







En el Senado los libertarios comenzaron una nueva etapa. Con el recambio legislativo, el gobierno quiere hacer valer el triunfo del 26 de octubre y ganar el control de una Cámara que se transformó en un territorio adverso. La representación mínima, la inexperiencia de la tropa libertaria y el cortocircuito permanente entre la Casa Rosada y Victoria Villarruel alimentaron un clima corrosivo que dejó al gobierno contra las cuerdas a lo largo de su segundo año de gestión y le propinó una decena de derrotas parlamentarias. La jura de 23 de los 24 senadores electos -con Lorena Villaverde afuera por la impugnación vinculada al narcotráfico- mostró desde el primer minuto que la nueva fase no será pacífica. Patricia Bullrich y Karina Milei marcaron territorio y enviaron un mensaje directo a la presidenta del cuerpo: el cerco que el gobierno le impuso a la vice ahora lo tiene dentro de su propia casa. En tan solo cuarenta y cinco minutos, la ceremonia condensó un cruce directo entre la ministra saliente enojada por el exceso de invitados de los senadores y un gesto autoritario de Villarruel que le prohibió la palabra. La aparición intempestiva de Karina Milei tensó aún más la escena e incluyó una disputa por los palcos que el Senado demoró en entregar a los funcionarios su confianza. La impugnada Villaverde entró al recinto y se retiró para evitar que su presencia desatara un escándalo mayor. Su título volverá a comisión y su futuro al interior del Senado es una moneda en el aire.
El Senado que viene no será solo un campo de batalla con la oposición para imponer las reformas que exige la Casa Blanca sino también un ring interno donde el oficialismo medirá fuerzas. Así quedó demostrado este viernes en la sesión de incorporación de los senadores que ingresarán a la Cámara el próximo diez de diciembre.
La sesión transcurrió sin sobresaltos, casi hasta el final gracias a un acuerdo palaciego. El jueves por la noche los jefes de bloque decidieron aplazar la jura de Lorena Villaverde para evitar ensuciar la jura. Si bien el oficialismo podría perder una senadora para el período de sesiones extraordinarias, la apuesta es esperar a que el recambio parlamentario y la nueva conformación de las comisiones le deje a los libertarios un escenario más amigable para discutir el pliego.
“Los dictámenes (como el que obstaculizó la aprobación del título) caen al finalizar las sesiones ordinarias” explicó un senador libertario a este diario. Es decir que el 30 de noviembre el trámite parlamentario volverá a foja cero. Una vez que la nueva comisión emita dictamen recién entonces se podría llevar al recinto. Durante el periodo extraordinario solo se discute la agenda que envía el Ejecutivo por lo que la asunción de la senadora impugnada por sus vínculos con Fred Machado y el ingreso de cocaína a los Estados Unidos deberá esperar. Villaverde ingresó al recinto a las 11 en punto con el resto de sus compañeros de bancada. Las miradas comenzaron a generar suspicacias. Su presencia duró poco minutos y fue el senador Atauche, exjefe de bloque, quien reconoció que “faltaban votos” y propuso que su pliego “vuelva a comisión”. Hubo algunos reproches por lo bajo a la nueva jefa de bloque, Patricia Bullrich, por no conseguir el número que destrabara la asunción. Para ese entonces Villaverde ya había traspasado una de las puertas que conducen al Salón Eva Perón.
La rionegrina volvió a descargarse en X: “Mi deber es someterme exclusivamente a la Constitución Nacional y a las normas que rigen el funcionamiento del Senado y en esto, la Constitución es clarísima y el reglamento también, no existe ninguna facultad, ni legal ni reglamentaria, que habilite a la Cámara a decidir discrecionalmente sobre la validez de mi jura. No me condenen ustedes, cuando la justicia no lo hizo” escribió cuando la sesión ya había culminado.
El oficialismo cree que un debate a fondo con una nueva composición podría cambiar la suerte de Villaverde. Sin embargo los tiempos corren y el oficialismo no puede dar ventajas. Si para la fecha en la que se busque la aprobación del Presupuesto la situación de Villaverde no se resolvió deberán pedirle la renuncia y en su lugar asumirá Enzo Fullone.
Primer round
El acuerdo entre los bloques fijó desde el jueves que no habría discursos políticos durante la jura. Se buscó que la ceremonia pasara lo más inadvertida posible y dentro de los márgenes institucionales. Pero el desembarco de Patricia Bullrich rompió cualquier intento de discreción. La ministra saliente mostró fastidio desde el inicio. Cuando terminó la jura de los 23 senadores, Bullrich se acercó su banca con la intención de hablar. Victoria Villarruel la frenó de inmediato. “No puedo permitir el uso de la palabra porque la sesión se desarrolló bajo un acuerdo entre todos los bloques”, afirmó, y levantó la sesión prohibiendole la palabra.
Bullrich caminó hacia el estrado, se plantó frente a la vicepresidenta y, a viva voz, le recriminó el “exceso de invitados” que llevaron algunos senadores -en especial una legisladora de Unión por la Patria- y las trabas en el reparto de los palcos para funcionarios de la Casa Rosada, entre ellos Karina Milei. El intercambio quedó fuera de la transmisión oficial, pero circuló con velocidad en las redes y marcó el tono que puede tomar la convivencia política entre ambas. El gobierno confía en que la llegada de Bullrich renovará el clima en el Senado y romperá la inercia derrotista que dominó el último año. Karina Milei fue una de las que más aplaudió la jura de la ministra saliente.
Los palcos
La jura de los senadores abrió otra disputa insólita: la batalla por los palcos, que en realidad expuso una puja más profunda y silenciosa entre Villarruel y Karina Milei. La hermana del Presidente desconfía de la vicepresidenta desde el primer día cuando leyó en los primeros movimientos de Villarruel gestos de autonomía política que podían opacar a su hermano. Ese recelo nunca se disolvió y marcó a fuego el aislamiento que sufrió la vicepresidenta al interior del gobierno.
Según reconstruyó este diario, Karina Milei decidió a último momento que asistiría a la sesión. Como la relación entre el Senado y la Casa Rosada está rota, transmitió su intención de participar a través de Patricia Bullrich. Para entonces, “ya estaba todo designado”, explicaron cerca de Villarruel. El palco presidencial estaba reservado para los gobernadores presentes: Rolando Figueroa, Gustavo Melella y Leandro Zdero. La vicepresidenta consideró una “falta de respeto institucional” que el pedido llegara por la vía de Bullrich y no por los canales formales. Recién a las 21 el mail de Presidencia ingresó al Senado, cuando el operativo ya estaba cerrado.
Karina Milei llegó acompañada por Manuel Adorni, Diego Santilli y Lule Menem. Los cuatro quedaron parados varios minutos mientras el personal del Senado buscaba un lugar. El personal de presidencia tampoco logró desplazar a los periodistas que ya ocupaban un sector. Al final, la familia del senador Alejandro Fitzgerald cedió su palco. Los funcionarios se vieron obligados a esperar en la Cámara donde la vicepresidenta por un rato hizo valer su propio poder. Al salir de la jura Bullrich defendió la presencia de los funcionarios: “Ayer hubo un debate respecto a funcionarios, pedimos la entrada de miembros del Ejecutivo y nos parece que es total y razonable así como vinieron gobernadores”.
La otra jura
En el momento de la jura, la vicepresidenta es la encargada de leer la fórmula elegida para asumir su cargo. Cuando llegó el turno de la peronista de Tierra del Fuego, Cristina López, Villarruel no pudo disimular la sorpresa cuando la nueva legisladora destacó en su promesa la defensa de las Islas Malvinas, pero sobre todo cuando elevó la voz para decir: “Juro por los 30.000, tres, cero, punto, cero, cero, cero, 30 mil desaparecidos... ¡Sí, juro!”.
La agenda
Para el periodo extraordinario el Senado tiene previsto trabajar en los cambios en la Ley de Glaciares y la Reforma Laboral. Ambos temas ingresarán por la Cámara alta. Si bien el gobierno tiene como objetivo principal el tratamiento del Presupuesto 2026 buscará que al menos estos dos temas comiencen a instalarse. La Casa Rosada quiere evitar filtraciones que empantanen el debate y apuesta a presentar la letra final de la reforma laboral el próximo 9 de diciembre. Astuta para ocupar un lugar en la agenda Bullrich adelantó una de sus próximas tareas desde el Senado: estudiar la transparencia de la AFA porque considera que hay muchas “irregularidades”. Sin duda una pizca de circo.
Por Paula Marussich / P12
























