Resetear la Argentina

Actualidad 04 de enero de 2024
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“Hoy estamos frente a un reseteo de la Argentina que va a abarcar a todos los sectores del país. Las distorsiones se han acumulado en las variables económicas e institucionales”, dijo el presidente del Grupo Techint, Paolo Rocca, en apoyo al discurso de asunción del Presidente Javier Milei en el marco del 22º Seminario ProPymes, realizado en el Centro de Convenciones de la Ciudad de Buenos Aires, evento que organiza anualmente la multinacional junto a toda su cadena de valor.

Lo que parecía una simple metáfora informática, fue el anuncio de la voluntad de un puñado de corporaciones económicas. Apagar la Argentina y encender un ciclo de desmantelamiento absoluto del Estado, para planificar la economía nacional al servicio de la rentabilidad corporativa.

Exactamente esa imposición de condiciones es la que termina por traducir el decreto sin necesidad ni urgencia del circunstancial Presidente Javier Milei y el proyecto de ley ómnibus enviado al Congreso.

Quienes dicen que gobierna Milei o Macri terminan de equivocar la parábola de quién es el que manda y quién el que ejecuta, en una ecuación de relación de fuerzas en lo político que exhibe con nitidez la fortaleza hegemónica de la voluntad de las grandes empresas al servicio del extranjero.

Cada artículo del DNU y la ley ómnibus fue escrito por un grupo económico, podríamos hasta ponerle nombre a cada uno de ellos.

La derogación de la ley de alquileres debería llevar estampado el nombre de Elzstain, la eliminación de la ley de abastecimiento habrá encontrado de escriba a los clientes de Funes de Rioja, la de góndola parece a la medida de las grandes corporaciones de la alimentación, locales y extranjeras. Mindlin, Manzano, Rocca y Eurnekián se frotan las manos con la oportunidad de la planificación energética.

La liberación del comercio exterior lleva el nombre de Cargill, a quien le redondean la pretensión económica dándole la AFIP a su ex gerenta de planificación fiscal, adalid de la subfacturación de exportaciones y la simulación de importaciones. 

La cría de Carlos Pedro Blaquier (a quien Dios tiene en la gloria y ojala retenga ahí por toda la eternidad) se esconden detrás de la derogación de las obligaciones que los ingenios azucareros tienen en materia de reproducción azucarera.

Los laboratorios, los pooles de siembra, los supermercadistas y todo aquel que ostenta un grupo económico para joder la vida al prójimo y apropiarse de sus ingresos tiene algún artículo con el que se le blinda la impunidad para seguir amasando fortunas a costa del sacrificio del pueblo argentino. 

El hombre de los termos

El hiperactivo embajador norteamericano Marc Stanley, en la última reunión de AmCham realizada en el tradicional Hotel Alvear el 9 de mayo de este año bajo la consigna “Protagonistas de la próxima Argentina” y con todos los pupitres ocupados por la mayoría de la clase política del país, propuso públicamente que Sergio Massa y Horacio Rodríguez Larreta se unan para gobernar los próximos años.

Stanley es un embajador de los que no esconden su vocación imperial, aprovecha su locuacidad para dialogar con todo el sistema político, al margen de qué rincón de la clase política habite.

Colaboró muchísimo para que estos dos candidatos multi-plataforma pudieran hegemonizar el escenario electoral de fin de año y, como plan B, promocionó a un candidato grotesco, más eficiente en instalar agenda colonial que con posibilidades electorales. Sin embargo, Milei se terminó imponiendo y el hombre de los termos logro hacer realidad el sueño de Braden.

Rápidamente armó una visita guiada a la metrópolis donde el nuevo Presidente argentino fue recibido por Jake Sullivan y Juan González, ya sin la camiseta de Tigre que acostumbrara a usar en sus visitas a la Argentina. Las reuniones fueron exitosas, a su regreso afloraron propuestas de gobernabilidad de casi todos los sectores políticos. Es así que pudo integrar en su gabinete a massistas, radicales, cambistas y cordobesistas. Bajo el poco original argumento de que si le va bien a Milei le va bien a la Argentina, pudo constituir un gabinete de unidad anti-nacional.

El nivel de subordinación y vasallaje de gran parte de la clase política es escandaloso y la distancia abismal con nuestro pueblo es lo que ha puesto a esta democracia de rodillas.

Enfrentar este nuevo estatuto legal del coloniaje va a ser una tarea compleja, paciente y resistente. Venimos de la claudicación del gobierno del Frente de Todes, sin conducción política y sin salida política en el medio de una profunda crisis del sistema en pleno desarrollo.

En 2016, a pesar de las persecuciones y encarcelamientos a nuestros dirigentes, teníamos un acumulado político reciente que nos permitió hasta por inercia restaurar un gobierno popular en tan solo cuatro años. Lo que se hizo después con esa esperanza popular fue lo que nos trasportó a la realidad actual.

Fernando Gómez lo sintetizo en este párrafo escrito hace un mes atrás: “El arte de confundir el sufragio con democracia, rosca con política, posibilismo con pragmatismo, cobardía con relación de fuerza, ha terminado por desertificar ideológicamente el proyecto político llamado a representar los intereses de la mayoría”.

Es probable que la aplicación de este experimento de las corporaciones vaya horadando la legitimidad de este gobierno día a día, pero también es muy probable que ese desagregado de legitimidad no se traduzca en capitalización política del peronismo. No sé si Dios, pero la Patria y el pueblo siempre te demandan cuando se hacen tantas cagadas. Habrá que contribuir al surgimiento de nuevos liderazgos, de nuevas metodologías de lucha y resistencias.

 

¿Y mañana qué hacemos?
La movilización del miércoles pasado a Tribunales que protagonizamos los actores gremiales, políticos y sociales es el único presupuesto que tenemos para frenar el estatuto legal del coloniaje. ¿Alcanza? No lo sé, creo que hoy no, pero quizás mañana sí.

Esa unidad que se empieza a forjar en la calle hay que cuidarla y alimentarla como el tesoro más preciado, pese a las contradicciones que podamos tener. Como un aporte, creo que el eje principal del enfrentamiento al DNU y la ley ómnibus debería ser el contenido y no las formas. No me parece mal explorar los juzgados, creo que hay que hacerlo, pero sepamos que por más que revoleemos amparos a diestra y siniestra, esta Justicia esta colonizada por los redactores de ese DNU y esa ley ómnibus.

Tampoco quiero ilusionarme con el Congreso Nacional, un lugar donde habitan muy buenos compañeros pero también los estrategas tiempistas, los dirigentes silenciosos y los que colaboraron los últimos cuatro años para tener una institucionalidad raquítica y desprestigiada. Sabemos que esos buenos compañeros harán lo imposible para frenar la fujimorización de la Argentina. Muchos estaremos el 24 de enero en la Plaza Congreso acompañando el paro y la movilización de la CGT con la absoluta convicción de que solo el pueblo en la calle decide el destino de esta Patria.

Creo que debemos animarnos a discutir un modelo de país sin límites posibilistas. Creo que debemos darnos una profunda discusión ideológica en la militancia. Creo que tenemos que discutir una democracia popular, un nuevo sistema de representación de nuestro pueblo. Creo que tenemos que discutir un Estado como motor del desarrollo nacional, que tenemos que discutir nuestro comercio exterior, la nacionalización de los recursos estratégicos, la soberanía nacional y regional. Creo que tenemos que discutir comunidad y que lo tenemos que hacer de abajo hacia arriba, construyendo poder real desde el territorio. Creo que hay mucho por discutir y mucho por hacer pero fundamentalmente creo que la síntesis de todas esas discusiones pendientes nos van a permitir resetear la Argentina en modo popular.

Por Alejandro Coco Garfagnini / El Cohete

 

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