


Preocupa el estado del sendero a Laguna Esmeralda ante la masiva afluencia turística
Actualidad - Provincial14/01/2026




Laguna Esmeralda se consolidó en los últimos años como el paseo natural más concurrido de Ushuaia. Durante el verano, miles de personas transitan a diario el sendero, atraídas por la belleza del paisaje y la difusión constante en redes sociales y circuitos turísticos. Sin embargo, ese aumento sostenido de visitantes no estuvo acompañado por políticas de ordenamiento ni inversiones acordes, y hoy el impacto negativo es evidente.
El primer síntoma aparece incluso antes de comenzar la caminata. La ausencia de un espacio formal para estacionar provoca que decenas de vehículos se ubiquen sobre la banquina de la Ruta Nacional N°3, una práctica riesgosa y prohibida que se repite sin controles efectivos. El acceso, lejos de ofrecer una bienvenida organizada, se transformó en un punto crítico desde el punto de vista vial y de seguridad.
A lo largo del recorrido, las carencias se multiplican. No hay sanitarios disponibles, ni señalización suficiente, ni conectividad. Tampoco existe una presencia permanente de personal que oriente, controle o asista a los caminantes, en un sendero que es utilizado tanto por personas con experiencia como por turistas ocasionales, familias y visitantes extranjeros.
En paralelo, se desarrollan actividades comerciales sin regulación visible: venta informal de alimentos y bebidas, alquiler de indumentaria y equipos, y prestación de servicios turísticos al margen de cualquier esquema de habilitación. Estas prácticas, lejos de ordenarse, se instalaron como parte del paisaje cotidiano.
Pese a ser el sendero más transitado de la temporada estival, Laguna Esmeralda no cuenta con un plan integral que contemple accesos, transporte, servicios básicos, seguridad y preservación ambiental. El crecimiento fue espontáneo, impulsado por su atractivo natural, pero hoy ese mismo éxito expone un escenario de saturación que amenaza tanto la experiencia de quienes la visitan como la conservación del entorno.
El deterioro ya no es una advertencia a futuro: es una realidad visible que plantea la necesidad urgente de una gestión responsable para proteger uno de los principales íconos naturales de Ushuaia.
























