanal: convertir el malestar actual, y a los individuos que sufren aisladamente, en la fuerza de un pueblo.

 

Por Nota Merlin * Psicoanalista, magister en Ciencias Políticas. / La Tecl@ Eñe

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