







Presx políticx es alguien que está privado de su libertad por motivos políticos, no por haber cometido un delito probado a través de algún artificio legal y pruebas construidas ad hoc. Cuando se precipitan artificios legales o pruebas construidas ad hoc se incurre en prevaricación, o sea, un delito que consiste en que una autoridad, un juez o un funcionario dicta una resolución injusta a sabiendas. Esta violación del derecho es una artimaña para evitar que la condena de tal o cual preso político sea interpretada, tanto a nivel nacional como internacional, como una violación a los derechos humanos y como la persecución de un disidente político.
En general, “preso político” es alguien que integra orgánicamente un partido, un movimiento, un sindicato, un movimiento social, un movimiento de liberación o alguna otra agrupación militante. Un preso o una presa política es víctima de una violación de la libertad de expresión o de la libertad de pensamiento o de la libertad de acción política. Si te detienen por tus ideas, por desafiar la autoridad del Estado, por tus opiniones, por creencias o actividad política sos un preso político. Si pensamos en Italia, un preso político emblemático, durante la experiencia del fascismo arqueológico, fue Antonio Gramsci. Horacio González solía decir que Gramsci fue un preso político personal de Mussolini. Gramsci fue arrestado y encarcelado no por un delito común, sino por sus ideas políticas y su actividad militante contra el fascismo. Era un dirigente comunista. De hecho, fundó del Partido Comunista de Italia en 1921. Se opuso al fascismo en tanto militante y también en tanto diputado. Y puesto que el fascismo es un poder que no tolera la disidencia, para callarlo, lo metió preso. Lo sometieron a un juicio político y durante esa puesta en escena el fiscal pronunció una frase emblemática. Tan famosa que mi vieja se la acuerda de memoria hasta el día de hoy. Dice así: «Per vent’anni dobbiamo impedire a questo cervello di funzionare». O sea: “Por veinte años debemos impedir que este cerebro funcione”. El propósito es nítido: silenciar su pensamiento, sus ideas disidentes y su posicionamiento político. Este es un propósito inherente al concepto de preso o presa política. A lo largo de la historia otrxs presxs políticxs destacados fueron: Gandhi, defensor de los métodos de la no violencia y la desobediencia civil. El imperio británico lo arrestó y encarceló en varias ocasiones durante la lucha por la independencia de la India. Mandela es otro: un activista símbolo de la lucha contra el apartheid. Fidel fue encarcelado en 1953 luego del asalto al cuartel Moncada y liberado en 1955 con motivo de una amnistía. Repaso estos nombres porque los ojos sin historia no ven nada.
Una opositora política condenada a través de un juicio con pruebas amañadas o falaces también es una presa política. En la Argentina, Milagro Sala lo es. Para trazar una suerte de vidas paralelas: Gramsci estuvo preso entre 1926 y 1937, en condiciones carcelarias muy duras, que comprometieron gravemente su salud hasta su muerte, que aconteció poco después de su liberación. Sus peripecias carcelarias podemos verlas en una película de Lino Del Fra, que se llama Antonio Gramsci, giorni del carcere (1977). Milagro está encarcelada desde enero de 2016, desde el momento de la asunción de Mauricio Macri a la presidencia. Estamos hablando de una prisión de una década, que atravesó tres gobiernos y que parece no tener fin. Tristeza não tem fim, como dicen en Brasil. Y eso que no tiene fin nos habla de la temporalidad carcelaria larga, que también es un factor que hace al concepto de “presx políticx”. El período de tiempo durante el cual se detiene a la persona suele ser excesivamente largo a causa de cuestiones políticas, es decir, de intereses de quienes llevan a cabo la detención. Y si hablamos de la Argentina, otra opositora política condenada a través de un juicio con pruebas amañadas es Cristina. Los juicios que pesan sobre su cabeza se hicieron contra la emancipación y contra la redistribución de la riqueza. Y las “pruebas” acumuladas en los tribunales judiciales y en los tribunales de la mediaticidad monopólica, no convencieron de ninguna manera a una parte conspicua de la sociedad nacional y sobre todo a su fracción de clase, trabajadora.
«Para perpetuarse a sí misma, toda opresión debe corromper o deformar las variadas fuentes de poder intrínsecas a la cultura de lxs oprimidxs de las que obtienen energía para el cambio”, afirma Audre Lorde en “Usos de lo erótico” («Cuando me atreva a ser poderosa», 2007). Algunas de nuestras fuentes se sintetizan en la serie de nombres recién enhebrada.
Respecto del caso venezolano, el jueves 8 de enero el presidente de la Asamblea Nacional, el diputado Jorge Rodríguez, hermano de la presidenta interina, Delcy Rodríguez, dio una conferencia de prensa. Allí explicó que está siendo excarcelado un grupo importante de prisioneros, tanto venezolanos como extranjeros. Esta medida fue una decisión unilateral del Ejecutivo Nacional. A nivel nacional fue acompañada por las instituciones políticas, los partidos políticos y las organizaciones con fines políticos que acatan lo que establece la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Internacionalmente, por Lula, el ex presidente de España, José Luis Zapatero, y por el gobierno de Qatar. El propósito de la medida -según Jorge Rodríguez- es consolidar la paz, la convivencia y la unión nacional. ¿Qué desciende de esto? Que en la República Bolivariana hay políticos presos, esto es: detenidos en zonas militares sospechados de espionaje, que decían estar haciendo turismo, personas que cometieron actos de violencia o vandalismo durante diferentes episodios de la vida política revolucionaria: por ejemplo, durante las guarimbas (barricadas callejeras o cortes de carreteras promovidas por los sectores radicales de la oposición antichavista), o actos violentos que se dieron luego de las últimas elecciones presidenciales. En las elecciones de 2024, fueron asesinados militantes chavistas y el gobierno encarceló a los perpetradores de esas violencias. Entonces, si el derecho a perseguir penalmente se aplica respetando el Estado de derecho, tal como sucede en Venezuela, la definición de “preso político” se utiliza para cuestionar la legitimidad del poder revolucionario. Y en este tiempo, en que el poder revolucionario atraviesa un momento crítico por el secuestro de Maduro y de Cilia Flores, quiero recordar esto: siempre hay algo que salvar: en lo más profundo de las derrotas, en los instantes de zozobra colectiva y en los tiempos de los sismos históricos.
La nota contine lenguaje inclusivo por decisión del autor.
Por el genial Rocco Carbone * Filósofo y analista político. CONICET. / La Tecla Eñe























